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Como nace un haiku (gaikoku haibun) (prize prosa del mes, oct 2013)

dragon_ecu

Esporádico permanente
Iba en viaje desde Cuenca a Guayaquil, por la carretera del parque del Cajas.


En el ascenso pude ver las lagunas con sus aguas agitadas como si estuvieran cayendo gruesas gotas de lluvia encima. Pero no era lluvia, eran los cientos de truchas que cazaban insectos en la superficie.


Sus bocas golpeaban incesantemente formando extrañas fuentes miniatura, como si la tierra estuviera de cabeza y lloviera al revés.


Señalé al punto y de pronto un flash me dejó ciego por segundos. Una chica había capturado el momento con su cámara.


En mala hora guardé mi cámara en la maleta y peor aún... metí esta al portaequipaje.


Durante el trayecto iba escuchando mis grabaciones favoritas, mezclas sin lógica de música andina, tangos, jazz y new age.


Alcanzada la cumbre la furgoneta dejó de toser con fuerza para tomar un tono más agradable, casi como un zumbido, y me permitía disfrutar mejor del sonido de los auriculares.


Mientras el carro empezaba el descenso, la chica de junto cambió su rostro cual camaleón. El serpenteante tránsito convertía el horizonte en mil puntos a la vez, y por los precipicios el cielo se volvía suelo y el suelo aire.


Afortunadamente tenía conmigo un limón, mismo que se lo puse en sus manos y le hice rotar con fuerza entre sus palmas. Al instante el limón segregó sus aceites inundando con su aroma el vehículo.


Ya no hubo necesidad de darle medicina alguna a la belleza a mi lado, su rostro retomó el tono rosado oscuro, casi cenizo, de una joven con mucho tiempo bajo el sol del páramo.


Me sonrió amablemente mientras yo agradecía haber viajado solo (de seguro mi mujer me habría roto las costillas a codazos escondidos).


Empezaba el fin de la tarde, y el cielo iba cambiando de tonos, que gracias a la neblina se proyectaba como arcoiris en sabanas sueltas al viento .


Cada curva cerrada era el encuentro de una planta nueva, de extrañas mezclas de verdes de musgos de páramos, hojas de eucaliptos de Australia, orquídeas, y enanos racimos de oritos. (1)


Mientras cada curva abierta era un precipicio que dejaba entrever una mezcla continuamente cambiante. Puesta de sol sobre las nubes, puesta de sol entre las nubes, puesta de sol bajo las nubes, con horizontes también cambiantes, de lagos, ríos, nevados, playas y mares.


Era imposible asegurar que estuviéramos en un solo sitio, parecía que estuvieras a bordo de una nave espacial recorriendo los más bellos paisajes del mundo entero.


Y de pronto, observo un par de moscardones verde metálico acechando el vidrio de la ventana. Con los lentes empañados acerqué mi rostro para observar mejor, mientras mi compañera de asiento movía su cámara de lado a lado tratando de evitar mi cabeza para enfocar a los visitantes.


¡Señor pare que no aguanto!, grito típico de mujer madura cuyas caderas ya no amortiguan los resortes del asiento, y empujan a la vejiga en urgencia. Y en eterno minuto de espera miccionaria, donde nadie más se bajó por frío y verguenza compartida...


Limpio mis lentes para definir a los moscardones, ahora posados en una flor abierta... y eran... dos picaflores. Cada uno aleteando alegre y turnando sus picos para sorber la savia y néctares de las flores, de la misma flor. De seguro son pareja pensé.


-Que lindo es el amor- escuché en una dulce y femenina voz, mientras un flash me dejaba ciego de nuevo.


La señora regresa a su asiento sin nadie que reclame ni haga preguntas, por demás tontas.


Y luego la chica me enseña la foto reciente, es mi rostro con dos picaflores volando cerca, uno sorbiendo y otro mirándome a los ojos, y a un lado, un pálido reflejo de una cara sonriente.


Sin querer ella también salió retratada con la cámara en sus manos y con una sonrisa tierna y por demás complaciente.


El resto del trayecto la cámara pasó más en el bolso y menos en las manos, y la conversación fue amena.


Que bella se veía, ella tan joven y yo... mejor ni digo.


