Luis Rubio
Moderador ENSEÑANTE/Asesor en Foro Poética Clásica
Miembro del equipo
Moderadores
Moderador enseñante
Por la escalera de emergencias subo
y entro en mi casa armado con un palo.
¿Quién es el agresor? Veo a un vecino
que saca el perro. Algunos niños van
al colegio. Me estoy temiendo que
me he convertido en un estorbo. Valgo
menos así de lo que valgo muerto.
Por eso entro en mi casa con un arma
dispuesto a protegerme de un ataque.
Me muevo con sigilo. En los rincones
puede haber un peligro, una presencia.
En cierto modo doy palos de ciego
a la piñata de mi absurda vida.
Para acabar conmigo no hace falta
ser un profesional del crimen. Uno
cualquiera puede hacerme mucho daño
sin tener un motivo para odiarme.
Imagino que quien me quiera mal
Puede esperarme en el portal, de noche
y aprovechar que tiro la basura
sin separar lo seco de lo orgánico
para cortarme el cuello con el filo
de una navaja de Albacete de esas.
O puede que mis propias amistades,
esas que trato mal porque no aguanto
tener amigos que me pidan cosas
como proyectos de final de curso
o los temarios de una oposición,
me esperen en el baño o la cocina
para matarme o para darme un susto.
Entro en mi casa, en suma, con un palo
para desestresarme; un ejercicio
que recomiendo a los que lo han perdido
todo. Tengo derecho al puto palo.
y entro en mi casa armado con un palo.
¿Quién es el agresor? Veo a un vecino
que saca el perro. Algunos niños van
al colegio. Me estoy temiendo que
me he convertido en un estorbo. Valgo
menos así de lo que valgo muerto.
Por eso entro en mi casa con un arma
dispuesto a protegerme de un ataque.
Me muevo con sigilo. En los rincones
puede haber un peligro, una presencia.
En cierto modo doy palos de ciego
a la piñata de mi absurda vida.
Para acabar conmigo no hace falta
ser un profesional del crimen. Uno
cualquiera puede hacerme mucho daño
sin tener un motivo para odiarme.
Imagino que quien me quiera mal
Puede esperarme en el portal, de noche
y aprovechar que tiro la basura
sin separar lo seco de lo orgánico
para cortarme el cuello con el filo
de una navaja de Albacete de esas.
O puede que mis propias amistades,
esas que trato mal porque no aguanto
tener amigos que me pidan cosas
como proyectos de final de curso
o los temarios de una oposición,
me esperen en el baño o la cocina
para matarme o para darme un susto.
Entro en mi casa, en suma, con un palo
para desestresarme; un ejercicio
que recomiendo a los que lo han perdido
todo. Tengo derecho al puto palo.
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