poema viejo, de la época cuando se me ocurría desparramar un poco de tinta... Ay, tiempos aquellos... pero, bue, mis sentimientos esporádicamente cambian más allá de la crisis.
La crisis de la poesía
Al carajo las divisas. He decidido no morirme,
sí dije bien, he decidido no morirme
ni en cama,
ni en la cuenta del banco
ni en tu prejuicio moral.
He decidido no morirme
aferrado a tu cristo
de marfil, plata u oro “lo que valga más”.
Y es que tú me traes recuerdos grises.
Por ejemplo
los de aquella noche en sábanas
que no te desnudabas
sino no había unos cuantos verdes
vestidos de Benjamín Franklin.
Sí, el mundo esta corrupto, mi amor,
y tú lo sabes
mientras miras por la bragueta del pantalón
el bulto que hace mi billetera.
Lo cierto es que ya nacimos muertos
en esta era social
en donde tanto dinosaurios como cavernícolas
imaginan que parte del bistec es más jugosa.
Pero no piensen que acá hay poesía, estimados lectores.
La poesía recién empieza a cuatro metros bajo tierra
con las uñas largas y llenas de mugre,
la barba crecida de años
y todas tus entrañas devoradas por los gusanos.
Es que no alcanza con que estés ebrio
hasta que tu hígado explote por un barril de ron.
Tampoco alcanza con que estés fumado
hasta que las colillas de tantos cigarrillos
sean solo el aleteo de las luciérnagas
en el pulmón de la autopista principal.
Podría creer que toco la piel de la poesía cuando
me sumerjo en tus bragas
como un buzo que perdió el esnórquel
y ando boqueando entre tus ovarios
para recuperar algo del oxígeno
“aunque ese vital oxígeno sea más costoso
que un barril de crudo después de la caída de Wall Street
y la devastación de Kiev”.
Pero, lo cierto que esto es solo el fantasma
de un pelo encarnado en la poesía.
La poesía no está,
por lo menos, mientras estemos vivos,
tampoco están las putas divisas
y mucho menos quedó algo del jugoso bistec.
Y por nada del mundo combinen
poesía con capitalismo y productos cárnicos.
No lo hagan, estimados lectores, mejor es que
decidan morirse y luego escriban algo de poesía.
Yo, por estos lados, he decidido no morirme.
Sí dije bien, he decidido no morirme
ni en cama, ni en la cuenta del banco,
ni en tus hamburguesas veganas
y mucho menos
en el DIU ligado a tu óvulo.
3 de Mayo de 2022