kalkbadan
Poeta que considera el portal su segunda casa
CINCUENTA
Una piel de abedul y otra de roble,
dos tangos que en la brisa se desean.
Tres vinos del tirón y en nuestro siglo
cuatro aves migratorias sin fronteras.
Cinco, y me palpo el rostro y me saludo.
¡Seis síes con sus noes!: ¡la consciencia!,
siete soles se estrenan en mi mundo.
Ocho, y el miedo cruje en la madera,
¡nueve rayos nocturnos en mi miedo!,
¡diez lunas enloquecen mis mareas!
Once, y «aprendo» a dominar mis olas.
Doce, mi abuelo con su luz me enseña
trece lecciones de la buena vida.
Catorce primaveras que me entregan
quince flores sin tiempo a cada instante.
Dieciséis: ¡lo que quiero son certezas!
Diecisiete, ¿y si apuesto por quererme?
Dieciocho, ¿y si no existen las certezas?
Diecinueve, y estallan en mi mente
veinte cielos curvados de ginebra,
¡veintiún estrellas de neuronas rojas!
Veintidós..., el tambor del cielo suena;
veintitrés, y te pierdo entre las olas.
Veinticuatro, y de ti ya solo quedan
veinticinco crespones en mi aliento.
¡Veintiséis!, ¡el aliento avanza y sueña!,
¡veintisiete!, ¡y el sueño se hace vida!
Veintiocho, me reencuentro con mis huellas:
¡veintinueve pisadas a mi espalda!,
¡treinta horizontes brillan en mi arena!
Treinta y uno: mi espacio crea el tiempo.
Treinta y dos y descubro la pureza:
treinta y tres primaveras con sus cruces,
treinta y cuatro tinteros a mi vera.
Treinta y cinco, mi alma se hace nido:
¡treinta y seis ramas cimbran mi existencia!
Treinta y siete… y galopo al primer verso.
Treinta y ocho y el tiempo en mí fermenta
treinta y nueve metáforas de luz.
Cuarenta, ¡y esa luz es mi dilema!:
cuarenta «todos» y una inmensa «nada»...
Cuarenta y dos: un mar de paz y piedra.
Cuarenta y tres, y tras mi luz azul
cuarenta y cuatro giros de veleta.
Cuarenta y cinco y llega el puto virus.
Cuarenta y seis y el mundo «se despierta»...
Cuarenta y siete y tiemblo en mi orfandad.
Cuarenta y ocho y «algo» en mí deserta.
Cuarenta y nueve, y se durmió mi madre.
Cincuenta: tu legado es ser quien soy.
Y allá en el horizonte brilla el cero,
¡ese cero creador de la belleza!,
porque lo bello es bello si termina
y la vida aún me corre por las venas.
Kalkbadan
Madrid, 26 de noviembre de 2022
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