Estás utilizando un navegador obsoleto. Puede que este u otros sitios no se muestren correctamente. Debes actualizarlo o utilizar un navegador alternativo.
Te recuerdo camino del río con todos
los pétalos del reloj en tu mochila naranja.
Entonces no sabía que los ríos también sirven
para recordar:
te hubiera retenido un poco más en la corriente
de mis brazos,
que ese tránsito de luminosa humedad fotografiara
las veces que mi boca
te bebió de tus manos de donde caías llena de ti,
catarata cuando no digo lluvia y empiezo a llover.
Pero quién tiene tiempo para pensar en el tiempo
cuando ni siquiera se asoman los veinte
y una blusa mojada sonríe, ceñida, su brevedad,
y los mismos ojos que volaban tan alto
al fin se posan en tu mirada que extiende tu piel
con imposible complicidad deseada: No solo mires. Lánzate al mar. Recuerdo cómo aprendimos a respirarnos bajo el agua,
a nadarnos en el pecho, pez mariposa,
a ser la trasparencia de una gota que corre el mismo punto
de su carrera tantos años después.
No entendía que los ríos nunca tienen sed,
solo memoria.
Te recuerdo camino del río con todos
los pétalos del reloj en tu mochila naranja.
Entonces no sabía que los ríos también sirven
para recordar:
te hubiera retenido un poco más en la corriente
de mis brazos,
que ese tránsito de luminosa humedad fotografiara
las veces que mi boca
te bebió de tus manos de donde caías llena de ti,
catarata cuando no digo lluvia y empiezo a llover.
Pero quién tiene tiempo para pensar en el tiempo
cuando ni siquiera se asoman los veinte
y una blusa mojada sonríe, ceñida, su brevedad,
y los mismos ojos que volaban tan alto
al fin se posan en tu mirada que extiende tu piel
con imposible complicidad deseada: No solo mires. Lánzate al mar. Recuerdo cómo aprendimos a respirarnos bajo el agua,
a nadarnos en el pecho, pez mariposa,
a ser la trasparencia de una gota que corre el mismo punto
de su carrera tantos años después.
No entendía que los ríos nunca tienen sed,
solo memoria.
Te recuerdo camino del río con todos
los pétalos del reloj en tu mochila naranja.
Entonces no sabía que los ríos también sirven
para recordar:
te hubiera retenido un poco más en la corriente
de mis brazos,
que ese tránsito de luminosa humedad fotografiara
las veces que mi boca
te bebió de tus manos de donde caías llena de ti,
catarata cuando no digo lluvia y empiezo a llover.
Pero quién tiene tiempo para pensar en el tiempo
cuando ni siquiera se asoman los veinte
y una blusa mojada sonríe, ceñida, su brevedad,
y los mismos ojos que volaban tan alto
al fin se posan en tu mirada que extiende tu piel
con imposible complicidad deseada: No solo mires. Lánzate al mar. Recuerdo cómo aprendimos a respirarnos bajo el agua,
a nadarnos en el pecho, pez mariposa,
a ser la trasparencia de una gota que corre el mismo punto
de su carrera tantos años después.
No entendía que los ríos nunca tienen sed,
solo memoria.
Te recuerdo camino del río con todos
los pétalos del reloj en tu mochila naranja.
Entonces no sabía que los ríos también sirven
para recordar:
te hubiera retenido un poco más en la corriente
de mis brazos,
que ese tránsito de luminosa humedad fotografiara
las veces que mi boca
te bebió de tus manos de donde caías llena de ti,
catarata cuando no digo lluvia y empiezo a llover.
Pero quién tiene tiempo para pensar en el tiempo
cuando ni siquiera se asoman los veinte
y una blusa mojada sonríe, ceñida, su brevedad,
y los mismos ojos que volaban tan alto
al fin se posan en tu mirada que extiende tu piel
con imposible complicidad deseada: No solo mires. Lánzate al mar. Recuerdo cómo aprendimos a respirarnos bajo el agua,
a nadarnos en el pecho, pez mariposa,
a ser la trasparencia de una gota que corre el mismo punto
de su carrera tantos años después.