La foto se la llevó ella, pero yo conservo su imagen en mi memoria.


... brumoso arcoiris

flotando mil colores


dos picaflores.




(1) Orito, especie de guineo (banana) de pequeño tamaño y dulce sabor, en mi país se les llama guineo orito.
 
Última edición:
Disculpe señor, viajé junto a usted y recordé pero no fui quien le tomó la foto ni quien se bajó con apuro. Hice ese maravilloso viaje que es lo más increíble que tiene tu país bello y bueno desde al tuyo y viceversa, vi esas bellezas naturales cuando en Mayo fui por segunda vez allí donde nos conocimos todos los amigos. Digo porque me emocionó esta Prosa, si a ti te deslumbró ese paisaje, imagínate a mí que ni soy de allí. Muchas gracias, dragon. Pienso hacerlo de nuevo si la vida lo permite.
 
Preciosa Elisalle, me da un gusto enorme saberme observado por tus ojos de café en puesta de sol.
Me recuerdo del frío de las noches de bohemia, y como tu mirada daba calor.
Que lindos momentos compartidos con todos, y que bellos recuerdos dibujaron tu rostro en mis pupilas.

Gracias por ser como eres.

Un abrazo a la distancia (besos no que mi señora anda cerca).

Dragon Ecu
 
Lourdes C niña crecida de >Lou C a Lourdes C...
Tiempo atrás te escribí un acróstico que quedó incompleto por la escasez de letras.

¿Lo recuerdas?

Locuras mías que se asoman
oscuras sobre la oscuridad de estas horas vacías,
urgenciado de
-
CENSURADO.

Creo ahora si poder completarlo.

Locuras mías que se asoman
Oscuras sobre la oscuridad de estas horas vacías
Urgenciado de miradas, de guiños
Requiero de tu presencia inmediata
Dobla el reloj y el sitio
Enturbia al padre tiempo
Seduce al espacio
-
Con tal que llegues conmigo


Un abrazo enorme Lourdes-C y mil gracias por tu compañía en estas letras.
 
yo solo puedo decir que me encanta leerlo ,que suerte que no dejo de hacerlo,o nos hubieramos perdido de disfrutar ese bello viaje que relató
mis respeto y admiracion :)
 
Vaya rollo!
Estás peor de lo que pensaba.
La ruta es hermosa, he tenido la oportunidad de hacerla
pero estamos en un haiku
y lo importante de esta forma poyética es saber si
al final follaste o no follaste.
Me parece que no.

elPerro
 
Última edición:
Iba en viaje desde Cuenca a Guayaquil, por la carretera del parque del Cajas.


En el ascenso pude ver las lagunas con sus aguas agitadas como si estuvieran cayendo gruesas gotas de lluvia encima. Pero no era lluvia, eran los cientos de truchas que cazaban insectos en la superficie.


Sus bocas golpeaban incesantemente formando extrañas fuentes miniatura, como si la tierra estuviera de cabeza y lloviera al revés.


Señale al punto y de pronto un flash me dejo ciego por segundos. Una chica había capturado el momento con su cámara.


En mala hora guardé mi cámara en la maleta y peor aún... metí esta al portaequipaje.


Durante el trayecto iba escuchando mis grabaciones favoritas, mezclas sin lógica de música andina, tangos, jazz y new age.


Alcanzada la cumbre la furgoneta dejó de toser con fuerza para tomar un tono mas agradable, casi como un zumbido, y me permitía disfrutar mejor del sonido de los auriculares.


Mientras el carro empezaba el descenso, la chica de junto cambió su rostro cual camaleón. El serpenteante tránsito convertía el horizonte en mil puntos a la vez, y por los precipicios el cielo se volvía suelo y el suelo aire.


Afortunadamente tenía conmigo un limón, mismo que se lo puse en sus manos y le hice rotar con fuerza entre sus palmas. Al instante el limón segregó sus aceites inundando con su aroma el vehículo.


Ya no hubo necesidad de darle medicina alguna a la belleza a mi lado, su rostro retomó el tono rosado oscuro, casi cenizo, de una joven con mucho tiempo bajo el sol del páramo.


