Pedro Olvera
#ElPincheLirismo
Ahora que me he detenido un instante
todas las ciudades han trepado a mí,
me ocupan los solares y las arterias,
desecan mi numínico charco con renacuajos
donde botaba barcos de cartas astrales
y el espacio navegaba por mis ojos
recién retoñados en el espectro galáctico.
Por el día camino, todavía corro con ansias
de llegar al bosque, a la irregularidad de las directrices,
o al anciano piélago de paz
donde el horizonte reclama a las crestas
sus pechos salados,
o al desierto donde las conchas de las tortugas
al fin descienden la duna con pasos de arena
rumbo al oasis por pura sed de andar.
Sin embargo, el cenital efluvio de la carretera
ralentiza mi paso, evapora mis pisadas,
me enreda su línea amarilla en los ligamentos,
me obliga a mirar atrás
cuando el sol se está poniendo como un huevo
del que ya ningún pájaro nacerá.
Mimetizado con los edificios, solo puedo sentir
la brisa oscura de los grillos,
las espigas chocando estelas, la rosa profunda de sal.
todas las ciudades han trepado a mí,
me ocupan los solares y las arterias,
desecan mi numínico charco con renacuajos
donde botaba barcos de cartas astrales
y el espacio navegaba por mis ojos
recién retoñados en el espectro galáctico.
Por el día camino, todavía corro con ansias
de llegar al bosque, a la irregularidad de las directrices,
o al anciano piélago de paz
donde el horizonte reclama a las crestas
sus pechos salados,
o al desierto donde las conchas de las tortugas
al fin descienden la duna con pasos de arena
rumbo al oasis por pura sed de andar.
Sin embargo, el cenital efluvio de la carretera
ralentiza mi paso, evapora mis pisadas,
me enreda su línea amarilla en los ligamentos,
me obliga a mirar atrás
cuando el sol se está poniendo como un huevo
del que ya ningún pájaro nacerá.
Mimetizado con los edificios, solo puedo sentir
la brisa oscura de los grillos,
las espigas chocando estelas, la rosa profunda de sal.
7 de octubre de 2021
Archivos adjuntos
Última edición:
