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Cincuenta

kalkbadan

Poeta que considera el portal su segunda casa

CINCUENTA


Una piel de abedul y otra de roble,
dos tangos que en la brisa se desean.
Tres vinos del tirón y en nuestro siglo
cuatro aves migratorias sin fronteras.
Cinco, y me palpo el rostro y me saludo.
¡Seis síes con sus noes!: ¡la consciencia!,
siete soles se estrenan en mi mundo.
Ocho, y el miedo cruje en la madera,
¡nueve rayos nocturnos en mi miedo!,
¡diez lunas enloquecen mis mareas!
Once, y «aprendo» a dominar mis olas.
Doce, mi abuelo con su luz me enseña
trece lecciones de la buena vida.
Catorce primaveras que me entregan
quince flores sin tiempo a cada instante.
Dieciséis: ¡lo que quiero son certezas!
Diecisiete, ¿y si apuesto por quererme?
Dieciocho, ¿y si no existen las certezas?
Diecinueve, y estallan en mi mente
veinte cielos curvados de ginebra,
¡veintiún estrellas de neuronas rojas!
Veintidós..., el tambor del cielo suena;
veintitrés, y te pierdo entre las olas.
Veinticuatro, y de ti ya solo quedan
veinticinco crespones en mi aliento.
¡Veintiséis!, ¡el aliento avanza y sueña!,
¡veintisiete!, ¡y el sueño se hace vida!
Veintiocho, me reencuentro con mis huellas:
¡veintinueve pisadas a mi espalda!,
¡treinta horizontes brillan en mi arena!
Treinta y uno: mi espacio crea el tiempo.
Treinta y dos y descubro la pureza:
treinta y tres primaveras con sus cruces,
treinta y cuatro tinteros a mi vera.
Treinta y cinco, mi alma se hace nido:
¡treinta y seis ramas cimbran mi existencia!
Treinta y siete… y galopo al primer verso.
Treinta y ocho y el tiempo en mí fermenta
treinta y nueve metáforas de luz.
Cuarenta, ¡y esa luz es mi dilema!:
cuarenta «todos» y una inmensa «nada»...
Cuarenta y dos: un mar de paz y piedra.
Cuarenta y tres, y tras mi luz azul
cuarenta y cuatro giros de veleta.
Cuarenta y cinco y llega el puto virus.
Cuarenta y seis y el mundo «se despierta»...
Cuarenta y siete y tiemblo en mi orfandad.
Cuarenta y ocho y «algo» en mí deserta.
Cuarenta y nueve, y se durmió mi madre.
Cincuenta: tu legado es ser quien soy.

Y allá en el horizonte brilla el cero,
¡ese cero creador de la belleza!,
porque lo bello es bello si termina
y la vida aún me corre por las venas.

Kalkbadan
Madrid, 26 de noviembre de 2022


 
Última edición:
CUARENTA Y CUATRO

Una piel de abedul y otra de roble,
dos tangos que en la brisa se desean.
Tres vinos del tirón y en nuestro nido
cuatro aves migratorias sin fronteras.
Cinco, y me palpo el rostro y me saludo.
¡Seis síes con sus noes!: ¡la consciencia!,
siete soles se estrenan en mi mundo.
Ocho, y el miedo cruje en mi madera,
¡nueve rayos nocturnos en mi miedo!,
¡diez lunas enloquecen mis mareas!
Once, y «aprendo» a dominar mis olas.
Doce, mi abuelo con su luz me enseña
trece lecciones de la buena vida.
Catorce primaveras que me entregan
quince flores sin tiempo a cada instante.
Dieciséis: ¡lo que quiero son certezas!
Diecisiete, ¿y si apuesto por quererme?
Dieciocho, ¿y si no existen las certezas?
Diecinueve, y estallan en mi mente
veinte cielos curvados de ginebra,
¡veintiún estrellas de neuronas rojas!
Veintidós, el tambor del cielo truena;
¡veintitrés soles y te fuiste, padre!
Veinticuatro y te busco entre la niebla,
veinticinco crespones me dejaste.
¡Veintiséis!, la vida avanza y sueña,
¡veintisiete!, ¡y el sueño se hace vida!
Veintiocho, me reencuentro con mis huellas:
¡veintinueve pisadas a mi espalda!,
¡treinta horizontes brillan en mi arena!
Treinta y uno: mi espacio crea el tiempo.
Treinta y dos y descubro la belleza:
treinta y tres primaveras con sus cruces,
treinta y cuatro tinteros a mi vera.
Treinta y cinco, mi alma se hace nido:
¡treinta y seis ramas cimbran mi existencia!
Treinta y siete… y galopo al primer verso.
Treinta y ocho y el tiempo en mí fermenta
treinta y nueve metáforas de luz.
Cuarenta, ¡esa luz es mi dilema!:
cuarenta «todos» y una inmensa «nada».
Cuarenta y dos: un mar de paz y piedra.
Cuarenta y tres, y tras mi luz azul
cuarenta y cuatro giros de veleta.

Y allá en el horizonte brilla el cero,
¡ese cero creador de la belleza!,
porque lo bello es bello si termina
y la vida aún me corre por las venas.

Kalkbadan
En Madrid, a 6 de abril de 2019

CUARENTA Y CUATRO

Una piel de abedul y otra de roble,
dos tangos que en la brisa se desean.
Tres vinos del tirón y en nuestro nido
cuatro aves migratorias sin fronteras.
Cinco, y me palpo el rostro y me saludo.
¡Seis síes con sus noes!: ¡la consciencia!,
siete soles se estrenan en mi mundo.
Ocho, y el miedo cruje en mi madera,
¡nueve rayos nocturnos en mi miedo!,
¡diez lunas enloquecen mis mareas!
Once, y «aprendo» a dominar mis olas.
Doce, mi abuelo con su luz me enseña
trece lecciones de la buena vida.
Catorce primaveras que me entregan
quince flores sin tiempo a cada instante.
Dieciséis: ¡lo que quiero son certezas!
Diecisiete, ¿y si apuesto por quererme?
Dieciocho, ¿y si no existen las certezas?
Diecinueve, y estallan en mi mente
veinte cielos curvados de ginebra,
¡veintiún estrellas de neuronas rojas!
Veintidós, el tambor del cielo truena;
¡veintitrés soles y te fuiste, padre!
Veinticuatro y te busco entre la niebla,
veinticinco crespones me dejaste.
¡Veintiséis!, la vida avanza y sueña,
¡veintisiete!, ¡y el sueño se hace vida!
Veintiocho, me reencuentro con mis huellas:
¡veintinueve pisadas a mi espalda!,
¡treinta horizontes brillan en mi arena!
Treinta y uno: mi espacio crea el tiempo.
Treinta y dos y descubro la belleza:
treinta y tres primaveras con sus cruces,
treinta y cuatro tinteros a mi vera.
Treinta y cinco, mi alma se hace nido:
¡treinta y seis ramas cimbran mi existencia!
Treinta y siete… y galopo al primer verso.
Treinta y ocho y el tiempo en mí fermenta
treinta y nueve metáforas de luz.
Cuarenta, ¡esa luz es mi dilema!:
cuarenta «todos» y una inmensa «nada».
Cuarenta y dos: un mar de paz y piedra.
Cuarenta y tres, y tras mi luz azul
cuarenta y cuatro giros de veleta.

Y allá en el horizonte brilla el cero,
¡ese cero creador de la belleza!,
porque lo bello es bello si termina
y la vida aún me corre por las venas.

Kalkbadan
En Madrid, a 6 de abril de 2019
Original reflexión sobre las etapas de tu vida. Me gusta la forma en que has sintetizado tanto en cada verso.
Deduzco que te entró el uso de razón a los seis o siete años.
Tu abuelo fué importante en tu pubertad, a los catorce empezaste a enamorarte, a los diecinueve botellones, a los veintitrés perdiste a tu padre ( demasiado joven aún, siento que fuera así), a los treinta te enamoraste como un loco, a los treinta y pocos empezaste a dedicarle tiempo a la poesía,....
............a los cuarenta y cuatro piensas en serio en la muerte.

¡Pero te quedan veintidos años para mis cálculos
( hasta donde conozco el camino), en que la vida sigue siendo muy hermosa!
Un abrazo, Kalkbdam.
Jazmín
 
Última edición por un moderador:
CUARENTA Y CUATRO

Una piel de abedul y otra de roble,
dos tangos que en la brisa se desean.
Tres vinos del tirón y en nuestro nido
cuatro aves migratorias sin fronteras.
Cinco, y me palpo el rostro y me saludo.
¡Seis síes con sus noes!: ¡la consciencia!,
siete soles se estrenan en mi mundo.
Ocho, y el miedo cruje en mi madera,
¡nueve rayos nocturnos en mi miedo!,
¡diez lunas enloquecen mis mareas!
Once, y «aprendo» a dominar mis olas.
Doce, mi abuelo con su luz me enseña
trece lecciones de la buena vida.
Catorce primaveras que me entregan
quince flores sin tiempo a cada instante.
Dieciséis: ¡lo que quiero son certezas!
Diecisiete, ¿y si apuesto por quererme?
Dieciocho, ¿y si no existen las certezas?
Diecinueve, y estallan en mi mente
veinte cielos curvados de ginebra,
¡veintiún estrellas de neuronas rojas!
Veintidós, el tambor del cielo truena;
¡veintitrés soles y te fuiste, padre!
Veinticuatro y te busco entre la niebla,
veinticinco crespones me dejaste.
¡Veintiséis!, la vida avanza y sueña,
¡veintisiete!, ¡y el sueño se hace vida!
Veintiocho, me reencuentro con mis huellas:
¡veintinueve pisadas a mi espalda!,
¡treinta horizontes brillan en mi arena!
Treinta y uno: mi espacio crea el tiempo.
Treinta y dos y descubro la belleza:
treinta y tres primaveras con sus cruces,
treinta y cuatro tinteros a mi vera.
Treinta y cinco, mi alma se hace nido:
¡treinta y seis ramas cimbran mi existencia!
Treinta y siete… y galopo al primer verso.
Treinta y ocho y el tiempo en mí fermenta
treinta y nueve metáforas de luz.
Cuarenta, ¡esa luz es mi dilema!:
cuarenta «todos» y una inmensa «nada».
Cuarenta y dos: un mar de paz y piedra.
Cuarenta y tres, y tras mi luz azul
cuarenta y cuatro giros de veleta.

Y allá en el horizonte brilla el cero,
¡ese cero creador de la belleza!,
porque lo bello es bello si termina
y la vida aún me corre por las venas.

Kalkbadan
En Madrid, a 6 de abril de 2019
Apreciado y admirado Andreas, es una alegría encontrarme, en este atardecer del sábado, con tan hermoso y conmovedor Romance Heroico.Esa huella de los años que han forjado tu esencia de poeta, con tus alegrias y tus penas.
Brillas, Andreas, siempre lo haces, con cada entrega.Una suerte encontrarme hoy con tus versos, que me devuelven una vez más la fe en la buena poesia. Todo el poema tiene versos destacables, este por ejemplo, me ha encantado:"dos tangos que en la brisa se desean"¡precioso! como cada uno de ellos lleva a lomos, una parte de la historia de tu vida, elijo esta estrofa final porque me parece un excelente cierre.
Y allá en el horizonte brilla el cero,
¡ese cero creador de la belleza!,

porque lo bello es bello si termina
y la vida aún me corre por las venas.

Gracias por compartirnos tu arte.
Un abrazo.
Isabel

Y para tu cumpleaños, si lo es, ¡¡Felicidades!!
 
Última edición:
Original reflexión sobre las etapas de tu vida. Me gusta la forma en que has sintetizado tanto en cada verso.
Deduzco que te entró el uso de razón a los seis o siete años.
Tu abuelo fué importante en tu pubertad, a los catorce empezaste a enamorarte, a los diecinueve botellones, a los veintitrés perdiste a tu padre ( demasiado joven aún, siento que fuera así), a los treinta te enamoraste como un loco, a los treinta y pocos empezaste a dedicarle tiempo a la poesía,....
............a los cuarenta y cuatro piensas en serio en la muerte.

¡Pero te quedan veintidos años para mis cálculos
( hasta donde conozco el camino), en que la vida sigue siendo muy hermosa!
Un abrazo, Kalkbdam.
Jazmín

¡Hola, Jazmín! Agradezco mucho tu atenta lectura, compañera; me encanta cómo la poesía crea nuevos poemas en el pecho de quién los lee.
Efectivamente hay una edad en la que la finitud de la vida se hace muy presente; buen resorte ese golpe de consciencia para aprovechar aquellos buenos momentos.
¡Un abrazo y sigue bien!
 
Apreciado y admirado Andreas, es una alegría encontrarme, en este atardecer del sábado, con tan hermoso y conmovedor Romance Heroico.Esa huella de los años que han forjado tu esencia de poeta, con tus alegrias y tus penas.
Brillas, Andreas, siempre lo haces, con cada entrega.Una suerte encontrarme hoy con tus versos, que me devuelven una vez más la fe en la buena poesia. Todo el poema tiene versos destacables, este por ejemplo, me ha encantado:"dos tangos que en la brisa se desean"¡precioso! como cada uno de ellos lleva a lomos, una parte de la historia de tu vida, elijo esta estrofa final porque me parece un excelente cierre.
Y allá en el horizonte brilla el cero,
¡ese cero creador de la belleza!,

porque lo bello es bello si termina
y la vida aún me corre por las venas.

Gracias por compartirnos tu arte.
Un abrazo.
Isabel

Y para tu cumpleaños, si lo es, ¡¡Felicidades!!

¡Isabel! Me alegra enormemente que te gustara este poema. Un ramillete de versos a modo de semblanza de lo que uno recuerda de su vida.
Resulta sanador en ocasiones mirar hacia atrás. Gracias a ti siempre por tu ternura, compi.
¡Un abrazo!
 
CUARENTA Y CUATRO

Una piel de abedul y otra de roble,
dos tangos que en la brisa se desean.
Tres vinos del tirón y en nuestro nido
cuatro aves migratorias sin fronteras.
Cinco, y me palpo el rostro y me saludo.
¡Seis síes con sus noes!: ¡la consciencia!,
siete soles se estrenan en mi mundo.
Ocho, y el miedo cruje en mi madera,
¡nueve rayos nocturnos en mi miedo!,
¡diez lunas enloquecen mis mareas!
Once, y «aprendo» a dominar mis olas.
Doce, mi abuelo con su luz me enseña
trece lecciones de la buena vida.
Catorce primaveras que me entregan
quince flores sin tiempo a cada instante.
Dieciséis: ¡lo que quiero son certezas!
Diecisiete, ¿y si apuesto por quererme?
Dieciocho, ¿y si no existen las certezas?
Diecinueve, y estallan en mi mente
veinte cielos curvados de ginebra,
¡veintiún estrellas de neuronas rojas!
Veintidós, el tambor del cielo suena;
¡veintitrés soles y te fuiste, padre!
Veinticuatro y tus olas atraviesan
veinticinco crespones en mi aliento.
¡Veintiséis!, la vida avanza y sueña,
¡veintisiete!, ¡y el sueño se hace vida!
Veintiocho, me reencuentro con mis huellas:
¡veintinueve pisadas a mi espalda!,
¡treinta horizontes brillan en mi arena!
Treinta y uno: mi espacio crea el tiempo.
Treinta y dos y descubro la belleza:
treinta y tres primaveras con sus cruces,
treinta y cuatro tinteros a mi vera.
Treinta y cinco, mi alma se hace nido:
¡treinta y seis ramas cimbran mi existencia!
Treinta y siete… y galopo al primer verso.
Treinta y ocho y el tiempo en mí fermenta
treinta y nueve metáforas de luz.
Cuarenta, ¡esa luz es mi dilema!:
cuarenta «todos» y una inmensa «nada».
Cuarenta y dos: un mar de paz y piedra.
Cuarenta y tres, y tras mi luz azul
cuarenta y cuatro giros de veleta.

Y allá en el horizonte brilla el cero,
¡ese cero creador de la belleza!,
porque lo bello es bello si termina
y la vida aún me corre por las venas.

Kalkbadan
En Madrid, a 6 de abril de 2019
Espero que vuelvas, año tras año, sumándole versos a está historia inconclusa. Saludos cordiales, Kalkbadan.
 
CUARENTA Y CUATRO

Una piel de abedul y otra de roble,
dos tangos que en la brisa se desean.
Tres vinos del tirón y en nuestro nido
cuatro aves migratorias sin fronteras.
Cinco, y me palpo el rostro y me saludo.
¡Seis síes con sus noes!: ¡la consciencia!,
siete soles se estrenan en mi mundo.
Ocho, y el miedo cruje en mi madera,
¡nueve rayos nocturnos en mi miedo!,
¡diez lunas enloquecen mis mareas!
Once, y «aprendo» a dominar mis olas.
Doce, mi abuelo con su luz me enseña
trece lecciones de la buena vida.
Catorce primaveras que me entregan
quince flores sin tiempo a cada instante.
Dieciséis: ¡lo que quiero son certezas!
Diecisiete, ¿y si apuesto por quererme?
Dieciocho, ¿y si no existen las certezas?
Diecinueve, y estallan en mi mente
veinte cielos curvados de ginebra,
¡veintiún estrellas de neuronas rojas!
Veintidós, el tambor del cielo suena;
¡veintitrés soles y te fuiste, padre!
Veinticuatro, y tus olas atraviesan
veinticinco horizontes en mi aliento.
¡Veintiséis!, la vida avanza y sueña,
¡veintisiete!, ¡y el sueño se hace vida!
Veintiocho, me reencuentro con mis huellas:
¡veintinueve pisadas a mi espalda!,
¡treinta horizontes brillan en mi arena!
Treinta y uno: mi espacio crea el tiempo.
Treinta y dos y descubro la belleza:
treinta y tres primaveras con sus cruces,
treinta y cuatro tinteros a mi vera.
Treinta y cinco, mi alma se hace nido:
¡treinta y seis ramas cimbran mi existencia!
Treinta y siete… y galopo al primer verso.
Treinta y ocho y el tiempo en mí fermenta
treinta y nueve metáforas de luz.
Cuarenta, ¡esa luz es mi dilema!:
cuarenta «todos» y una inmensa «nada».
Cuarenta y dos: un mar de paz y piedra.
Cuarenta y tres, y tras mi luz azul
cuarenta y cuatro giros de veleta.

