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Café Extravagante Ville Valo.

Tema en 'Salón de Poetas y Prosistas' comenzado por Principe Negro, 28 de Septiembre de 2007. Respuestas: 14058 | Visitas: 792906

  1. Ligia Calderón Romero

    Ligia Calderón Romero Moderadora foro: Una imagen, un poema Miembro del Equipo

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    Saludos Gustavo y familia, saludos princesa,
    tan necesaria esa paz, oremos sin importar el credo

    ....................................................................................
    Cuando la desolación llega
    hay siempre un verde vivo
    tiñendo pensamientos y deseos
    "después de la tormenta viene
    la calma"...

    Saludos cafeteros...
     
    #12841
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  2. Claridad

    Claridad Poeta que considera el portal su segunda casa

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  3. Gustavo Cervantes

    Gustavo Cervantes un loco en la cornisa

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    No somos nada...y somos todo.
    somos barro mezclado con arcilla.
    nieve pura o negro lodo,
    en roca nos convierte la vida...
    y la muerte nos transforma en polvo.

    La palabra se hizo verbo...y profecía.
    habría rumores de angeles caidos,
    aguas claras con escarlata teñidas,
    oscuridad en el cielo...y cenizas.

    se tornarían las risas en ceño,
    en pricipio de llantos y lamentos...
    y pasarán mil años turbulentos
    mil años...antes del gran día.

    El agua se conviere en vino...y las lágrimas en sangre.

    saludos amigos del café...

    Hola Clari...

    Hola princesa...Hola Ligia.
     
    #12843
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  4. Ligia Calderón Romero

    Ligia Calderón Romero Moderadora foro: Una imagen, un poema Miembro del Equipo

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    Saludos Gustavo y familia

    --------------------------------------------------------

    ¡Matías! Hace frío. Ha cesado el viento, pero las lluvias siguen provocando estragos. Si vienes a casa, revisa los diarios que muchas carreteras están cerradas y otras tienen paso moderado. Nuestro pueblo, Matías está incomunicado. tres familias lo han perdido todo y muchos han sido evacuados. Otros, han sido alcanzados por la furia de Nate y ya no están para contarlo, este es el panorama en estos días...
     
    #12844
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  5. Gustavo Cervantes

    Gustavo Cervantes un loco en la cornisa

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    Hola Ligia...
    la historia se repite, las profecias se cumplen.

    Otoño es mi estación favorita... y también de otra que conocí acá, pero que ya no llega,
    Me dijo hoy que puedo ser parte de su vida, que puedo admirar su luna,
    esa luna hermosa de Octubre, me dijo que los ojos ven y cuando miran se cierran,
    por que la mente la transporta a otros tiempos cuando la luna era
    igual de brillante pero mas cercana. y menos fria...a veces la extraño,






    El amor y el dolor en una sola estrofa.
    la luz que ilumina la inspiración del poeta,
    la musa que se refleja en las sábanas humedas
    y se evapora como el humo que se disipa y sonrie.

    El otoño llegó y las estrellas titilan en la oscuridad del cielo,
    y en las horas que se alargan y en la música que arrulla se entumece el alma
    flotando entre las letras y la melodía de dulce poesía...gracias mundo poesía.

    saludos amables
     
    #12845
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  6. Gustavo Cervantes

    Gustavo Cervantes un loco en la cornisa

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  7. Gustavo Cervantes

    Gustavo Cervantes un loco en la cornisa

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    Desperté con tu recuerdo entre mis sábanas
    y sonreí...evoqué la dulzura de tus labios,
    y la chispa de tus ojos color miel.
    Y al buscar tu presencia aquí en mi almohada
    y la escencia del perfume de tu piel,
    en ese sueño de mi madrugada...
    Por un breve momento fuí feliz.
     
    #12847
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  8. Gustavo Cervantes

    Gustavo Cervantes un loco en la cornisa

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    Primero fue Azul y su alegria...
    Diez años han pasado ya desde aquel otoño.
    Diez años cantandole a la primavera con la esperanza de un futuro

    El azul se me tornó en Celeste y con su risa travieza me inspiró a cantarle a la vida,
    a esa vida que solo duró tres meses en el vientre...pero en el gran día se hará eterna.
    En el otoño de hace muchas lunas el amor que parecía fugaz en un espacio cideral,
    se hizo excelente, y dos almas que viajaban paralelas, plugieron unir sus voces y sus cantos.
    Ante Dios tomados de la mano, inclinaron sus rostros reverentes, agradecidos por el universo todo,
    y de su pecho ardiente, la palabra plegaria iluminó el cielo infinito y allende los ángeles contentos
    danzaron al arpegio de sus arpas... Y Dios misericordioso siempre, dijo, vayan y llenen la tierra
    y sean felices, levantó su diestra y nos bendijo...en tres inviernos completos de labrar la tierra
    la obra de su mano fue fertil y Johny volvió a iluiminar el cielo infinito con su primer llanto.
    y con esa primer mirada, con esa primer sonrisa, nos dijo gracias...por la vida.

    Diez años de regresar a diario a mundo poesia...buscando, no lo perdido ni lo pasado...
    sino buscando la palabra nueva para mi vocabulario, que a su tiempo le heredaré
    a mis dos hermosos hijos del Valo.

    gracias MUNDO POESIA por el amor.
     
