Luis Libra
Atención: poeta en obras
`
Reconócelo. Siempre fuiste un triste
y resignado hijo de la indecisión.
Si tu vida tuviera un título
con toda certeza sería "La duda".
Dicen que eso es bueno,
que la duda es el fundamento de la sabiduría.
¡Y una mierda!
Será fundamento de lo que sea,
pero ¿quién coño quiere ser sabio
si a cambio te convertirás en un puto infeliz
y un eterno náufrago existencial
durante tu corta (en magnitudes universales)
vida.
Y es que ya empezaste a dudar muy pronto
(casi ni lo recuerdas)
Siempre igual: ¿qué hacer?, ¿qué no hacer?
¿Decir a ese amor de la guardería
(con trenzas a lo afro y babi de flores)
que querías pasar con ella
el resto de tus días, y exponerte
a una llantina de dimensiones bíblicas,
a la vergüenza más atroz,
a un capón de tu madre
y/o a una posible expulsión del lugar,
o esconder tus sentimientos
cual vil cobarde?
En el cole más de lo mismo.
Hacerte amigo del capullo
más estúpido y fuerte de la clase
o sacar dieces como un einstein imberbe;
ir de justiciero y sufrir bullying a destajo
o sentirte cómodo en la servidumbre
y seguridad que otorga
ser parte de la manada.
Y en la adolescencia la misma película.
Reciclarte en un chulo abusón
(gracias a las clases de judo)
para que se fijara en ti
la chica más guapa del insti,
o por el contrario ser un marginal
e inadaptado social con sueños neoapocalípticos
bienvenido en la cómica pandilla
de frikis y raritos del barrio?
Rebobinemos hasta la juventud.
De nuevo qué hacer. ¿Quizás vestir de negro
"yo muerdo primero", ser fan de bandas
alternativas que promueven el consumo
de toda clase de trincheras anti-tormenta,
litronas de desayuno, o ser un universitario
o trabajador modélico con el fin de algún día
ganar 3000 euros al mes y así
poder proporcionar felicidad garantizada
a esa chica de anuncio y madre vocacional,
una honda satisfacción a tus papis,
a tus suegros, a tu país
y a tu futura camada de ninis,
y de paso ser la envidia insana
de tus vecinos más sin sangre que tú...?
Ahora de repente eres adulto. Resulta
que tus antiguos amigos guays
hoy están amargados, divorciados
y/o se reflotan quincenalmente
en apoteósicas terapias de puticlub,
tus amores platónicos de ayer
usan una XL de pantalón,
el millonario de tu jefe te llora en el hombro
cuando toca sumar a tu nómina el IPC
y para colmo tus calvetes colegas exhippys
que aún viven votan a la ultraderecha.
Mientras, tú con la duda de si seguir el juego
o mandar todo a tomar por culo
e irte a vivir a una cabaña al Canadá
junto a un par de fieles san bernardos
para contar estrellas hasta que te mueras.
Y a lo mejor con suerte llegarás a anciano.
Y entonces si por fortuna tus descendientes
-en caso de tenerlos- han salido buena gente,
dudarás entre ser un estorbo en sus vidas
o recluirte en un puto almacén con jardín
para viejos hasta que el cielo, el infierno
o la nada te reclamen.
Y en ese momento probablemente
llorarás, reirás a carcajada limpia,
y si aún tienes el hígado medio sano
te darás el penúltimo homenaje
con dos botellas de Chardonnay y la abuela de la 18.
Y ya solo te quedará la última y definitiva
duda de si meterte del tirón
el contenido de la bolsa que esconde
en su taquilla el hijo de puta
-y camello en sus horas libres-
del Benítez, tu enrollado enfermero,
o correr a tu minicueva con bidé
next-gen tras el almuerzo de la una treinta
para no perderte otro día más
la jodida Ruleta de la Fortuna
en su 47 aniversario
y al bombón de su decimoquinta azafata
y sus piernas kilométricas...