Y allá en el horizonte brilla el cero,
¡ese cero creador de la belleza!,
porque lo bello es bello si termina
y la vida aún me corre por las venas.

Kalkbadan
En Madrid, a 6 de abril de 2019
Yo tenía muy claro que eres de letras, compañero,
pero resulta que los números te salen genial
y los "giros de veleta", también los giros...

"Y allá en el horizonte brilla el cero,
¡ese cero creador de la belleza!,
porque lo bello es bello si termina
y la vida aún me corre por las venas."
Qué buen cierre, Andreas,
qué bien te sienta abril...

Un abrazo, amigo.
 
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Yo tenía muy claro que eres de letras, compañero,
pero resulta que los números te salen genial
y los "giros de veleta", también los giros...

"Y allá en el horizonte brilla el cero,
¡ese cero creador de la belleza!,
porque lo bello es bello si termina
y la vida aún me corre por las venas."
Qué buen cierre, Andreas,
qué bien te sienta abril...

Un abrazo, amigo.

¡Querida Rosario! Qué bien me sienta saberte entre mis letras, amiga.
Sigamos haciendo girar la veleta, compi.
Un abrazo, y que te cunda la primavera.
 
CUARENTA Y CUATRO

Una piel de abedul y otra de roble,
dos tangos que en la brisa se desean.
Tres vinos del tirón y en nuestro nido
cuatro aves migratorias sin fronteras.
Cinco, y me palpo el rostro y me saludo.
¡Seis síes con sus noes!: ¡la consciencia!,
siete soles se estrenan en mi mundo.
Ocho, y el miedo cruje en mi madera,
¡nueve rayos nocturnos en mi miedo!,
¡diez lunas enloquecen mis mareas!
Once, y «aprendo» a dominar mis olas.
Doce, mi abuelo con su luz me enseña
trece lecciones de la buena vida.
Catorce primaveras que me entregan
quince flores sin tiempo a cada instante.
Dieciséis: ¡lo que quiero son certezas!
Diecisiete, ¿y si apuesto por quererme?
Dieciocho, ¿y si no existen las certezas?
Diecinueve, y estallan en mi mente
veinte cielos curvados de ginebra,
¡veintiún estrellas de neuronas rojas!
Veintidós..., el tambor del cielo suena;
veintitrés, y te pierdo entre las olas.
Veinticuatro, y de ti ya solo quedan
veinticinco crespones en mi aliento.
¡Veintiséis!, ¡la vida avanza y sueña!,
¡veintisiete!, ¡y el sueño se hace vida!
Veintiocho, me reencuentro con mis huellas:
¡veintinueve pisadas a mi espalda!,
¡treinta horizontes brillan en mi arena!
Treinta y uno: mi espacio crea el tiempo.
Treinta y dos y descubro la belleza:
treinta y tres primaveras con sus cruces,
treinta y cuatro tinteros a mi vera.
Treinta y cinco, mi alma se hace nido:
¡treinta y seis ramas cimbran mi existencia!
Treinta y siete… y galopo al primer verso.
Treinta y ocho y el tiempo en mí fermenta
treinta y nueve metáforas de luz.
Cuarenta, ¡esa luz es mi dilema!:
cuarenta «todos» y una inmensa «nada»...
Cuarenta y dos: un mar de paz y piedra.
Cuarenta y tres, y tras mi luz azul
cuarenta y cuatro giros de veleta.

Y allá en el horizonte brilla el cero,
¡ese cero creador de la belleza!,
porque lo bello es bello si termina
y la vida aún me corre por las venas.

Kalkbadan
En Madrid, a 6 de abril de 2019

Entonces ahora sé porque soy una inmensa nada, reflexiva composición nos dejas, saludos
 
¡Qué barbaridad de poema, Andreas, que forma más hermosa de ir dando como un reloj no doce ni veinticuatro campanadas, sino cuarenta y cuatro abriles si es que fue abril el mes que te saludó cuando llegaste.
Ese ir rimando en asonantes diferentes los versos pares de cuatro en cuatro versos (curioso ese 44 que se forma al definir las rimas) y todo ello con el alto lirismo de tu estilo, ha hecho de este poema un muy alto culmen de tu poesía; te ha quedado bordado; muestras aquí el alto lirismo de tu "elán vital", que diría Bergson o, para que me entiendan quienes no conozcan este extranjerismo, la arrolladora fuerza de tu poesía.

