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Coliloquio con el dolor.

rodrigotoro

Poeta adicto al portal





Pretendamos que todo es rotundo

que no viví siempre en agonía.

Y puedo exumarme de tu mano de letanía

aunque sea mentira, y yo esté sin rumbo.



Pretendamos también que no me querías,

y el repicar de las campanas era justificado:

Que la aurora entumecía en tus ojos depurados

y el ocaso, marginal, se anulaba en apoplejías.



Pretendamos que tu ternura era proselitismo

y la condicionada realidad, solo tu vasallo;

Que no deseabas, con prúrito, fuese tu lacayo:

Solo me amabas porque me odio a mi mismo



y pretendamos no hay factura que deba responder

aunque siempre me equivoqué, ineludiblemente,

y de la mano del pecado, fui altivo y vehemente:

Y quizás el único hado sea en el fuego arder…



¿Dónde está la soledad y su látigo cancerbero,

donde quedó el agorero, que definen como esperanza?

Solo sé que nada quiero, y me hundo en la semblanza

del jardín de la oscuridad, donde solo soy limosnero.
 
Buenos versos le arrancas al dolor, amigo Rodrigo. Parece ser cierto que los poetas se regodean en él más que en la alegría. Ánimo, compañero, todo tiene su tiempo, y al final todo pasa.
Saludos de Recaredo.
 
Pretendamos que todo es rotundo

que no viví siempre en agonía.

Y puedo exumarme de tu mano de letanía

aunque sea mentira, y yo esté sin rumbo.



Pretendamos también que no me querías,

y el repicar de las campanas era justificado:

Que la aurora entumecía en tus ojos depurados

y el ocaso, marginal, se anulaba en apoplejías.



Pretendamos que tu ternura era proselitismo

y la condicionada realidad, solo tu vasallo;

Que no deseabas, con prúrito, fuese tu lacayo:

Solo me amabas porque me odio a mi mismo



y pretendamos no hay factura que deba responder

aunque siempre me equivoqué, ineludiblemente,

y de la mano del pecado, fui altivo y vehemente:

Y quizás el único hado sea en el fuego arder…



¿Dónde está la soledad y su látigo cancerbero,

donde quedó el agorero, que definen como esperanza?

Solo sé que nada quiero, y me hundo en la semblanza


del jardín de la oscuridad, donde solo soy limosnero.
Preciosos versos amigo Rodrigo a modo de redondilas.
Ha sido un placer pasar por ellos.
Saludos y estrellas.
 

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