El sol y la luna coqueteaban al crepúsculo del día a día.
Al alba el sol ungía:
+Ahora eres sólo mía y bailarás al son de mi mediodía.
Al ocaso la luna se enternecía:
-Esta nana dispensará tu umbría.
+Ahora eres sólo mía y bailarás al son de mi mediodía.
Al ocaso la luna se enternecía:
-Esta nana dispensará tu umbría.
Un día, una noche y un día.
Día a día con su eterna melodía.
Día a día con su eterna melodía.
Hasta el día en que la luna al cielo inquiría:
- ¡Cielos! Llevo una profecía y no veo el día
en que mi amado, el sol, en mis deseos ardería.
¿Cuál es tu sintonía?
. Dista la brisa que es la esfera de mi sabiduría
viéndoos cual lumbre y cerilla.
A tu prometido, al amanecer, guiñarás el ojo izquierdo
si es feliz, sabrás que te ama,
si al atardecer guiñaras el derecho,
y al día siguiente no lucía, hallarás en tu cama.
-¡Cielos! Eres un encanto.
- ¡Cielos! Llevo una profecía y no veo el día
en que mi amado, el sol, en mis deseos ardería.
¿Cuál es tu sintonía?
. Dista la brisa que es la esfera de mi sabiduría
viéndoos cual lumbre y cerilla.
A tu prometido, al amanecer, guiñarás el ojo izquierdo
si es feliz, sabrás que te ama,
si al atardecer guiñaras el derecho,
y al día siguiente no lucía, hallarás en tu cama.
-¡Cielos! Eres un encanto.
La luna, ese día, con su mejor cara a su amor platicaría:
- Al alba seré menguante. ¿Bailas?
El sol, astro rey de mil lunas, en su pendiente máscara anotaría.
- Al ocaso seré creciente. ¿Bailas?
El sol, harto de mil señorías, el libreto olvidaría.
- Al alba seré menguante. ¿Bailas?
El sol, astro rey de mil lunas, en su pendiente máscara anotaría.
- Al ocaso seré creciente. ¿Bailas?
El sol, harto de mil señorías, el libreto olvidaría.
La luna compungida tornó sola y misteriosa
soñando con uno de los reyes que refulgían,
hallando uno joven y hermoso que en su lecho amanecía.
soñando con uno de los reyes que refulgían,
hallando uno joven y hermoso que en su lecho amanecía.
El sol, ese día, su falta notaría,
sombrío al cielo requeriría:
+¡Celos! La luna ya no es mía.
¿Qué ocurría?
. Reinaste en tus efluvios mundanos
y tu orgullo ya no es humano.
+ ¿Cuál es mi destino?
Sin la luna no soy divino.
. Tórnate tu prohombre
por donde amargan los pepinos
y cuando pronuncies bien mi nombre
a tu amada le dices que ella es tu dama.
Tú su día y ella tu noche.
+ Lo siento cielo, mi ego es mi delirio.
¡Cielos! Eres un lidimento.
sombrío al cielo requeriría:
+¡Celos! La luna ya no es mía.
¿Qué ocurría?
. Reinaste en tus efluvios mundanos
y tu orgullo ya no es humano.
+ ¿Cuál es mi destino?
Sin la luna no soy divino.
. Tórnate tu prohombre
por donde amargan los pepinos
y cuando pronuncies bien mi nombre
a tu amada le dices que ella es tu dama.
Tú su día y ella tu noche.
+ Lo siento cielo, mi ego es mi delirio.
¡Cielos! Eres un lidimento.
Así se hizo el firmamento.
Desde entonces no hay cuento
que no tenga principio y un fin.
Desde entonces no hay cuento
que no tenga principio y un fin.
Por siempre y para siempre este es el cuento de Juan Pimiento, el cuento de nunca acabar; y créanme que no miento, más que lo extrictamente necesario.::
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