Me sonrió amablemente mientras yo agradecía haber viajado solo (de seguro mi mujer me habría roto las costillas a codazos escondidos).


Empezaba el fin de la tarde, y el cielo iba cambiando de tonos, que gracias a la neblina se proyectaba como arcoiris en sabanas sueltas al viento .


Cada curva cerrada era el encuentro de una planta nueva, de extrañas mezclas de verdes de musgos de páramos, hojas de eucaliptos de Australia, orquídeas, y enanos racimos de oritos. (1)


Mientras cada curva abierta era un precipicio que dejaba entrever una mezcla continuamente cambiante. Puesta de sol sobre las nubes, puesta de sol entre las nubes, puesta de sol bajo las nubes, con horizontes también cambiantes, de lagos, ríos, nevados, playas y mares.


Era imposible asegurar que estuviéramos en un solo sitio, parecía que estuvieras a bordo de una nave espacial recorriendo los más bellos paisajes del mundo entero.


Y de pronto, observo un par de moscardones verde metálico acechando el vidrio de la ventana. Con los lentes empañados acerqué mi rostro para observar mejor, mientras mi compañera de asiento movía su cámara de lado a lado tratando de evitar mi cabeza para enfocar a los visitantes.


¡Señor pare que no aguanto!, grito típico de mujer madura cuyas caderas ya no amortiguan los resortes del asiento, y empujan a la vejiga en urgencia. Y en eterno minuto de espera miccionaria, donde nadie más se bajó por frío y verguenza compartida...


Limpio mis lentes para definir a los moscardones, ahora posados en una flor abierta... y eran... dos picaflores. Cada uno aleteando alegre y turnando sus picos para sorber la savia y néctares de las flores, de la misma flor. De seguro son pareja pensé.


-Que lindo es el amor- escuché en una dulce y femenina voz, mientras un flash me dejaba ciego de nuevo.


La señora regresa a su asiento sin nadie que reclame ni haga preguntas, por demás tontas.


Y luego la chica me enseña la foto reciente, es mi rostro con dos picaflores volando cerca, uno sorbiendo y otro mirándome a los ojos, y a un lado, un pálido reflejo de una cara sonriente.


Sin querer ella también salió retratada con la cámara en sus manos y con una sonrisa tierna y por demás complaciente.


El resto del trayecto la cámara paso más en el bolso y menos en las manos, y la conversación fue amena.


Que bella se veía, ella tan joven y yo... mejor ni digo.


La foto se la llevó ella, pero yo conservo su imagen en mi memoria.


... brumoso arcoiris

flotando mil colores

dos picaflores.




(1) Orito, especie de guineo (banana) de pequeño tamaño y dulce sabor, en mi país se les llama guineo orito.



Es una bella imagen la que nos describe,
de ese paisaje de tu país,
en este agradable y entrañable relato.
Un placer haber pasado, un beso.
 
Considero que tu bello relato encandilado con tantas y estupendas visiones es un perfecto HAIBUN, y me encantaría lo pusieras como tal en el subforo de haiku ya que es una muestra espléndida del haibun.


Felicitarhaijin_zpsde37933d.gif

 
Su excelencia... este vasallo le informa que en el último examen de ADN, se encuentran aún rastros de SOLEDAD. Por tal motivo, no me es posible servirle de escolta real, aunque ardo en ganas de mezclar las llamas e intercambiar alientos.

Sin más.

A su servicio.

Dragon Ecu
 
Quedo en deuda maestro Maramin, tan solo que no sé como trasladar la obra, o si es permitido duplicarla en el foro.

Sufro una mezcla de tímida pena y alegría por el pedido, y averiguaré si hay forma de hacerlo.

Saludos.

Dragon Ecu
 
Que bello viaje nos permite emprender estimado dragon_ecu, se experimenta la sublime belleza de los caminos a recorrer, descritivos caminos, hay que recordar llevar la camara al alcance para que la proxima halla doble foto...hermosa última imagen enamora y embelece... un placer haber viajado a travez de su pluma, le aplaudo de pie...un saludo y abrazo enorme a su alma desde México hasta su suelo...
 