    #12848
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  9. Gustavo Cervantes

    Gustavo Cervantes un loco en la cornisa

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    La palabra canta dulce melodía,
    aun cuando el cielo se despedaza y nos inunda,
    aun cuando la tierra llora y se queja...y nos derrumba.

    En medio del fuego atroz y las llamas que lanzan las metrallas,
    el justo en su corazón se persigna y levanta la mirada.
    su voz débil recita una plegaria y reza...
    Has Oh!. Padre que pase este trago amargo...
    perdona y pasa por alto nuestras fallas,
    Hagase Oh!. señor tu voluntad y no la nuestra.


    Saludos amables mundo...
     
    #12849
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  10. Ligia Calderón Romero

    Ligia Calderón Romero Moderadora foro: Una imagen, un poema Miembro del Equipo

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    Ryunosuke Akutagawa
    (Tokio, 1892-1927) Escritor japonés de corta pero notable trayectoria. Es uno de los autores más problemáticos, inquietantes, versátiles y discutidos de nuestro siglo, no sólo bien conocido en Japón, sino también en Occidente, en donde hace ya bastante tiempo que muchas de sus obras han sido traducidas y presentadas al público. Escribió más de cien relatos, además de ensayos críticos, crónicas de viajes y páginas de diario, obras indispensables para reconstruir su compleja personalidad, tanto de hombre como de escritor.

    [​IMG]
    Pueden leer más en este link
    https://www.biografiasyvidas.com/biografia/a/akutagawa.htm


    En el bosque (cuento)
    Ryunosuke Akutagawa


    Declaración del leñador interrogado por el oficial de investigaciones de la Kebushi

    -Yo confirmo, señor oficial, mi declaración. Fui yo el que descubrió el cadáver. Esta mañana, como lo hago siempre, fui al otro lado de la montaña para hachar abetos. El cadáver estaba en un bosque al pie de la montaña. ¿El lugar exacto? A cuatro o cinco cho, me parece, del camino del apeadero de Yamashina. Es un paraje silvestre, donde crecen el bambú y algunas coníferas raquíticas.

    El muerto estaba tirado de espaldas. Vestía ropa de cazador de color celeste y llevaba un eboshi de color gris, al estilo de la capital. Sólo se veía una herida en el cuerpo, pero era una herida profunda en la parte superior del pecho. Las hojas secas de bambú caídas en su alrededor estaban como teñidas de suho. No, ya no corría sangre de la herida, cuyos bordes parecían secos y sobre la cual, bien lo recuerdo, estaba tan agarrado un gran tábano que ni siquiera escuchó que yo me acercaba.

    ¿Si encontré una espada o algo ajeno? No. Absolutamente nada. Solamente encontré, al pie de un abeto vecino, una cuerda, y también un peine. Eso es todo lo que encontré alrededor, pero las hierbas y las hojas muertas de bambú estaban holladas en todos los sentidos; la victima, antes de ser asesinada, debió oponer fuerte resistencia. ¿Si no observé un caballo? No, señor oficial. No es ese un lugar al que pueda llegar un caballo. Una infranqueable espesura separa ese paraje de la carretera.



    Declaración del monje budista interrogado por el mismo oficial

    -Puedo asegurarle, señor oficial, que yo había visto ayer al que encontraron muerto hoy. Sí, fue hacia el mediodía, según creo; a mitad de camino entre Sekiyama y Yamashina. Él marchaba en dirección a Sekiyama, acompañado por una mujer montada a caballo. La mujer estaba velada, de manera que no pude distinguir su rostro. Me fijé solamente en su kimono, que era de color violeta. En cuanto al caballo, me parece que era un alazán con las crines cortadas. ¿Las medidas? Tal vez cuatro shaku cuatro sun, me parece; soy un religioso y no entiendo mucho de ese asunto. ¿El hombre? Iba bien armado. Portaba sable, arco y flechas. Sí, recuerdo más que nada esa aljaba laqueada de negro donde llevaba una veintena de flechas, la recuerdo muy bien.

    ¿Cómo podía adivinar yo el destino que le esperaba? En verdad la vida humana es como el rocío o como un relámpago… Lo lamento… no encuentro palabras para expresarlo…



    Declaración del soplón interrogado por el mismo oficial

    -¿El hombre al que agarré? Es el famoso bandolero llamado Tajomaru, sin duda. Pero cuando lo apresé estaba caído sobre el puente de Awataguchi, gimiendo. Parecía haber caído del caballo. ¿La hora? Hacia la primera del Kong, ayer al caer la noche. La otra vez, cuando se me escapó por poco, llevaba puesto el mismo kimono azul y el mismo sable largo. Esta vez, señor oficial, como usted pudo comprobar, llevaba también arco y flechas. ¿Que la víctima tenía las mismas armas? Entonces no hay dudas. Tajomaru es el asesino. Porque el arco enfundado en cuero, la aljaba laqueada en negro, diecisiete flechas con plumas de halcón, todo lo tenía con él. También el caballo era, como usted dijo, un alazán con las crines cortadas. Ser atrapado gracias a este animal era su destino. Con sus largas riendas arrastrándose, el caballo estaba mordisqueando hierbas cerca del puente de piedra, en el borde de la carretera.

    De todos los ladrones que rondan por los caminos de la capital, este Tajomaru es conocido como el más mujeriego. En el otoño del año pasado fueron halladas muertas en la capilla de Pindola del templo Toribe, una dama que venía en peregrinación y la joven sirvienta que la acompañaba. Los rumores atribuyeron ese crimen a Tajomaru. Si es él quien mató a este hombre, es fácil suponer qué hizo de la mujer que venía a caballo. No quiero entrometerme donde no me corresponde, señor oficial, pero este aspecto merece ser aclarado.



    Declaración de una anciana interrogada por el mismo oficial

    -Sí, es el cadáver de mi yerno. Él no era de la capital; era funcionario del gobierno de la provincia de Wakasa. Se llamaba Takehito Kanazawa. Tenía veintiséis años. No. Era un hombre de buen carácter, no podía tener enemigos.

    ¿Mi hija? Se llama Masago. Tiene diecinueve años. Es una muchacha valiente, tan intrépida como un hombre. No conoció a otro hombre que a Takehiro. Tiene cutis moreno y un lunar cerca del ángulo externo del ojo izquierdo. Su rostro es pequeño y ovalado.

    Takehiro había partido ayer con mi hija hacia Wakasa. ¡Quién iba a imaginar que lo esperaba este destino! ¿Dónde está mi hija? Debo resignarme a aceptar la suerte corrida por su marido, pero no puedo evitar sentirme inquieta por la de ella. Se lo suplica una pobre anciana, señor oficial: investigue, se lo ruego, qué fue de mi hija, aunque tenga que arrancar hierba por hierba para encontrarla. Y ese bandolero… ¿Cómo se llama? ¡Ah, sí, Tajomaru! ¡Lo odio! No solamente mató a mi yerno, sino que… (Los sollozos ahogaron sus palabras.)



    Confesión de Tajomaru

    Sí, yo maté a ese hombre. Pero no a la mujer. ¿Que dónde está ella entonces? Yo no sé nada. ¿Qué quieren de mí? ¡Escuchen! Ustedes no podrían arrancarme por medio de torturas, por muy atroces que fueran, lo que ignoro. Y como nada tengo que perder, nada oculto.

    Ayer, pasado el mediodía, encontré a la pareja. El velo agitado por un golpe de viento descubrió el rostro de la mujer. Sí, sólo por un instante… Un segundo después ya no lo veía. La brevedad de esta visión fue causa, tal vez, de que esa cara me pareciese tan hermosa como la de Bosatsu. Repentinamente decidí apoderarme de la mujer, aunque tuviese que matar a su acompañante.

    ¿Qué? Matar a un hombre no es cosa tan importante como ustedes creen. El rapto de una mujer implica necesariamente la muerte de su compañero. Yo solamente mato mediante el sable que llevo en mi cintura, mientras ustedes matan por medio del poder, del dinero y hasta de una palabra aparentemente benévola. Cuando matan ustedes, la sangre no corre, la víctima continúa viviendo. ¡Pero no la han matado menos! Desde el punto de vista de la gravedad de la falta me pregunto quién es más criminal. (Sonrisa irónica.)

    Pero mucho mejor es tener a la mujer sin matar a hombre. Mi humor del momento me indujo a tratar de hacerme de la mujer sin atentar, en lo posible, contra la vida del hombre. Sin embargo, como no podía hacerlo en el concurrido camino a Yamashina, me arreglé para llevar a la pareja a la montaña.

    Resultó muy fácil. Haciéndome pasar por otro viajero, les conté que allá, en la montaña, había una vieja tumba, y que en ella yo había descubierto gran cantidad de espejos y de sables. Para ocultarlos de la mirada de los envidiosos los había enterrado en un bosque al pie de la montaña. Yo buscaba a un comprador para ese tesoro, que ofrecía a precio vil. El hombre se interesó visiblemente por la historia… Luego… ¡Es terrible la avaricia! Antes de media hora, la pareja había tomado conmigo el camino de la montaña.

    Cuando llegamos ante el bosque, dije a la pareja que los tesoros estaban enterrados allá, y les pedí que me siguieran para verlos. Enceguecido por la codicia, el hombre no encontró motivos para dudar, mientras la mujer prefirió esperar montada en el caballo. Comprendí muy bien su reacción ante la cerrada espesura; era precisamente la actitud que yo esperaba. De modo que, dejando sola a la mujer, penetré en el bosque seguido por el hombre.

    Al comienzo, sólo había bambúes. Después de marchar durante un rato, llegamos a un pequeño claro junto al cual se alzaban unos abetos… Era el lugar ideal para poner en práctica mi plan. Abriéndome paso entre la maleza, lo engañé diciéndole con aire sincero que los tesoros estaban bajo esos abetos. El hombre se dirigió sin vacilar un instante hacia esos árboles enclenques. Los bambúes iban raleando, y llegamos al pequeño claro. Y apenas llegamos, me lancé sobre él y lo derribé. Era un hombre armado y parecía robusto, pero no esperaba ser atacado. En un abrir y cerrar de ojos estuvo atado al pie de un abeto. ¿La cuerda? Soy ladrón, siempre llevo una atada a mi cintura, para saltar un cerco, o cosas por el estilo. Para impedirle gritar, tuve que llenarle la boca de hojas secas de bambú.

    Cuando lo tuve bien atado, regresé en busca de la mujer, y le dije que viniera conmigo, con el pretexto de que su marido había sufrido un ataque de alguna enfermedad. De más está decir que me creyó. Se desembarazó de su ichimegasa y se internó en el bosque tomada de mi mano. Pero cuando advirtió al hombre atado al pie del abeto, extrajo un puñal que había escondido, no sé cuándo, entre su ropa. Nunca vi una mujer tan intrépida. La menor distracción me habría costado la vida; me hubiera clavado el puñal en el vientre. Aun reaccionando con presteza fue difícil para mí eludir tan furioso ataque. Pero por algo soy el famoso Tajomaru: conseguí desarmarla, sin tener que usar mi arma. Y desarmada, por inflexible que se haya mostrado, nada podía hacer. Obtuve lo que quería sin cometer un asesinato.