Te felicito de veras por ello, poeta.

Un abrazo.


CUARENTA Y CUATRO

Una piel de abedul y otra de roble,
dos tangos que en la brisa se desean.
Tres vinos del tirón y en nuestro nido
cuatro aves migratorias sin fronteras.
Cinco, y me palpo el rostro y me saludo.
¡Seis síes con sus noes!: ¡la consciencia!,
siete soles se estrenan en mi mundo.
Ocho, y el miedo cruje en la madera,
¡nueve rayos nocturnos en mi miedo!,
¡diez lunas enloquecen mis mareas!
Once, y «aprendo» a dominar mis olas.
Doce, mi abuelo con su luz me enseña
trece lecciones de la buena vida.
Catorce primaveras que me entregan
quince flores sin tiempo a cada instante.
Dieciséis: ¡lo que quiero son certezas!
Diecisiete, ¿y si apuesto por quererme?
Dieciocho, ¿y si no existen las certezas?
Diecinueve, y estallan en mi mente
veinte cielos curvados de ginebra,
¡veintiún estrellas de neuronas rojas!
Veintidós..., el tambor del cielo suena;
veintitrés, y te pierdo entre las olas.
Veinticuatro, y de ti ya solo quedan
veinticinco crespones en mi aliento.
¡Veintiséis!, ¡la vida avanza y sueña!,
¡veintisiete!, ¡y el sueño se hace vida!
Veintiocho, me reencuentro con mis huellas:
¡veintinueve pisadas a mi espalda!,
¡treinta horizontes brillan en mi arena!
Treinta y uno: mi espacio crea el tiempo.
Treinta y dos y descubro la belleza:
treinta y tres primaveras con sus cruces,
treinta y cuatro tinteros a mi vera.
Treinta y cinco, mi alma se hace nido:
¡treinta y seis ramas cimbran mi existencia!
Treinta y siete… y galopo al primer verso.
Treinta y ocho y el tiempo en mí fermenta
treinta y nueve metáforas de luz.
Cuarenta, ¡esa luz es mi dilema!:
cuarenta «todos» y una inmensa «nada»...
Cuarenta y dos: un mar de paz y piedra.
Cuarenta y tres, y tras mi luz azul
cuarenta y cuatro giros de veleta.

Y allá en el horizonte brilla el cero,
¡ese cero creador de la belleza!,
porque lo bello es bello si termina
y la vida aún me corre por las venas.

Kalkbadan
En Madrid, a 6 de abril de 2019

 
¡Qué barbaridad de poema, Andreas, que forma más hermosa de ir dando como un reloj no doce ni veinticuatro campanadas, sino cuarenta y cuatro abriles si es que fue abril el mes que te saludó cuando llegaste.
Ese ir rimando en asonantes diferentes los versos pares de cuatro en cuatro versos (curioso ese 44 que se forma al definir las rimas) y todo ello con el alto lirismo de tu estilo, ha hecho de este poema un muy alto culmen de tu poesía; te ha quedado bordado; muestras aquí el alto lirismo de tu "elán vital", que diría Bergson o, para que me entiendan quienes no conozcan este extranjerismo, la arrolladora fuerza de tu poesía.

Te felicito de veras por ello, poeta.

Un abrazo.

¡Querido Juan! Una alegría saber que los versos fueron de tu gusto. Es un poema muy condicionado por su forma y de la que es difícil que salga algo poéticamente decente; pero en este caso me quedo bastante satisfecho con el regusto obsesivo y extraño que me deja la lectura de estos versos, emparejado con lo insólito y misterioso que resulta esa secuencia de pasado-presente-futuro (recuerdo un delicioso intercambio contigo acerca de ese tiempo que nos habita). Cada año, una estaca de recuerdo, cuarenta y cuatro versos, ¡cómo pasa el tiempo, compañero!
Un abrazo y feliz primavera.
 
