sordo el hombre solo se oye a si mismo
Es un encantador ejercicio de piedad, de atrición, estudio interior del ser humano. Un rememorar de las acciones del hombre que históricamente va perdiendo oportunidades, primando la roja sangre sobre la rosa de su mismo color y tono, olvidando el hambre ya en la última estrofa, recordando que las guerras hay que ganarlas o perderlas, pero no terminarlas ni repudiarlas antes de verter toda la sangre en liza. Un ser humano que se cree Dios sin mentarlo, sin reconocerlo, que actúa por encima de su propio credo, el que dice tener el la altura de sus pensamientos más ilustres, para luego irlo desasiendo y perdiendo a cada nuevo paso, enterrándolo sin miramiento.
¡Qué sencillo sería todo ! Pero qué complicado el hombre lo ha vuelto. Y no tiene remedio. El hombreDios ejerce como tal, de complicar la vida, el mundo, las razones y sus propias tribulaciones. No hay aparejo en el barco que le sirva para pescar simplemente su alimento. Arrastra el mar a una charca, y allí muere de hambre él por no vender y sus semejantes por no poder pagar el precio.
Abrazos, Luis, exquisito poema.