    Sí, sin cometer un asesinato, yo no tenía motivo alguno para matar a ese hombre. Ya estaba por abandonar el bosque, dejando a la mujer bañada en lágrimas, cuando ella se arrojó a mis brazos como una loca. Y la escuché decir, entrecortadamente, que ella deseaba mi muerte o la de su marido, que no podía soportar la vergüenza ante dos hombres vivos, que eso era peor que la muerte. Esto no era todo. Ella se uniría al que sobreviviera, agregó jadeando. En aquel momento, sentí el violento deseo de matar a ese hombre. (Una oscura emoción produjo en Tajomaru un escalofrío.)

    Al escuchar lo que les cuento pueden creer que soy un hombre más cruel que ustedes. Pero ustedes no vieron la cara de esa mujer; no vieron, especialmente, el fuego que brillaba en sus ojos cuando me lo suplicó. Cuando nuestras miradas se cruzaron, sentí el deseo de que fuera mi mujer, aunque el cielo me fulminara. Y no fue, lo juro, a causa de la lascivia vil y licenciosa que ustedes pueden imaginar. Si en aquel momento decisivo yo me hubiera guiado sólo por el instinto, me habría alejado después de deshacerme de ella con un puntapié. Y no habría manchado mi espada con la sangre de ese hombre. Pero entonces, cuando miré a la mujer en la penumbra del bosque, decidí no abandonar el lugar sin haber matado a su marido.

    Pero aunque había tomado esa decisión, yo no lo iba a matar indefenso. Desaté la cuerda y lo desafié. (Ustedes habrán encontrado esa cuerda al pie del abeto, yo olvidé llevármela.) Hecho una furia, el hombre desenvainó su espada y, sin decir palabra alguna, se precipitó sobre mí. No hay nada que contar, ya conocen el resultado. En el vigésimo tercer asalto mi espada le perforó el pecho. ¡En el vigésimo tercer asalto! Sentí admiración por él, nadie me había resistido más de veinte… (Sereno suspiro.)

    Mientras el hombre se desangraba, me volví hacia la mujer, empuñando todavía el arma ensangrentada. ¡Había desaparecido! ¿Para qué lado había tomado? La busqué entre los abetos. El suelo cubierto de hojas secas de bambú no ofrecía rastros. Mi oído no percibió otro sonido que el de los estertores del hombre que agonizaba.

    Tal vez al comenzar el combate la mujer había huido a través del bosque en busca de socorro. Ahora ustedes deben tener en cuenta que lo que estaba en juego era mi vida: apoderándome de las armas del muerto retomé el camino hacia la carretera. ¿Qué sucedió después? No vale la pena contarlo. Diré apenas que antes de entrar en la capital vendí la espada. Tarde o temprano sería colgado, siempre lo supe. Condénenme a morir. (Gesto de arrogancia.)

    Confesión de una mujer que fue al templo de Kiyomizu

    -Después de violarme, el hombre del kimono azul miró burlonamente a mi esposo, que estaba atado. ¡Oh, cuánto odio debió sentir mi esposo! Pero sus contorsiones no hacían más que clavar en su carne la cuerda que lo sujetaba. Instintivamente corrí, mejor dicho, quise correr hacia él. Pero el bandido no me dio tiempo, y arrojándome un puntapié me hizo caer. En ese instante, vi un extraño resplandor en los ojos de mi marido… un resplandor verdaderamente extraño… Cada vez que pienso en esa mirada, me estremezco. Imposibilitado de hablar, mi esposo expresaba por medio de sus ojos lo que sentía. Y eso que destellaba en sus ojos no era cólera ni tristeza. No era otra cosa que un frío desprecio hacia mí. Más anonadada por ese sentimiento que por el golpe del bandido, grité alguna cosa y caí desvanecida.

    No sé cuánto tiempo transcurrió hasta que recuperé la conciencia El bandido había desaparecido y mi marido seguía atado al pie del abeto. Incorporándome penosamente sobre las hojas secas, miré a mi esposo: su expresión era la misma de antes: una mezcla de desprecio y de odio glacial. ¿Vergüenza? ¿Tristeza? ¿Furia? ¿Cómo calificar a lo que sentía en ese momento? Terminé de incorporarme, vacilante; me aproximé a mi marido y le dije:

    -Takehiro, después de lo que he sufrido y en esta situación horrible en que me encuentro, ya no podré seguir contigo. ¡No me queda otra cosa que matarme aquí mismo! ¡Pero también exijo tu muerte! Has sido testigo de mi vergüenza! ¡No puedo permitir que me sobrevivas!

    Se lo dije gritando. Pero él, inmóvil, seguía mirándome como antes, despectivamente. Conteniendo los latidos de mi corazón, busqué la espada de mi esposo. El bandido debió llevársela, porque no pude encontrarla entre la maleza. El arco y las flechas tampoco estaban. Por casualidad, encontré cerca mi puñal. Lo tomé, y levantándolo sobre Takehiro, repetí:

    -Te pido tu vida. Yo te seguiré.