No esperaba intervenir esta noche comentando, pero al tropezarme con esta prosa , creo que no puedo dejar de decirte lo que pienso, aunqe es tan bello que no sé como decirlo,jeje ,y es que has descrito tan detallada y maravillosamente que tus palabras se vuelven los ojos de quien te lea, las imágenes que sugieres capturan , atrapan y logran su objetivo.
Nada... que no acabo de encontrar el adjetivo para tu prosa , por lo pronto digo (aunque me quede corta) que es insuperablemente bella , sabes personalizar tus letras y hacer que cobren vida.
Aplausos !!! , maravillosa prosa que dió origen a un espectacular haikú.
Nunca dejes de escribir prosa, eres genial!
Abrazos amigo, que viaje nos has brindado!!!
 
Última edición:
Un relato sorprendente amigo, con reseña y todo, lo que hace el amor y el paisaje unión de una química perfecta aunque sea solo por un lapso efímero.
Es un placer leerte compañero
Un abrazo
 
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Re: A ti (de prosas breves)[/h]
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Prosa del MES

(Seleccionada por la administración entre las propuestas remitidas por moderadores y/o usuarios)
Muchas FELICIDADES
MUNDOPOESIA.COM
 
Señor Dragon, me es grato saludarlo para felicitarlo por su Reconocimiento. Usted ya sabe que me hizo sentido esta Prosa. Un abrazo grande, sin que suenen costillas. Felicitaciones, amigo.
 
Apreciable Dragón _ecu,

... brumoso arcoiris

flotando mil colores

dos picaflores.


Nada seguro de que sea o no Haiku, tu publicación,
pero si muy seguro... que eres muy bueno como escritor,
felicitaciones amigo.

Un gusto pasar por tus letras.
 
Lourdes C niña crecida de >Lou C a Lourdes C...
Tiempo atrás te escribí un acróstico que quedó incompleto por la escasez de letras.

¿Lo recuerdas?

Locuras mías que se asoman
oscuras sobre la oscuridad de estas horas vacías,
urgenciado de
-
CENSURADO.

Creo ahora si poder completarlo.

Locuras mías que se asoman
Oscuras sobre la oscuridad de estas horas vacías
Urgenciado de miradas, de guiños
Requiero de tu presencia inmediata
Dobla el reloj y el sitio
Enturbia al padre tiempo
Seduce al espacio
-
Con tal que llegues conmigo


Un abrazo enorme Lourdes-C y mil gracias por tu compañía en estas letras.

Fue un placer leerte. Gracias mil por este hermoso acrostico que has escrito
a partir de mi nombre. Es muy bonito. Te lo agradezco mucho. No lo habia
leido y me sorprendiste gratamente. Saludos y Bendiciones. Eres muy amable.
 
Estimado Dragon me he encontrado con esta joyita tuya (lo digo por el haiku), porque el relato del viaje en sí es toda una obra de arte. Me ha encantado y te doy todo mi reconocimiento por ello. Un fuerte abrazo.
 
Iba en viaje desde Cuenca a Guayaquil, por la carretera del parque del Cajas.


En el ascenso pude ver las lagunas con sus aguas agitadas como si estuvieran cayendo gruesas gotas de lluvia encima. Pero no era lluvia, eran los cientos de truchas que cazaban insectos en la superficie.


Sus bocas golpeaban incesantemente formando extrañas fuentes miniatura, como si la tierra estuviera de cabeza y lloviera al revés.


Señale al punto y de pronto un flash me dejó ciego por segundos. Una chica había capturado el momento con su cámara.


En mala hora guardé mi cámara en la maleta y peor aún... metí esta al portaequipaje.


Durante el trayecto iba escuchando mis grabaciones favoritas, mezclas sin lógica de música andina, tangos, jazz y new age.


Alcanzada la cumbre la furgoneta dejó de toser con fuerza para tomar un tono más agradable, casi como un zumbido, y me permitía disfrutar mejor del sonido de los auriculares.


Mientras el carro empezaba el descenso, la chica de junto cambió su rostro cual camaleón. El serpenteante tránsito convertía el horizonte en mil puntos a la vez, y por los precipicios el cielo se volvía suelo y el suelo aire.


