¡Charlatanes!- Les llamo a los sujetos
que se dicen maestros de poesía-,
no saben que este canto es melodía
que esparció el mismo cielo en sus bocetos.
Inventan sus versares muy escuetos,
diciendo que son bella sinfonía;
puros bodrios pregonan día a día,
a quien los creerá poetas netos.
Abusan de los ánimos inquietos,
de quienes bien les toma como guía,
ansiosos de aprender esa armonía
del hermoso versar los vericuetos.
Presumen que dominan los sonetos
y avientan como muestra su falsía,
que: Tónica en novena será vía,
para poner sonetos muy coquetos.
Se meten muchas veces en aprietos,
burlando del versar la fantasía;
se pierde de este dulce la alegría
si en su oda solo alaban sus panfletos.
Ignoro cuáles sean sus objetos
ni el porqué de su maña tan sombría,
sus cantares carentes de eufonía
son muestra del pregón de analfabetos.
Pobres gentes de orgullo están repletos,
son dignos del versar de una elegía,
ignoran que hay un Ser de gran valía,
que ríe de sus cantos obsoletos;
es Dios quién nos derrama sus secretos,
no ostenta su verdad con felonía,
solo abre su universo de maestría,
dejando a los maestros bizcornetos.
que se dicen maestros de poesía-,
no saben que este canto es melodía
que esparció el mismo cielo en sus bocetos.
Inventan sus versares muy escuetos,
diciendo que son bella sinfonía;
puros bodrios pregonan día a día,
a quien los creerá poetas netos.
Abusan de los ánimos inquietos,
de quienes bien les toma como guía,
ansiosos de aprender esa armonía
del hermoso versar los vericuetos.
Presumen que dominan los sonetos
y avientan como muestra su falsía,
que: Tónica en novena será vía,
para poner sonetos muy coquetos.
Se meten muchas veces en aprietos,
burlando del versar la fantasía;
se pierde de este dulce la alegría
si en su oda solo alaban sus panfletos.
Ignoro cuáles sean sus objetos
ni el porqué de su maña tan sombría,
sus cantares carentes de eufonía
son muestra del pregón de analfabetos.
Pobres gentes de orgullo están repletos,
son dignos del versar de una elegía,
ignoran que hay un Ser de gran valía,
que ríe de sus cantos obsoletos;
es Dios quién nos derrama sus secretos,
no ostenta su verdad con felonía,
solo abre su universo de maestría,
dejando a los maestros bizcornetos.
Última edición: