Cecilya
Cecy
—Sos importante acá adentro, profe...— dice Blanca tocándose el corazón, mientras levanta la vista y encuentra la mirada de Juan después de haber estado recostada durante algunos minutos sobre su pecho sin decir una sola palabra, exponiéndolo al aroma de su pelo que huele rico, a una mezcla de perfumes suaves que por suerte, él no puede identificar. Y prefiere que permanezcan así como enigmas para que ella siga siendo su compañera de los misterios, para que siempre le quede alguna pequeña cosa para descifrarle y sorprenderse.
Juan respeta los silencios de Blanca, esas pausas de pensamiento, de análisis meticuloso, sabe bien que lo estudia y que cuando regresa de su viaje privado y mental, lo vuelve a elegir, lo convalida, y por si fuera poco, le dice algo que sabe perfectamente que le va a movilizar las emociones. Todas; desde la más naíf, hasta la más voraz.
Juan cree que sus palabras expresan menos de lo que en realidad ella quiere decirle y que por eso le otorga una especie de compensación, que por eso lo besa en la frente después de acariciar y acomodar un mechón de su cabello como si él fuera un chico de escuela primaria y ella una maestra dulce de esas que nunca se olvidan aunque pasen los años.
Apunta directo a una ternura que durará muy poco.
Blanca le reparte bastantes besos por las mejillas, muchos besos que hacen ruido y se divierte viendo el modo en que Juan disfruta, cómo se afloja y deja salir su mejor versión.
—¿Qué clase de besos me da, profesora?—le pregunta a propósito, solo para que se manifieste en sus facciones una expresión interesante y creativa que luego pueda convertirse en aperitivo, en el paso previo y perfecto para la tarde ideada como un banquete para los sentidos, como cada vez que ambos deciden estar juntos.
—Hay varias clases de besos, estimado, ¿es docente y no lo sabe? Me extraña de usted…—responde haciendo un intento de seriedad que por supuesto no consigue, y entonces estalla su risa de partitura que para él es una invitación. Así la toma. Es música y armonía.
Es un llamado al que acude para trepar sin demora a su cuerpo claro de enredadera sin dejar un segundo de enfocarse en sus ojos inmensos.
Van a jugar fuerte. No hay términos medios ni vacilaciones. No hay dudas entre Blanca y Juan.
—Claro que lo sé, querida colega… y ahora, y para que no ponga en tela de juicio mis capacidades profesionales, la clase de besos… se la voy a impartir yo.
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Nota: relato romántico de la serie "Blanca y Juan" iniciada con la prosa "Mundo agradable".
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