Déjame cantarle al tiempo de este momento... dulce momento.
Escuché como un dulce canto desde el cielo... tu dulce voz como un milagro.
Me dijo dulcemente en un susurro de hierba fresca... !Te quiero!! Oh! Amada.
Hasta que la vida nos separe.
Ya no está... solo quedó su perfume,
en ese gran salón que se convirtió,
en cementerio de los poetas muertos,
y destierro de otros que solo estamos,
desahuciaciados... o completamente rotos.
Dejaré que la lágrima ruede por mi mejilla,
al sentir en mi conciencia,
el dolor que habrá sentido la hermosa,
musa de mis largas quimeras,
que fue arrancada de la verja,
como una hiedra venenosa.
Poetisa que soñó con ser una hada,
y flotar al ritmo de una traviatta,
bajo una aura de luz brillante,
reflejada en la mirada de su amante.
Cuando estaba aun llena de glamour,
me la arrebató la tristeza... como una yerba.
te voy amar hasta morir.
dale play
Hierba que morirá de a poco en la memoria,
y que dejará a otras que crecerán despacio como espigas,
en mi jardín que aveces también se llena de mandrágora.
Como una palabra obscena en una libreta virgen,
pensaré en ese poema de estructura perfecta,
que era ella...la musa tierna... de sol y arena.
Esa hierba fresca llena de verdades ocultas,
descansa debajo de la piedra. Y con su recuerdo,
disipa la densa niebla... y también la culpa.
Y las hierbas nuevas nacerán sin dudas y sin miedos,
deseando otros labios que en sus palabras tengan garfios,
que se aferren a su carne, que se metan en su sangre.
Las palabras enterradas que se fueron acumulando,
junto con las lágrimas y los llantos y los gritos callados,
serán la esencia que me regresen a su lápida,
regando los versos como pétalos sobre la alfombra nítida,
donde arrastro mi espíritu cansado, y mis sueños de poeta.
Descanse su alma en el mausoleo sagrado de las musas