Afortunadamente tenía conmigo un limón, mismo que se lo puse en sus manos y le hice rotar con fuerza entre sus palmas. Al instante el limón segregó sus aceites inundando con su aroma el vehículo.


Ya no hubo necesidad de darle medicina alguna a la belleza a mi lado, su rostro retomó el tono rosado oscuro, casi cenizo, de una joven con mucho tiempo bajo el sol del páramo.


Me sonrió amablemente mientras yo agradecía haber viajado solo (de seguro mi mujer me habría roto las costillas a codazos escondidos).


Empezaba el fin de la tarde, y el cielo iba cambiando de tonos, que gracias a la neblina se proyectaba como arcoiris en sabanas sueltas al viento .


Cada curva cerrada era el encuentro de una planta nueva, de extrañas mezclas de verdes de musgos de páramos, hojas de eucaliptos de Australia, orquídeas, y enanos racimos de oritos. (1)


Mientras cada curva abierta era un precipicio que dejaba entrever una mezcla continuamente cambiante. Puesta de sol sobre las nubes, puesta de sol entre las nubes, puesta de sol bajo las nubes, con horizontes también cambiantes, de lagos, ríos, nevados, playas y mares.


Era imposible asegurar que estuviéramos en un solo sitio, parecía que estuvieras a bordo de una nave espacial recorriendo los más bellos paisajes del mundo entero.


Y de pronto, observo un par de moscardones verde metálico acechando el vidrio de la ventana. Con los lentes empañados acerqué mi rostro para observar mejor, mientras mi compañera de asiento movía su cámara de lado a lado tratando de evitar mi cabeza para enfocar a los visitantes.


¡Señor pare que no aguanto!, grito típico de mujer madura cuyas caderas ya no amortiguan los resortes del asiento, y empujan a la vejiga en urgencia. Y en eterno minuto de espera miccionaria, donde nadie más se bajó por frío y verguenza compartida...


Limpio mis lentes para definir a los moscardones, ahora posados en una flor abierta... y eran... dos picaflores. Cada uno aleteando alegre y turnando sus picos para sorber la savia y néctares de las flores, de la misma flor. De seguro son pareja pensé.


-Que lindo es el amor- escuché en una dulce y femenina voz, mientras un flash me dejaba ciego de nuevo.


La señora regresa a su asiento sin nadie que reclame ni haga preguntas, por demás tontas.


Y luego la chica me enseña la foto reciente, es mi rostro con dos picaflores volando cerca, uno sorbiendo y otro mirándome a los ojos, y a un lado, un pálido reflejo de una cara sonriente.


Sin querer ella también salió retratada con la cámara en sus manos y con una sonrisa tierna y por demás complaciente.


El resto del trayecto la cámara pasó más en el bolso y menos en las manos, y la conversación fue amena.


Que bella se veía, ella tan joven y yo... mejor ni digo.


La foto se la llevó ella, pero yo conservo su imagen en mi memoria.


... brumoso arcoiris

flotando mil colores

dos picaflores.




(1) Orito, especie de guineo (banana) de pequeño tamaño y dulce sabor, en mi país se les llama guineo orito.
Excelente! Tu relato se vive y se respira, amigo. Escribes con sentido y sentimiento, propio y ajeno, y ello es muy valioso en un escritor. Muy bien merecida la distinción. Ya te leeré famoso algún día y me alegraré sinceramente. Y, por lo menos quedó el Haikus. Nada es por nada.
Saludos y estrellas.
 
Iba en viaje desde Cuenca a Guayaquil, por la carretera del parque del Cajas.


En el ascenso pude ver las lagunas con sus aguas agitadas como si estuvieran cayendo gruesas gotas de lluvia encima. Pero no era lluvia, eran los cientos de truchas que cazaban insectos en la superficie.


Sus bocas golpeaban incesantemente formando extrañas fuentes miniatura, como si la tierra estuviera de cabeza y lloviera al revés.


Señale al punto y de pronto un flash me dejó ciego por segundos. Una chica había capturado el momento con su cámara.


En mala hora guardé mi cámara en la maleta y peor aún... metí esta al portaequipaje.


Durante el trayecto iba escuchando mis grabaciones favoritas, mezclas sin lógica de música andina, tangos, jazz y new age.