No entendía que los ríos nunca tienen sed,
solo memoria.
La memoria es un río que nunca deja de perseguirnos con su cauce, que se desboca y nos arrolla y nos llueve...
Me encanta leerte, PinchelíricoMelancólico.
Besos, abrazos y chanclazos.♡
Te recuerdo camino del río con todos
los pétalos del reloj en tu mochila naranja.
Entonces no sabía que los ríos también sirven
para recordar:
te hubiera retenido un poco más en la corriente
de mis brazos,
que ese tránsito de luminosa humedad fotografiara
las veces que mi boca
te bebió de tus manos de donde caías llena de ti,
catarata cuando no digo lluvia y empiezo a llover.
Pero quién tiene tiempo para pensar en el tiempo
cuando ni siquiera se asoman los veinte
y una blusa mojada sonríe, ceñida, su brevedad,
y los mismos ojos que volaban tan alto
al fin se posan en tu mirada que extiende tu piel
con imposible complicidad deseada: No solo mires. Lánzate al mar. Recuerdo cómo aprendimos a respirarnos bajo el agua,
a nadarnos en el pecho, pez mariposa,
a ser la trasparencia de una gota que corre el mismo punto
de su carrera tantos años después.
No entendía que los ríos nunca tienen sed,
solo memoria.
Es cierro que a veces la memoria es la metáfora de un río.
Es un poema de dulce nostalgia que se mantiene como hilo conductor de principio a fin y es imposible no identificarse con la emotividad de tus palabras.
Es de esos poemas que son todo corazón.
Fue un gusto volver a leerte, Pedro.
Un abrazo y muy feliz inicio de semana.
Te recuerdo camino del río con todos
los pétalos del reloj en tu mochila naranja.
Entonces no sabía que los ríos también sirven
para recordar:
te hubiera retenido un poco más en la corriente
de mis brazos,
que ese tránsito de luminosa humedad fotografiara
las veces que mi boca
te bebió de tus manos de donde caías llena de ti,
catarata cuando no digo lluvia y empiezo a llover.
Pero quién tiene tiempo para pensar en el tiempo
cuando ni siquiera se asoman los veinte
y una blusa mojada sonríe, ceñida, su brevedad,
y los mismos ojos que volaban tan alto
al fin se posan en tu mirada que extiende tu piel
con imposible complicidad deseada: No solo mires. Lánzate al mar. Recuerdo cómo aprendimos a respirarnos bajo el agua,
a nadarnos en el pecho, pez mariposa,
a ser la trasparencia de una gota que corre el mismo punto
de su carrera tantos años después.
No entendía que los ríos nunca tienen sed,
solo memoria.
Te recuerdo camino del río con todos
los pétalos del reloj en tu mochila naranja.
Entonces no sabía que los ríos también sirven
para recordar:
te hubiera retenido un poco más en la corriente
de mis brazos,
que ese tránsito de luminosa humedad fotografiara
las veces que mi boca
te bebió de tus manos de donde caías llena de ti,
catarata cuando no digo lluvia y empiezo a llover.
Pero quién tiene tiempo para pensar en el tiempo
cuando ni siquiera se asoman los veinte
y una blusa mojada sonríe, ceñida, su brevedad,
y los mismos ojos que volaban tan alto
al fin se posan en tu mirada que extiende tu piel
con imposible complicidad deseada: No solo mires. Lánzate al mar. Recuerdo cómo aprendimos a respirarnos bajo el agua,
a nadarnos en el pecho, pez mariposa,
a ser la trasparencia de una gota que corre el mismo punto
de su carrera tantos años después.
No entendía que los ríos nunca tienen sed,
solo memoria.
Los versos finales ponen broche de oro a este hermoso poema. El río puede utilizarse como una buena metáfora para describir la vida y los secretos del amor. Felicidades, Pedro y un abrazo.