CUARENTA Y CUATRO

Una piel de abedul y otra de roble,
dos tangos que en la brisa se desean.
Tres vinos del tirón y en nuestro nido
cuatro aves migratorias sin fronteras.
Cinco, y me palpo el rostro y me saludo.
¡Seis síes con sus noes!: ¡la consciencia!,
siete soles se estrenan en mi mundo.
Ocho, y el miedo cruje en la madera,
¡nueve rayos nocturnos en mi miedo!,
¡diez lunas enloquecen mis mareas!
Once, y «aprendo» a dominar mis olas.
Doce, mi abuelo con su luz me enseña
trece lecciones de la buena vida.
Catorce primaveras que me entregan
quince flores sin tiempo a cada instante.
Dieciséis: ¡lo que quiero son certezas!
Diecisiete, ¿y si apuesto por quererme?
Dieciocho, ¿y si no existen las certezas?
Diecinueve, y estallan en mi mente
veinte cielos curvados de ginebra,
¡veintiún estrellas de neuronas rojas!
Veintidós..., el tambor del cielo suena;
veintitrés, y te pierdo entre las olas.
Veinticuatro, y de ti ya solo quedan
veinticinco crespones en mi aliento.
¡Veintiséis!, ¡la vida avanza y sueña!,
¡veintisiete!, ¡y el sueño se hace vida!
Veintiocho, me reencuentro con mis huellas:
¡veintinueve pisadas a mi espalda!,
¡treinta horizontes brillan en mi arena!
Treinta y uno: mi espacio crea el tiempo.
Treinta y dos y descubro la belleza:
treinta y tres primaveras con sus cruces,
treinta y cuatro tinteros a mi vera.
Treinta y cinco, mi alma se hace nido:
¡treinta y seis ramas cimbran mi existencia!
Treinta y siete… y galopo al primer verso.
Treinta y ocho y el tiempo en mí fermenta
treinta y nueve metáforas de luz.
Cuarenta, ¡esa luz es mi dilema!:
cuarenta «todos» y una inmensa «nada»...
Cuarenta y dos: un mar de paz y piedra.
Cuarenta y tres, y tras mi luz azul
cuarenta y cuatro giros de veleta.

Y allá en el horizonte brilla el cero,
¡ese cero creador de la belleza!,
porque lo bello es bello si termina
y la vida aún me corre por las venas.

Kalkbadan
En Madrid, a 6 de abril de 2019

Muy original. Un gusto leerte.
Saludos.
 
¡Querido Juan! Una alegría saber que los versos fueron de tu gusto. Es un poema muy condicionado por su forma y de la que es difícil que salga algo poéticamente decente; pero en este caso me quedo bastante satisfecho con el regusto obsesivo y extraño que me deja la lectura de estos versos, emparejado con lo insólito y misterioso que resulta esa secuencia de pasado-presente-futuro (recuerdo un delicioso intercambio contigo acerca de ese tiempo que nos habita). Cada año, una estaca de recuerdo, cuarenta y cuatro versos, ¡cómo pasa el tiempo, compañero!
Un abrazo y feliz primavera.

Estaba leyendo esto y tienes razón. Creo que el "dilema poético" empieza con los 20 por la repetición.
Pocas veces me queda esa sensación de que todos los versos por separado son muy buenos.

Un abrazo.
 
Jajaja: eres un bebe... Me has recordado a la enorme Violeta con este tour de force, en aquella centésima que empieza

Una vez que me asediaste
dos juramentos me hiciste,
tres lagrimones vertiste,
cuatro gemidos sacaste,
cinco minutos dudaste,
seis más porque no te vi;
siete pedazos de mí,
ocho razones me aquejan,
nueve mentiras me alejan,
diez que en tu boca sentí.

Once cadenas me amarran,
doce quieren desprenderme,
trece podrán detenerme,
catorce que me desgarran;
quince perversos embarran
mis dieciséis esperanzas,
las diecisiete mudanzas
dieciocho penas me dan,
diecinueve me aguardarán
veinte más que ya me alcanzan.

....................................................

Hay años mucho más largos que otros, la regularidad de tus versos oculta un poco eso...

abrazo
Jorge
 
Última edición:
Jajaja: eres un bebe... Me has recordado a la enorme Violeta con este tour de force, en aquella centésima que empieza

Una vez que me asediaste
dos juramentos me hiciste,
tres lagrimones vertiste,
cuatro gemidos sacaste,
cinco minutos dudaste,
seis más porque no te vi;
siete pedazos de mí,
ocho razones me aquejan,
nueve mentiras me alejan,
diez que en tu boca sentí.

Once cadenas me amarran,
doce quieren desprenderme,
trece podrán detenerme,
catorce que me desgarran;
quince perversos embarran
mis dieciséis esperanzas,
las diecisiete mudanzas
dieciocho penas me dan,
diecinueve me aguardarán
veinte más que ya me alcanzan.

....................................................

