Ayer no fue mañana
en el rincón florido de mi huerta,
ni siquiera fue instante
para que prenda un sueño.
Fue sementera yerma de infértiles quimeras
donde muere el deseo.
Y yo, que cultivaba
claveles y azucenas en tu pecho
y el trueque sucesivo de besos y miradas,
que tenaz guarnecía
hasta la linde exacta de tu sombra,
soy pasto de cipreses.
Me debato entre escombros y derrotas
y los siglos de efímera autoestima
que oculto entre mis piernas con tu nombre.
Retiro los rastrojos y el brote agonizante
en la savia infecunda de tu boca
con el sabor amargo y desabrido
de una desolación sembrada de silencios.
Ayer no fue mañana,
no fue tiempo
y es tarde para todo
en el jardín marchito de mi huerta.