Juno
Poeta que considera el portal su segunda casa
Ribetea de grana tu plumaje
cual bandera que ostentas engreído
y en la rama despliegas de seguido
un gallardo trinar sin camuflaje.
Mientras cantas, perdieron su celaje
los hayedos que guardan el latido
cercenando tu pecho el garfio buido
de un halcón que acabó el peregrinaje.
Eres sombra que pinta mi soneto
con el cálamo hollado en el ronzal
atiplando del verso el vericueto
al mecer tu recuerdo en el mistral.
¡Cuán vacíos quedaron por decreto
tus acordes, pequeño cardenal!
Mas al margen del trágico final,
de esta historia que humilde aquí aboceto,
es seguro que elija ser pardal
hoy el alma que acalla su secreto.
Pues tal vez, sosegando el recital,
salvaría su vuelo del aprieto
que aun pagando con creces el peaje
al gorjeo dejó tan malherido
y en escorzo, las cruces donde anido,
la orfandad de su voz en el ramaje.
Queda exiguo el falcónido paraje
que es calvero agostando su silbido
pero afirmo, ¡jamás serás olvido!
pues te llevo por siempre en mi equipaje.
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