    Entonces, por fin movió los labios. Las hojas secas de bambú que le llenaban la boca le impedían hacerse escuchar. Pero un movimiento de sus labios casi imperceptible me dio a entender lo que deseaba. Sin dejar de despreciarme, me estaba diciendo: «Mátame».

    Semiconsciente, hundí el puñal en su pecho, a través de su kimono.

    Y volví a caer desvanecida. Cuando desperté, miré a mi alrededor. Mi marido, siempre atado, estaba muerto desde hacía tiempo. Sobre su rostro lívido, los rayos del sol poniente, atravesando los bambúes que se entremezclaban con las ramas de los abetos, acariciaban su cadáver. Después… ¿qué me pasó? No tengo fuerzas para contarlo. No logré matarme. Apliqué el cuchillo contra mi garganta, me arrojé a una laguna en el valle… ¡Todo lo probé! Pero, puesto que sigo con vida, no tengo ningún motivo para jactarme. (Triste sonrisa.) Tal vez hasta la infinitamente misericorde Bosatsu abandonaría a una mujer como yo. Pero yo, una mujer que mató a su esposo, que fue violada por un bandido… qué podía hacer. Aunque yo… yo… (Estalla en sollozos.)



    Lo que narró el espíritu por labios de una bruja

    -El salteador, una vez logrado su fin, se sentó junto a mi mujer y trató de consolarla por todos los medios. Naturalmente, a mí me resultaba imposible decir nada; estaba atado al pie del abeto. Pero la miraba a ella significativamente, tratando de decirle: «No lo escuches, todo lo que dice es mentira». Eso es lo que yo quería hacerle comprender. Pero ella, sentada lánguidamente sobre las hojas muertas de bambú, miraba con fijeza sus rodillas. Daba la impresión de que prestaba oídos a lo que decía el bandido. Al menos, eso es lo que me parecía a mí. El bandido, por su parte, escogía las palabras con habilidad. Me sentí torturado y enceguecido por los celos. Él le decía: «Ahora que tu cuerpo fue mancillado tu marido no querrá saber nada de ti. ¿No quieres abandonarlo y ser mi esposa? Fue a causa del amor que me inspiraste que yo actué de esta manera». Y repetía una y otra vez semejantes argumentos. Ante tal discurso, mi mujer alzó la cabeza como extasiada. Yo mismo no la había visto nunca con expresión tan bella. ¡Y qué piensan ustedes que mi tan bella mujer respondió al ladrón delante de su marido maniatado! Le dijo: «Llévame donde quieras». (Aquí, un largo silencio.)

    Pero la traición de mi mujer fue aún mayor. ¡Si no fuera por esto, yo no sufriría tanto en la negrura de esta noche! Cuando, tomada de la mano del bandolero, estaba a punto de abandonar el lugar, se dirigió hacia mí con el rostro pálido, y señalándome con el dedo a mí, que estaba atado al pie del árbol, dijo: «¡Mata a ese hombre! ¡Si queda vivo no podré vivir contigo!». Y gritó una y otra vez como una loca: «¡Mátalo! ¡Acaba con él!». Estas palabras, sonando a coro, me siguen persiguiendo en la eternidad. ¡Acaso pudo salir alguna vez de labios humanos una expresión de deseos tan horrible! ¡Escuchó o ha oído alguno palabras tan malignas! Palabras que… (Se interrumpe, riendo extrañamente.)

    Al escucharlas hasta el bandido empalideció. «¡Acaba con este hombre!». Repitiendo esto, mi mujer se aferraba a su brazo. El bandido, mirándola fijamente, no le contestó. Y de inmediato la arrojó de una patada sobre las hojas secas. (Estalla otra vez en carcajadas.) Y mientras se cruzaba lentamente de brazos, el bandido me preguntó: «¿Qué quieres que haga? ¿Quieres que la mate o que la perdone? No tienes que hacer otra cosa que mover la cabeza. ¿Quieres que la mate?…»

    Solamente por esa actitud, yo habría perdonado a ese hombre. (Silencio.)

    Mientras yo vacilaba, mi esposa gritó y se escapó, internándose en el bosque. El hombre, sin perder un segundo, se lanzó tras ella, sin poder alcanzarla. Yo contemplaba inmóvil esa pesadilla. Cuando mi mujer se escapó, el bandido se apoderó de mis armas, y cortó la cuerda que me sujetaba en un solo punto. Y mientras desaparecía en el bosque, pude escuchar que murmuraba:

    «Esta vez me toca a mí». Tras su desaparición, todo volvió a la calma. Pero no. «¿Alguien llora?», me pregunté. Mientras me liberaba, presté atención: eran mis propios sollozos los que había oído. (La voz calla, por tercera vez, haciendo una larga pausa.)

    Por fin, bajo el abeto, liberé completamente mi cuerpo dolorido. Delante mío relucía el puñal que mi esposa había dejado caer. Asiéndolo, lo clavé de un golpe en mi pecho. Sentí un borbotón acre y tibio subir por mi garganta, pero nada me dolió. A medida que mi pecho se entumecía, el silencio se profundizaba. ¡Ah, ese silencio! Ni siquiera cantaba un pájaro en el cielo de aquel bosque. Sólo caía, a través de los bambúes y los abetos, un último rayo de sol que desaparecía… Luego ya no vi bambúes ni abetos. Tendido en tierra, fui envuelto por un denso silencio. En aquel momento, unos pasos furtivos se me acercaron. Traté de volver la cabeza, pero ya me envolvía una difusa oscuridad. Una mano invisible retiraba dulcemente el puñal de mi pecho. La sangre volvió a llenarme la boca. Ese fue el fin. Me hundí en la noche eterna para no regresar…

    FIN
    --------------------------------------------------------------------------------------------------

    Saludos Gustavo y familia
    Saludos cafeteros

    Quise compartir este cuento, pero no encontré dónde colocarlo en MP, así que me vine al Ville...
     
