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Muy buenas pinceladas Cipres.
Gracias mil por compartirlas.
Un abrazo.
Un placer haberme encontrado con tu poema, me gusto.
Estrellas para el.
Un abrazo.
El perro de la plaza
se parece a mis ojos,
desiertos como un arenero
en días de lluvias;
sin niños,
sin nanas cuidándolos
ni árboles ni sortijas;
todo se filtra en sus horizontes,
hasta la pendiente del caracol lento
que deriva sobre su vientre,
sobre su paciencia
sin la ansiedad del viento.
Él me encuentra cada noche,
cada paso transcurrido,
cada gorrión ausente,
cada orgía de insectos entre la grama.
Lo acuno en mis ojos,
en mis manos de abandono
y me vuelvo sus miedos,
sus espantos de tranvías:
de frío bajo la noche indiferente
de las pedradas de la vida,
de su vida de perro.
Y soy también perro buscando su amparo;
dos caminamos la noche desierta,
dos desiertos
con estrellas en los ojos.
El perro de la plaza
se parece a mis ojos:
desiertos como un arenero
en días de lluvias;
sin niños,
sin nanas cuidándolos
ni árboles ni sortijas;
todo se filtra en sus horizontes,
hasta la pendiente del caracol lento
que deriva sobre su vientre,
sobre su paciencia
sin la ansiedad del viento.
Él me encuentra cada noche,
cada paso transcurrido,
cada gorrión ausente,
cada orgía de insectos entre la grama.
Lo acuno en mis ojos,
en mis manos de abandono
y me vuelvo sus miedos,
sus espantos de tranvías:
de frío bajo la noche indiferente
de las pedradas de la vida,
de su vida de perro.
Y soy también perro buscando su amparo;
dos caminamos la noche desierta,
dos desiertos
con estrellas en los ojos.
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