Hay años mucho más largos que otros, la regularidad de tus versos oculta un poco eso...

abrazo
Jorge

¡Compañero! La respuesta a este comentario me lo guardé para este día, en el que completo cuarenta y cinco giros al astro.
Tenía preparado el verso que le tocaba a este año. Pero lo leí hoy y me pareció muy tremendo, jaja. Creo que me daré un tiempo para poder regalarme un verso más luminoso. ¡Un abrazo!
 
CUARENTA Y CUATRO

Una piel de abedul y otra de roble,
dos tangos que en la brisa se desean.
Tres vinos del tirón y en nuestro nido
cuatro aves migratorias sin fronteras. *
Cinco, y me palpo el rostro y me saludo.
¡Seis síes con sus noes!: ¡la consciencia!,
siete soles se estrenan en mi mundo.
Ocho, y el miedo cruje en la madera,
¡nueve rayos nocturnos en mi miedo!,
¡diez lunas enloquecen mis mareas!
Once, y «aprendo» a dominar mis olas.
Doce, mi abuelo con su luz me enseña
trece lecciones de la buena vida.
Catorce primaveras que me entregan
quince flores sin tiempo a cada instante.
Dieciséis: ¡lo que quiero son certezas! *
Diecisiete, ¿y si apuesto por quererme?
Dieciocho, ¿y si no existen las certezas? *
Diecinueve, y estallan en mi mente
veinte cielos curvados de ginebra,
¡veintiún estrellas de neuronas rojas!
Veintidós..., el tambor del cielo suena;
veintitrés, y te pierdo entre las olas.
Veinticuatro, y de ti ya solo quedan
veinticinco crespones en mi aliento.
¡Veintiséis!, ¡la vida avanza y sueña!,
[10]
¡veintisiete!, ¡y el sueño se hace vida!
Veintiocho, me reencuentro con mis huellas:
¡veintinueve pisadas a mi espalda!,
¡treinta horizontes brillan en mi arena!
Treinta y uno: mi espacio crea el tiempo.
Treinta y dos y descubro la belleza:
treinta y tres primaveras con sus cruces,
treinta y cuatro tinteros a mi vera.
Treinta y cinco, mi alma se hace nido:
¡treinta y seis ramas cimbran mi existencia!
Treinta y siete… y galopo al primer verso.
Treinta y ocho y el tiempo en mí fermenta
treinta y nueve metáforas de luz.
Cuarenta, ¡esa luz es mi dilema!: [10]
cuarenta «todos» y una inmensa «nada»...
Cuarenta y dos: un mar de paz y piedra.
Cuarenta y tres, y tras mi luz azul
cuarenta y cuatro giros de veleta.

Y allá en el horizonte brilla el cero,
¡ese cero creador de la belleza!,
porque lo bello es bello si termina
y la vida aún me corre por las venas.

Kalkbadan
En Madrid, a 6 de abril de 2019
¡Tremenda y hermosa retahíla poética, Andreas! Me encantan estos temas donde la inspiración corre con la fuerza de un río; el inevitable deslave de la palabra; la fuerza lírica abrazada a la forma de manera perfecta y armoniosa. No es fácil subvocalizar la medida del verso e irlo construyendo con los cardinales siempre al inicio. Qué rara coincidencia: más del 70% de los pares del romance terminan en sustantivo. Es la naturaleza de nuestra lengua, rica, densa, voluptuosa y flexible.
Enorme poema, mi querido amigo. ¡Felicidades!
 
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¡Tremenda y hermosa retahíla poética, Andreas! Me encantan estos temas donde la inspiración corre con la fuerza de un río; el inevitable deslave de la palabra; la fuerza lírica abrazada a la forma de manera perfecta y armoniosa. No es fácil subvocalizar la medida del verso e irlo construyendo con los cardinales siempre al inicio. Qué rara coincidencia: más del 70% de los pares del romance terminan en sustantivo. Es la naturaleza de nuestra lengua, rica, densa, voluptuosa y flexible.
Enorme poema, mi querido amigo. ¡Felicidades!

¡Gracias, mi querido Elhi! Desde ya estoy puliendo los versos que me remarcas en la cita.
Contento con mis 45 giros astrales. ¡Y a seguir!
Un abrazo fuerte.
 
Última edición:
Estaba leyendo esto y tienes razón. Creo que el "dilema poético" empieza con los 20 por la repetición.
Pocas veces me queda esa sensación de que todos los versos por separado son muy buenos.

Un abrazo.
¿Qué tal vas, Sergio? Espero que todo en orden, compañero. Tiempo sin verte por aquí.
Voy «guardando» comentarios para añadir un versito por cumpleaños en este poema.
Abrazo fuerte.
 

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