    #12850
    Última modificación: 20 de Octubre de 2017
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  11. Ligia Calderón Romero

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    Saludos Gustavo y familia, pasaste deprisa

    --------------------------------------------------------------------------------------------------------------


    Hoy, como entonces, solo tengo monosílabos, pero ningún interlocutor se anima con ellos.

    —Buenas noches—
    —buenas noches—
    —...
    —dime
    —...
    —Tal vez.
    —...
    No.
    —...?
    —No. —rotundamente no.
    —...?
    —Sí.
    —Jajaja, algo es algo.
    —Sí.

    ...
     
    #12851
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  12. Gustavo Cervantes

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    Los buenos quedan , los demas se van...
    creo que eso era lo que intentó decir Julio Iglesias,
    aquella noche cuando se quedó solo cantando con su guitarra
    y comprendió que la vida debía seguir igual...
    Quizas estamos diseñados para cantarnos a nosotros mismos,
    preguntarnos y responder a nuestras preguntas.

    hola ligia, siempre paso despacio, me quedé leyendo tu pequeño cuento,
    La trama, el suspenso, la intriga...en el romanticismo de la palabra escrita
    con el desenlace trágico y triste que alguno quizas se relacione...
    aun a pesar de que he visto la muerte con ojos ajenos solamente,
    siento a veces el escalofrío que recorre la piel al recordar la escena.
    Mi amigo que murió ahogado extendiendo el brazo y manoteando,
    tratando quizas de apresar un poco de aire con su mano para llevarlo a sus pulmones
    y luego desaparecer bajo las traicioneras aguas del canal que lo arrastró hacia lo profundo
    con la corriente...y rescatarlo después, pero ya inerte, cerrarle los ojos y despedirlo con una lágrima
    de frustración y de coraje...
    O la escena escalofriante del bardo (la agonía del bardo)... joven y enamorado, preocupado no por él,
    pero por su joven esposa que dejaría viuda y desamparada ante el acoso
    de un mundo perverso y desalmado...
    Miré la muerte en los ojos de Vicky cuando solo tenía quince años, éramos los dos tan bonitos,
    teniamos una vida hermosa para ser felices y un inmenso mundo que conquistar,
    sin embargo la muerte no es esclusiva para cierto género o determinada edad,
    somos tan perfectos y tan debiles...como puede un corazón tan joven y generoso
    romperse de un solo golpe? Aun se me escapa una lágrima cuando la recuerdo.

    Hola ligia, gracias por siempre regresar, te cuento que mientras no estabas,
    me metí por ahi en los cielos de algunas que conocimos, quería solo saludar
    y quizas curioso quería saber como estaban y si quizas podrían responderme...
    Y una me respondió...una que un dia me dijo que me odiaba...me perdonó el agravio
    y casi pude escuchar su voz diciéndome dulce...que le gustaron mis palabras.

    Es otra vez el tiempo de cantarle a la muerte casi ya...En México celebramos dia de muertos
    el primero y el dia dos de noviembre...no a muchos les agrada este mes...pero es apropiado,
    para escribir algun poema o algo relacionado con la fiesta de muertos o con la misma muerte que
    es quizas una parte tan importante en nuestras vidas...

    saludos mundo

    Saludos Julia.
     
    #12852
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  13. Gustavo Cervantes

    Gustavo Cervantes un loco en la cornisa

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    Es Otoño ahora
    mi cielo ha cambiado de color...
    los árboles gimen
    las nubes se amontonan,
    el viento arrastra las hojas
    el pensamiento vuela...
    el pecho suspira,
    hace frío afuera.
    Mientras que en otra tierra,
    las musas se desnudan
    acariciadas por la ternura
    de la primavera.
     
    #12853
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  14. Ligia Calderón Romero

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    Saludos Gustavo y familia
    Saludos Luna Roja
    Saludos cafeteros


    ------------------------------------------------------------
    Es otoño por ahí
    por allá es primavera
    es invierno por acá
    y las musas duermen
    octubre a media luz
    Cricrí toca el violincillo
    y croan las ranas...
     
    #12854
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  15. Ligia Calderón Romero

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    Saludos Gustavo y Familia!

    Saludos cafeteros
    -----------------------------------------------------------------------------------------

    huele a veranillo
    menta y yerbabuena
    romero y cuarto creciente
    florecidos del alféizar
    de noviembre

    huele a verde mar
    retratado en tu pupila
    y a violincillo nocturno
    tras el ventanal

    huele a sinfonía azul
    musgos
    y té de canela
    rosquillas y miel
    cuando zurce la penumbra
    su chal de guangoche...
     
    #12855
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  16. Gustavo Cervantes

    Gustavo Cervantes un loco en la cornisa

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    Hola Ligia...