Alcanzada la cumbre la furgoneta dejó de toser con fuerza para tomar un tono más agradable, casi como un zumbido, y me permitía disfrutar mejor del sonido de los auriculares.


Mientras el carro empezaba el descenso, la chica de junto cambió su rostro cual camaleón. El serpenteante tránsito convertía el horizonte en mil puntos a la vez, y por los precipicios el cielo se volvía suelo y el suelo aire.


Afortunadamente tenía conmigo un limón, mismo que se lo puse en sus manos y le hice rotar con fuerza entre sus palmas. Al instante el limón segregó sus aceites inundando con su aroma el vehículo.


Ya no hubo necesidad de darle medicina alguna a la belleza a mi lado, su rostro retomó el tono rosado oscuro, casi cenizo, de una joven con mucho tiempo bajo el sol del páramo.


Me sonrió amablemente mientras yo agradecía haber viajado solo (de seguro mi mujer me habría roto las costillas a codazos escondidos).


Empezaba el fin de la tarde, y el cielo iba cambiando de tonos, que gracias a la neblina se proyectaba como arcoiris en sabanas sueltas al viento .


Cada curva cerrada era el encuentro de una planta nueva, de extrañas mezclas de verdes de musgos de páramos, hojas de eucaliptos de Australia, orquídeas, y enanos racimos de oritos. (1)


Mientras cada curva abierta era un precipicio que dejaba entrever una mezcla continuamente cambiante. Puesta de sol sobre las nubes, puesta de sol entre las nubes, puesta de sol bajo las nubes, con horizontes también cambiantes, de lagos, ríos, nevados, playas y mares.


Era imposible asegurar que estuviéramos en un solo sitio, parecía que estuvieras a bordo de una nave espacial recorriendo los más bellos paisajes del mundo entero.


Y de pronto, observo un par de moscardones verde metálico acechando el vidrio de la ventana. Con los lentes empañados acerqué mi rostro para observar mejor, mientras mi compañera de asiento movía su cámara de lado a lado tratando de evitar mi cabeza para enfocar a los visitantes.


¡Señor pare que no aguanto!, grito típico de mujer madura cuyas caderas ya no amortiguan los resortes del asiento, y empujan a la vejiga en urgencia. Y en eterno minuto de espera miccionaria, donde nadie más se bajó por frío y verguenza compartida...


Limpio mis lentes para definir a los moscardones, ahora posados en una flor abierta... y eran... dos picaflores. Cada uno aleteando alegre y turnando sus picos para sorber la savia y néctares de las flores, de la misma flor. De seguro son pareja pensé.


-Que lindo es el amor- escuché en una dulce y femenina voz, mientras un flash me dejaba ciego de nuevo.


La señora regresa a su asiento sin nadie que reclame ni haga preguntas, por demás tontas.


Y luego la chica me enseña la foto reciente, es mi rostro con dos picaflores volando cerca, uno sorbiendo y otro mirándome a los ojos, y a un lado, un pálido reflejo de una cara sonriente.


Sin querer ella también salió retratada con la cámara en sus manos y con una sonrisa tierna y por demás complaciente.


El resto del trayecto la cámara pasó más en el bolso y menos en las manos, y la conversación fue amena.


Que bella se veía, ella tan joven y yo... mejor ni digo.


La foto se la llevó ella, pero yo conservo su imagen en mi memoria.


... brumoso arcoiris

flotando mil colores


dos picaflores.




(1) Orito, especie de guineo (banana) de pequeño tamaño y dulce sabor, en mi país se les llama guineo orito.
Desde el asiento trasero de tu furgoneta, he disfrutado de este precioso viaje.

Muchas gracias

Alfonso Espinosa
 
Gracias a ti conozco el haibun.

Tal vez, me anime en un tiempo a hacer alguno, aunque tengo un poco olvidada la prosa pero estoy retomando los haikus, pero igual para eso tengo que investigar más sobre este mundo nuevo para mí.

Me alegra poder reencontrar tu obra, amigo, la disfruté como la primera vez que la leí.

Un abrazo Dragon y déjame darte las felicitaciones por ese reconocimiento, aunque lamento que sean tardías.
 
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