______
Reconócelo. Siempre fuiste un triste
y resignado hijo de la indecisión.
Si tu vida tuviera un título
con toda certeza sería "La duda".
Dicen que eso es bueno,
que la duda es el fundamento de la sabiduría.
¡Y una mierda!
Será fundamento de lo que sea,
pero ¿quién coño quiere ser sabio
si a cambio te convertirás en un puto infeliz
y un eterno náufrago existencial
durante tu corta (en magnitudes universales)
vida.
Y es que ya empezaste a dudar muy pronto
(casi ni lo recuerdas)
Siempre igual: ¿qué hacer?, ¿qué no hacer?
¿Decir a ese amor de la guardería
(con trenzas a lo afro y babi de flores)
que querías pasar con ella
el resto de tus días, y exponerte
a una llantina de dimensiones bíblicas,
a la vergüenza más atroz,
a un capón de tu madre
y/o a una posible expulsión del lugar,
o esconder tus sentimientos
cual vil cobarde?
En el cole más de lo mismo.
Hacerte amigo del capullo
más estúpido y fuerte de la clase
o sacar dieces como un einstein imberbe;
ir de justiciero y sufrir bullying a destajo
o sentirte cómodo en la servidumbre
y seguridad que otorga
ser parte de la manada.
Y en la adolescencia la misma película.
Reciclarte en un chulo abusón
(gracias a las clases de judo)
para que se fijara en ti
la chica más guapa del insti,
o por el contrario ser un marginal
e inadaptado social con sueños neoapocalípticos
bienvenido en la cómica pandilla
de frikis y raritos del barrio?
Rebobinemos hasta la juventud.
De nuevo qué hacer. ¿Quizás vestir de negro
"yo muerdo primero", ser fan de bandas
alternativas que promueven el consumo
de toda clase de trincheras anti-tormenta,
litronas de desayuno, o ser un universitario
o trabajador modélico con el fin de algún día
ganar 3000 euros al mes y así
poder proporcionar felicidad garantizada
a esa chica de anuncio y madre vocacional,
una honda satisfacción a tus papis,
a tus suegros, a tu país
y a tu futura camada de ninis,
y de paso ser la envidia insana
de tus vecinos más sin sangre que tú...?
Ahora de repente eres adulto. Resulta
que tus antiguos amigos guays
hoy están amargados, divorciados
y/o se reflotan quincenalmente
en apoteósicas terapias de puticlub,
tus amores platónicos de ayer
usan una XL de pantalón,
el millonario de tu jefe te llora en el hombro
cuando toca sumar a tu nómina el IPC
y para colmo tus calvetes colegas exhippys
que aún viven votan a la ultraderecha.
Mientras, tú con la duda de si seguir el juego
o mandar todo a tomar por culo
e irte a vivir a una cabaña al Canadá
junto a un par de fieles san bernardos
para contar estrellas hasta que te mueras.
Y a lo mejor con suerte llegarás a anciano.
Y entonces si por fortuna tus descendientes
-en caso de tenerlos- han salido buena gente,
dudarás entre ser un estorbo en sus vidas
o recluirte en un puto almacén con jardín
para viejos hasta que el cielo, el infierno
o la nada te reclamen.
Y en ese momento probablemente
llorarás, reirás a carcajada limpia,
y si aún tienes el hígado medio sano
te darás el penúltimo homenaje
con dos botellas de Chardonnay y la abuela de la 18.
Y ya solo te quedará la última y definitiva
duda de si meterte del tirón
el contenido de la bolsa que esconde
en su taquilla el hijo de puta
-y camello en sus horas libres-
del Benítez, tu enrollado enfermero,
o correr a tu minicueva con bidé
next-gen tras el almuerzo de la una treinta
para no perderte otro día más
la jodida Ruleta de la Fortuna
en su 47 aniversario
y al bombón de su decimoquinta azafata
y sus piernas kilométricas...
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