    Pasó Octubre con sus rafagas y con sus amenazantes nubes...
    mi otoño ahora es frio, ya nos envió la primera caricia de
    sus manos blancas...y el sol se puso en huelga...ya no calienta.
    Creo que noviembre será mas amable.
    Llegará la musa envuelta en finas pieles a cantarle a la soledad y a la nostalgia,
    y su canto suave atraerá quizas los recuerdos de otros otoños que fueron mas
    alegres y mas risueños.

    saludos cafeteros


    saludos Julia.
     
    #12856
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  17. Ligia Calderón Romero

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    saludos Gustavo y familia
    saludos cafeteros



    ----------------------------------------------------------

    silencio que el semblante
    pálido de la noche
    deslumbra
    la liviandad del alma...
     
    #12857
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  18. Ligia Calderón Romero

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    Saludos Gustavo y familia
    saludos cafeteros


    --------------------------------------------------------------------------------------
    Hoy
    no vino el jilguerillo
    a posarse en mi reja como acostumbra en sus auroras.
    Habrá extraviado el paso
    y quizá entona
    sus tonadillas
    entre las zarzas y lentistos
    para el deleite
    de sus racimos de pequeñez amarillenta
    para luego volverse fruto.

    retazo...
     
    #12858
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  19. Gustavo Cervantes

    Gustavo Cervantes un loco en la cornisa

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    Hola Ligia,..

    La musa travieza que siempre me mimaba,
    ya no llega, se fue por otra rivera,
    se llevó consigo en sus alas, el polvo
    con el que creaba las acuarelas y el paisaje amable
    para la pareja que eramos cuando estaba.
    y aun a pesar de que le llamo no me responde,
    esta ocupada susurrandole al oido a otro cantante nocturno

    En esos momentos del retiro, entre el silencio de la luz que se apaga,
    y el eco del pensamiento que gime las palabras...cierro mis ojos y miro
    la sonrisa que me iluminaba y esos ojos como dos zafiros que titilando
    me llamaban

    saludos mundo...
    Saludos Julia.
     
    #12859
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  20. Ligia Calderón Romero

    Ligia Calderón Romero Moderadora foro: Una imagen, un poema Miembro del Equipo

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    Saludos Gustavo y familia!

    Saludos Cafeteros

    --------------------------------------------------------------------------------

    Julián Marchena
    Poeta
    Julián Marchena Valle-Riestra fue un destacado poeta costarricense. Muchas de las poesías de sus obras; como Vuelo supremo, Viajar, viajar; Lo efímero y Romance de la carretas; ya forman parte de la memoria colectiva de Costa Rica.Wikipedia

    Fecha de nacimiento: 14 de marzo de 1897, San José, Costa Rica
    Fallecimiento: 5 de mayo de 1985, San José, Costa Rica
    Libros: Alas en fuga

    --------------------------
    --------------------------



    con orgullo tico...
     
    #12860
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  21. Gustavo Cervantes

    Gustavo Cervantes un loco en la cornisa

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    Es tarde ahora... en mi madrugada.
    me regresé por un rato en el tiempo de este valo que no descansa,
    queria entretener mi mente con los versos acumulados en este año que ya casi pasa
    y ensimismado en mis propias palabras y en las palabras de otras que tambien igual que yo
    le cantaron a la soledad de sus almas, se pasaron dos horas, dos horas sin llamadas,
    sin alcohol...sin nadie, sin nada.
    pero hayó regozijo mi esperanza, porque la musa que a veces se tarda en responder,
    estuvo muy ocupada, poniéndole matices, acompasando las tonadas, y me hizo la promesa
    de que habrá mejores temporadas, volverán los romances, volverá la música...los dramas.

    volveran los dias de lluvia y de frio, el invierno con su pereza y su letargo...
    tendremos que quedarnos dentro de este gran salon, cantando dulces himnos ,
    saboreando dulce vino...desvelando las madrugadas...


    saludos poetas de mundo poesia..

    saludos sonrientes Julia.
     
    #12861
  22. Dark_Fairy

    Dark_Fairy Poeta que considera el portal su segunda casa

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    Celeste está con Leonardo en Skandia, comiendo chocolates y usando abrigos calientes... Por allá por donde los pájaros que sigo viendo volar con alas super largas...


    Por lo pronto, aquí andamos caminando por parajes que ya no son tan secos...
     
    #12862
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  23. Dark_Fairy

    Dark_Fairy Poeta que considera el portal su segunda casa

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    Inició José Antonio Sánchez Martínez alías Príncipe Negro y él se ha difuminado también en vísperas de algo o alguien...

    Este 31 de diciembre a las doce de la noche, HIM o sea, la banda que liderea Ville Valo, protagonista de nuestras charlas de más de diez años, se desintegra...
     
    #12863
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  24. Gustavo Cervantes

    Gustavo Cervantes un loco en la cornisa

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    Hola Ale, que grata sorpresa...
    Me da mucho gusto saludarla de nuevo aca en este su Valo,
    En realidad este sitio debería ser siempre suyo eternamente,
    porque es usted la única en este mundo perverso y poético,
    que conoce a ese desgarciado malagradecido, hubiera sido tán fácil para él
    darle click a google y encontrarse en el espacio virtual que lo clonamos.
    Y estoy seguro que este espacio se mantendrá activo aún después del año nuevo.

    Y nuestro Pepe Sancho quien sabe donde andará, quizas se cambió de nombre,
    tiene que armonizar con su cambio de sexo. Imaginese.

    Hola Ligia...este toño se esta haciendo largo...y frío.

    saludos a los hmanos que nos visitan y a los robots que nos moderan... jeje

    sonríeme Y corrígeme Julia.
     
