Parece el caminiño de la aldea
el hogar que tuvieron tus infancias,
y ahora se iluminan con la tea
del recuerdo colores y fragancias.
El alma en los parajes, que pasea,
no verá viejas casas como rancias,
cubiertas con el musgo que verdea
aun si el tiempo pasó por las estancias.
Bosteza el horno intacto con la lumbre
que hierve el buen cocido de costumbre
desprendiendo perfumes hogareños.
Solo cambia el tamaño del zapato,
pues de niño correr es lo sensato
con sus dos pies descalzos y pequeños.
el hogar que tuvieron tus infancias,
y ahora se iluminan con la tea
del recuerdo colores y fragancias.
El alma en los parajes, que pasea,
no verá viejas casas como rancias,
cubiertas con el musgo que verdea
aun si el tiempo pasó por las estancias.
Bosteza el horno intacto con la lumbre
que hierve el buen cocido de costumbre
desprendiendo perfumes hogareños.
Solo cambia el tamaño del zapato,
pues de niño correr es lo sensato
con sus dos pies descalzos y pequeños.
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