Juno
Poeta que considera el portal su segunda casa
Nada tengo que decirte amigo...
Se secaron los cauces del alma
que llevaron a ti mis palabras
escritas en el cálamo de un latido.
Ni una musa, acaso despistada,
yerra en mi lienzo su camino
que tímido, se repliega abatido
exhibiendo su bandera blanca.
Me armo así de cáustico olvido
y velo de deseo mi mustia mirada,
el verso de esquivas letras, araña
la vítrea retina de este mutismo.
Y siento, cómo mis alas se llagan
al batallar con rejas de granizo
que encarcelan sus cinco sentidos,
ensartándolos entre frías lanzas.
Tan vívido y lacerante el suplicio
de sentir en tu voz una mordaza
que se anuda tenaz a la garganta
ahogando inmisericorde tu grito.
Se arrodillan mis sueños y suplico
a la luna, que de poesía es soberana,
que me deje esta noche en la almohada
algún soneto descartado y prescrito.
Que yo haré de sus rimas una barca
navegando entre cuartetos con mimo
para dejar atrás este oscuro nicho
donde sólo el vacío me aguarda.
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