    #12864
  25. Dark_Fairy

    Dark_Fairy Poeta que considera el portal su segunda casa

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    Ojalá supiera el Ville al que tanto he seguido durante 14 años, todo lo que tocó en mi vida, en aquellos días del 2008, en un mundo lleno de tinieblas, con esa depresión y el diciembre negro y que su música fue mi paliativo, y una pomada para mi adolorido corazón, pero él estaba demasiado ocupado bebiendo y matándose a si mismo, y luego ya no estaba tan enamorada de él porque los borrachitos no me gustan, me traen recuerdos hahaha, luego dejó de beber y quien sabe ahora que ya tiene 40 años es un hombre maduro, y como ya se va a quedar con mucho tiempo libre, probablemente nos encuentre....

    Éste espacio es de todos ustedes que decidieron seguirlo, de darme continuidad con mis escasos 22 y ahora con mis casi 33 y se me sigue recordando???? ¿Qué más puedo pedir?

    Dimitri anda volando por otros cielos, eso es todo....

    Saludos a su esposa hermosa y a sus retoños querido Gustavo, usted ha sido un gran amigo... Fíjese aguantar doce años a ésta hada oscura hahahahaha ta cabrón jijijiji....

    Saludos a todos nenes!!!! Y gracias por acordarse de mi todavía...
     
    #12865
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  26. Dark_Fairy

    Dark_Fairy Poeta que considera el portal su segunda casa

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    The smile of winter.


    Una sombría línea café se dibuja sobre los cerros ya muy gastados sobre el escenario, casi ni se ven de lo despintados que lucen hoy. Es que amaneció el día dorado, tranquilo, y de pronto en las orillas de la ilustración , apareció esa niebla que antecede todo, ese frío que duele, que pone rojos los cachetes, ese frío que provoca querer tomar chocolate, café, té, que sé yo de esas nimiedades.

    Y luego el invierno por fin sonríe con ese candor helado, con esa llaga elástica que debilita los pulmones y hace que los huesos se pongan rígidos, esa sonrisa irónica, fea, hóstil que, anuncia el fin del año y el fin de pequeños mundos individuales e invisibles, las criaturas que antes se albergaban dentro de los troncos acurrucados junto a sus madres hoy se retiran más temprano, antes de que el poco sol que queda a las cuatro o cinco les impida volver a su lecho; Luego viene el viento seco, que te deja resecos los labios y hace querer usar bálsamo, tal vez caiga un poco de pluma emulando nieve, y de todos modos las criaturas se seguirán arrejuntando junto a los estómagos de sus mamás, porque finalmente ese es el lugar más seguro de todos.

     
    #12866
    Última modificación: 21 de Noviembre de 2017
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  27. Dark_Fairy

    Dark_Fairy Poeta que considera el portal su segunda casa

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    Cuestión de tiempo.

    Las mujeres del desierto son un suave vórtice, lleno de bordes y aromas camina por las calles vertidas en su mundo pensando en los romances, en el trabajo y en su realidad diferente.

    Y muchas sombras las persiguen y las aturden, se disfrazan de algo y su nombre se va a adornar una cruz rosa llena de clavos, porque no es normal que en una plaza pública se tengan que hacer homenajes póstumos y memoriales de tantos asesinatos:

    Las sombras de las mujeres se desdibujan entre asfaltos y pérdidas de tiempo.

    Luego viene la muerte en vida, la desdicha y la tormenta, después otra mujer se deslava entre las calles de Chihuahua.

    Para aparecer tirada y desgarrada en parajes al sur de la ciudad, en una terracería... Alejadas de sus familias y de las voces que un día conocieron, poco a poco se acentúan los papelitos blancosw en la cruz de clavos de La Plaza de Armas, frente a Palacio de Gobierno, donde hay una placa con el nombre de otra mujer que se volvió invisible, en una noche de diciembre mientras la gente en sus colonias, cantaba villancicos.

    Las mujeres del desierto se quedan atrapadas y violentadas en un sueño que se volvió sin salida.

    Un día a la vez.
     
    #12867
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  28. Gustavo Cervantes

    Gustavo Cervantes un loco en la cornisa

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    Hola Ale...

    La poesía se esta cansando de llorar por sus poetas caidos...

    saludos...a mundo poetas.

    saludos Julia.
     
    #12868
  29. Dark_Fairy

    Dark_Fairy Poeta que considera el portal su segunda casa

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    Mi Gustavo, yo siempre hago poesía...!!!

    Saludos...
     
    #12869
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  30. Gustavo Cervantes

    Gustavo Cervantes un loco en la cornisa

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    Si...ya se
    siempre he tenido gran admiración por su esquisita forma de expressar sus ideas.
    es usted una gran escritora, y le doy las gracias por compartir, ya debería tener suficiente material para
    publicar un libro... no tengo ni la menor idea de como se hace, pero he visto por aqui y en otros sitios
    algunos escritores que han publicado sus libros y que la verdad no tienen mucha calidad como sus escritos.
    solo una idea.
    hagamos poesía...
    desa que atrae las miradas y pone la respiración en pausa...y al final le dibuja una sonrisa a quien lee.


    saludos amables...


    Si pudiera regresar el tiempo,
    hasta aquel dia cuando la vi por primera vez,
    me cruzaría la acera en sentido opuesto,
    para no hacerle el daño que le he hecho,
    y no sentirme culpable ante su desnudez.
     
    #12870

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