elena morado
Poeta que considera el portal su segunda casa
Se miró en el espejo,
se sentía bien.
Llevaba puestos los vaqueros que a ella tanto le gustaban
y la camisa de seda que le regaló en su cuarenta cumpleaños.
Tenía todo dispuesto,
rosas en la mesa y una carta de amor,
hoy era el día.
Las diez en punto. Llamaron a la puerta,
Ahí está!
Abrió y se encontró con Sergio,
camarero de su restaurante preferido,
"espero que disfrute su cena señor".
Cerró la puerta.
Se tiró en el sofá y completamente abatido
empezó a beber,
como todos los viernes desde hacía un año,
desde ese día
en el que Ana,
quedó atrapada entre los hierros de su coche.
Antonia Mauro del Blanco
se sentía bien.
Llevaba puestos los vaqueros que a ella tanto le gustaban
y la camisa de seda que le regaló en su cuarenta cumpleaños.
Tenía todo dispuesto,
rosas en la mesa y una carta de amor,
hoy era el día.
Las diez en punto. Llamaron a la puerta,
Ahí está!
Abrió y se encontró con Sergio,
camarero de su restaurante preferido,
"espero que disfrute su cena señor".
Cerró la puerta.
Se tiró en el sofá y completamente abatido
empezó a beber,
como todos los viernes desde hacía un año,
desde ese día
en el que Ana,
quedó atrapada entre los hierros de su coche.
Antonia Mauro del Blanco
Última edición: