E
eunice salvaje
Invitado
Lo arropé con mi cabellera
para que no tuviera frío
lo acaricié para que no llorara,
mientras tanto se disolvió,
se hizo polvo,
cómo ese polvillo de colores
que sale de las alas de los insectos;
cayó suavemente en el agua
donde embebía mi cabello
y se hizo luminoso,
tal cómo vino se fue
y yo quise recogerlo,
juntarlo de nuevo,
pero ya era demasiado tarde
se había difuminado
ya nada podría materializarlo,
mi cabellera blanca
había transfundido en él
algo inimaginable: Mi paraíso...
Uno que no era de carne.
Y me dejó allí callada,
con la melena de colores
y un poco de su vida en mis manos.
Eunice Salvaje
para que no tuviera frío
lo acaricié para que no llorara,
mientras tanto se disolvió,
se hizo polvo,
cómo ese polvillo de colores
que sale de las alas de los insectos;
cayó suavemente en el agua
donde embebía mi cabello
y se hizo luminoso,
tal cómo vino se fue
y yo quise recogerlo,
juntarlo de nuevo,
pero ya era demasiado tarde
se había difuminado
ya nada podría materializarlo,
mi cabellera blanca
había transfundido en él
algo inimaginable: Mi paraíso...
Uno que no era de carne.
Y me dejó allí callada,
con la melena de colores
y un poco de su vida en mis manos.
Eunice Salvaje
Poema antiguo recomendado.