G
Gustavo Cervantes
Invitado
Me dijo no me extrañes y yo le contesté que la esperaría...
Su barco rompió las olas y despacio se perdió en el horizonte.
Y yo me quedé esperandola... escribiendole tanto... tanto.
Las palabras dulces, adornadas; llegaban,
todos los días, por varias horas... cada noche.
Llegaban colgadas de promesas nuevas,
en el frío tintineo de las copas... brindaba,
Aun en las mañanas la dibujaba... amante.
y saboreaba su bella cara y su recuerdo,
en la taza humeante, de aromático café.
Mientras la pensaba le escribía... la amaba.
Mis palabras la buscaban... la acosaba,
vivía, comía, soñaba con tenerla... abrazarla,
y aun en mis tareas, en la nube que me cobijaba,
le mandaba mis versos en palabras disfrazadas,
En fin, entre sollozos, suspiros y alabanzas,
mis alagos y mis esperanzas le manifestaron,
lo bello del sentimiento que me embargaba,
y de tantas, tantas formas, tantas.
Sin embargo, sus ojos hermosos azabache,
se negaron a aceptar que alguien la amara.
Adios Dulcinea... mi última carta.
Su barco rompió las olas y despacio se perdió en el horizonte.
Y yo me quedé esperandola... escribiendole tanto... tanto.
Las palabras dulces, adornadas; llegaban,
todos los días, por varias horas... cada noche.
Llegaban colgadas de promesas nuevas,
en el frío tintineo de las copas... brindaba,
Aun en las mañanas la dibujaba... amante.
y saboreaba su bella cara y su recuerdo,
en la taza humeante, de aromático café.
Mientras la pensaba le escribía... la amaba.
Mis palabras la buscaban... la acosaba,
vivía, comía, soñaba con tenerla... abrazarla,
y aun en mis tareas, en la nube que me cobijaba,
le mandaba mis versos en palabras disfrazadas,
En fin, entre sollozos, suspiros y alabanzas,
mis alagos y mis esperanzas le manifestaron,
lo bello del sentimiento que me embargaba,
y de tantas, tantas formas, tantas.
Sin embargo, sus ojos hermosos azabache,
se negaron a aceptar que alguien la amara.
Adios Dulcinea... mi última carta.