Gloria Maria Granero
Poeta adicto al portal
Toda mi soledad.
Te la di toda y mi cuerpo no paraba de sangrar.
Toda mi oscuridad.
No había luz ni nada más porqué morir.
No había estaciones ni paradas dónde huir.
Dónde esconder mi corazón,
tan lleno de verdad y tan desnudo.
Toda mi libertad, tan sólo versos entendía.
Toda mi realidad, tan sólo huesos sostenía.
Pero mi amor se estaba quieto,
en ti paraba como paran los otoños.
Como paran los otoños de ser libres.
De estación en estación, se desnudaba.
Sin más opción que morir acorralado,
en ti sangraba siempre al filo de tus labios.
Cada mueca de tu rostro, cada esquina,
en ti sangraba cada beso y cada estrofa,
cada estrella condenada a ser tu esclava,
a morir iluminada en tus pupilas.
Por ello miro el cielo cada noche.
"El amor no duele tanto sino mata", le dice tu recuerdo a mi fantasma.
Cuando sólo eramos uno, sólo uno.
Cuando no existía el tiempo ni el espacio,
yo te juro que mi amor se estaba quieto,
que en ti paraba como paran los otoños.
Te la di toda y mi cuerpo no paraba de sangrar.
Toda mi oscuridad.
No había luz ni nada más porqué morir.
No había estaciones ni paradas dónde huir.
Dónde esconder mi corazón,
tan lleno de verdad y tan desnudo.
Toda mi libertad, tan sólo versos entendía.
Toda mi realidad, tan sólo huesos sostenía.
Pero mi amor se estaba quieto,
en ti paraba como paran los otoños.
Como paran los otoños de ser libres.
De estación en estación, se desnudaba.
Sin más opción que morir acorralado,
en ti sangraba siempre al filo de tus labios.
Cada mueca de tu rostro, cada esquina,
en ti sangraba cada beso y cada estrofa,
cada estrella condenada a ser tu esclava,
a morir iluminada en tus pupilas.
Por ello miro el cielo cada noche.
"El amor no duele tanto sino mata", le dice tu recuerdo a mi fantasma.
Cuando sólo eramos uno, sólo uno.
Cuando no existía el tiempo ni el espacio,
yo te juro que mi amor se estaba quieto,
que en ti paraba como paran los otoños.
Última edición: