Confidencias

dulcinista

Poeta veterano en el Portal
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Mamá, la semana pasada estuvo ahí Nelia, y seguro ya te habrá ido con el cuento de mi infidelidad, y yo me pregunto qué le importa a nadie mis cosas, si duermo o salgo con alguien por las noches, pero, claro, Nelia deseando contar cosas
, aunque ésta vez las reconozco como ciertas, no como cuando te contó que andaba liada con un ingeniero, mentira, pero ahora sí, ésta vez tiene razón Nelia. Gerardo es tan hombre, alguien diametralmente opuesto a Jorge siempre tan serio, tan puntual, tan educado. Tú no lo conoces; ya iremos a veros probablemente este verano. Jorge aún no sabe nada, siempre en las nubes, como un perro seguro de no dejar escapar su presa. No pongas esa cara, mamá, el mundo no se acaba ahí, la vida no es tan solo un hombre, una debe buscar la felicidad cueste lo que cueste. Desde esta ciudad maloliente y ruidosa oigo tus reproches, y seguro ya me habrás repudiado como me has amenazado tantas veces con hacer; pero ya lo sabes, no me importa, ya no soy aquella niña llorando nada más oír tus primeras palabras regañándome por hacer alguna travesura. No mamá, no me importa que digas con fingidas lágrimas en los ojos eres una mala hija egoísta matándome a disgustos, y no sé a quién has salido, y en mi familia todos han sido siempre muy decentes; te veo también poniendo a papá en contra mía, convenciéndolo y llevándolo al terreno más apropiado para tus intereses.
Por otra parte sabrás Nelia ha tenido una niña gorda y oronda como ella; mamá, si la vieras, es preciosa, tan gordita, y unos ojos azules y tristes mirando en su carita colorada; se parece tanto a su madre, es su vivo retrato, tan solo se diferencia de ella en una cosa: siempre permanece callada, bueno, dice Nelia que a la hora de comer berrea como una condenada. Los niños son una bendición del cielo, aunque ya lo sabes de sobra, no los soporto, queriendo coger todo; en la casa no hay nada a salvo con un niño de por medio. Y luego está el tiempo libre, adiós a la lectura y al cine y a los fines de semanas y a las copas con los amigos. Antes de olvidarme, llevamos varios días sin ver a Nelia, le han salido en la cara unos granos que la afean mucho, y claro, no se atreve a dejarse ver en público con esa cara, según ella monstruosa; aunque no es para tanto, pero ya sabes cómo es, todo lo agiganta, esa manía suya de agrandar todo lo negativo es algo enfermizo. Mamá, recuerdo ahora la vez que Nelia te dijo su marido se acuesta con una bailarina húngara; los había perseguido durante varios meses con una constancia de detective o espía, y te dijo que todos los viernes por la noche entraba primero él y luego ella en la pensión La Española de la calle Miguel Servet y salían de madrugada; y te acordarás, luego resultó ser imaginaciones suyas. Pobre Nelia, se aburría e inventaba historias. Tu dijiste la perdonaremos, la pérdida del bebé la ha trastornado, ya se le pasará, vuestro padre es un marido ejemplar. Recordarás, mamá, cómo todos te ayudamos a disipar la escasa desconfianza que tú podías albergar. Pobre papá, dije yo, él siempre tan trabajador, siempre tan pendiente de su familia, hasta ver la sonrisa nuevamente en tu cara. A papá nunca le dijimos nada, no es necesario, dijiste tú, pero yo veía el miedo reflejado en tu rostro, el miedo a perder ese orden familiar que te hace fuerte, casi indestructible. Yo sé, necesitas de ese orden establecido para ser feliz, para no derrumbarte. Quisiera que esta carta sirviera para unirnos más. Mamá, si conocieras a Gerardo, si fueses capaz de entrar en sus cosas como yo he entrado en ellas, sus silencios, su voz arrulladora y cálida, sus caricias, sus besos; porque mamá, ahora sé que el amor no era eso que tú decías, ese soportarse diariamente esperando algún detalle o gesto ambiguo para creer que eso es el amor. En cuanto a Jorge, lo soportará con entereza, al principio cuando me oiga decirlo pondrá esa cara de asombro como cuando prueba la sopa sin nada de sal; luego subirá a su cuarto a leer como todas las tardes, y al bajar para la cena, después de haber reflexionado largamente, dirá yo no soy tu dueño puedes irte si lo deseas.
Mamá, acaban de llamar por teléfono, ha venido la sirvienta a decirme que alguien, una voz de hombre, un familiar de Nelia, probablemente su marido Andrés, le ha dicho que han llevado a Nelia al hospital, parece ser el corazón. Voy a cambiarme de ropa, mamá, debo ir al hospital, es mi deber estar en estos momentos de dolor al lado de Nelia y de Andrés, la pobre Nelia se lo merece. Suena nuevamente el teléfono, mamá, seguramente buenas noticias, no era tan grave como en un principio parecía; aquí está nuevamente la sirvienta, Marta me comunica que Nelia acaba de morir exactamente a las siete menos tres minutos de esta tarde domingo diez de mayo. Miro por la ventana y veo la gigantesca sombra que proyecta la vieja higuera. Cómo vamos a hacer ahora sin Nelia, mamá, precisamente ahora que está la niña y la primavera parece rodear todas las cosas como de un halo de felicidad. Mamá, aquí hace un calor de verano. No sabes la suerte que tienes de vivir ahí en el norte, puedes salir a la calle a la hora que quieras y pasear. Debes venir al entierro, y aprovecha para enterrar también tu matrimonio, porque ese orden familiar tuyo que tanto necesitas se derrumba. Mamá, si vas a la calle Miguel Servet, aún encontrarás, al final, la pensión La Española, y si entras en ella, verás al dueño calvo y altísimo, y si miras el registro de entrada del año ochenta y seis, comprobarás que el nombre de Jacinto Macías aparece muchas veces; si miras el calendario, comprobarás que las fechas apuntadas al lado del nombre coinciden siempre con un viernes, y fíjate bien en la jota de Jacinto, es exactamente igual a la que hace papá. Ah, otra cosa, Jacinto Macías es el nombre de un compañero de trabajo; ya sabes, tu marido nunca ha tenido demasiada imaginación.Todos, Nino, Pep y yo dudábamos si decirte la verdad o callarnos; te mentimos por piedad, o quizás también por seguir con ese orden establecido, ese orden de tú y papá y nosotros tres. Te quiero, mamá, hasta la vista.

Eladio Parreño Elías

2-Agosto-1994
 
Última edición:
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Mamá, la semana pasada estuvo ahí Nelia, y seguro ya te habrá ido con el cuento de mi infidelidad, y yo me pregunto qué le importa a nadie mis cosas, si duermo o salgo con alguien por las noches, pero, claro, Nelia deseando contar cosas
, aunque ésta vez las reconozco como ciertas, no como cuando te contó que andaba liada con un ingeniero, mentira, pero ahora sí, ésta vez tiene razón Nelia. Gerardo es tan hombre, alguien diametralmente opuesto a Jorge siempre tan serio, tan puntual, tan educado. Tú no lo conoces; ya iremos a veros probablemente este verano. Jorge aún no sabe nada, siempre en las nubes, como un perro seguro de no dejar escapar su presa. No pongas esa cara, mamá, el mundo no se acaba ahí, la vida no es tan solo un hombre, una debe buscar la felicidad cueste lo que cueste. Desde esta ciudad maloliente y ruidosa oigo tus reproches, y seguro ya me habrás repudiado como me has amenazado tantas veces con hacer; pero ya lo sabes, no me importa, ya no soy aquella niña llorando nada más oír tus primeras palabras regañándome por hacer alguna travesura. No mamá, no me importa que digas con fingidas lágrimas en los ojos eres una mala hija egoísta matándome a disgustos, y no sé a quién has salido, y en mi familia todos han sido siempre muy decentes; te veo también poniendo a papá en contra mía, convenciéndolo y llevándolo al terreno más apropiado para tus intereses.
Por otra parte sabrás Nelia ha tenido una niña gorda y horonda como ella; mamá, si la vieras, es preciosa, tan gordita, y unos ojos azules y tristes mirando en su carita colorada; se parece tanto a su madre, es su vivo retrato, tan solo se diferencia de ella en una cosa: siempre permanece callada, bueno, dice Nelia que a la hora de comer berrea como una condenada. Los niños son una bendición del cielo, aunque ya lo sabes de sobra, no los soporto, queriendo coger todo; en la casa no hay nada a salvo con un niño de por medio. Y luego está el tiempo libre, adiós a la lectura y al cine y a los fines de semanas y a las copas con los amigos. Antes de olvidarme, llevamos varios días sin ver a Nelia, le han salido en la cara unos granos que la afean mucho, y claro, no se atreve a dejarse ver en público con esa cara, según ella monstruosa; aunque no es para tanto, pero ya sabes cómo es, todo lo agiganta, esa manía suya de agrandar todo lo negativo es algo enfermizo. Mamá, recuerdo ahora la vez que Nelia te dijo su marido se acuesta con una bailarina húngara; los había perseguido durante varios meses con una constancia de detective o espía, y te dijo que todos los viernes por la noche entraba primero él y luego ella en la pensión La española de la calle Miguel Servét y salían de madrugada; y te acordarás, luego resultó ser imaginaciones suyas. Pobre Nelia, se aburría e inventaba historias. Tu dijistes la perdonaremos, la pérdida del bebé la ha trastornado, ya se le pasará, vuestro padre es un marido ejemplar. Recordarás, mamá, cómo todos te ayudamos a disipar la escasa desconfianza que tú podías albergar. Pobre papá, dije yo, él siempre tan trabajador, siempre tan pendiente de su familia, hasta ver la sonrisa nuevamente en tu cara. A papá nunca le dijimos nada, no es necesario, dijistes tú, pero yo veía el miedo reflejado en tu rostro, el miedo a perder ese orden familiar que te hace fuerte, casi indestructible. Yo sé, necesitas de ese orden establecido para ser feliz, para no derrumbarte. Quisiera que esta carta sirviera para unirnos más. Mamá, si conocieras a Gerardo, si fueses capaz de entrar en sus cosas como yo he entrado en ellas, sus silencios, su voz arrulladora y cálida, sus caricias, sus besos; porque mamá, ahora sé que el amor no era eso que tú decías, ese soportarse diariamente esperando algún detalle o gesto ambiguo para creer que eso es el amor. En cuanto a Jorge, lo soportará con entereza, al principio cuando me oiga decirlo pondrá esa cara de asombro como cuando prueba la sopa sin nada de sal; luego subirá a su cuarto a leer como todas las tardes, y al bajar para la cena, después de haber reflexionado largamente, dirá yo no soy tu dueño puedes irte si lo deseas.
Mamá, acaban de llamar por teléfono, ha venido la sirvienta a decirme que alguien, una voz de hombre, un familiar de Nelia, probablemente su marido Andrés, le ha dicho que han llevado a Nelia al hospital, parece ser el corazón. Voy a cambiarme de ropa, mamá, debo ir al hospital, es mi deber estar en estos momentos de dolor al lado de Nelia y de Andrés, la pobre Nelia se lo merece. Suena nuevamente el teléfono, mamá, seguramente buenas noticias, no era tan grave como en un principio parecía; aquí está nuevamente la sirvienta, Marta me comunica que Nelia acaba de morir exactamente a las siete menos tres minutos de esta tarde domingo diez de mayo. Miro por la ventana y veo la gigantesca sombra que proyecta la vieja higuera. Cómo vamos a hacer ahora sin Nelia, mamá, precisamente ahora que está la niña y la primavera parece rodear todas las cosas como de un halo de felicidad. Mamá, aquí hace un calor de verano. No sabes la suerte que tienes de vivir ahí en el norte, puedes salir a la calle a la hora que quieras y pasear. Debes venir al entierro, y aprovecha para enterrar también tu matrimonio, porque ese orden familiar tuyo que tanto necesitas se derrumba. Mamá, si vas a la calle Miguel Servét, aún encontrarás, al final, la pensión La Española, y si entras en ella, verás al dueño calvo y altísimo, y si miras el registro de entrada del año ochenta y seis, comprobarás que el nombre de Jacinto Macías aparece muchas veces; si miras el calendario, comprobarás que las fechas apuntadas al lado del nombre coinciden siempre con un viernes, y fíjate bien en la jota de jacinto, es exactamente igual a la que hace papá. Ah, otra cosa, Jacinto Macías es el nombre de un compañero de trabajo; ya sabes, tu marido nunca ha tenido demasiada imaginación.Todos, Nino, Pep y yo dudábamos si decirte la verdad o callarnos; te mentimos por piedad, o quizás también por seguir con ese orden establecido, ese orden de tú y papá y nosotros tres. Te quiero, mamá, hasta la vista.

Eladio Parreño Elías

2-Agosto-1994



¡¡Qué cosas!!
Nunca dejas de sorprenderme Dulcinista
mira que esta carta dice tantas cosas
es tan como desnuda, como sacando tantas cosas a la luz...
Me ha parecido extraordinaria
Estrellas y un abrazo
Ana
 
Eladio, me he enterado toda la vida Nelia, que imaginación la tuya como para escribir tanto sobre alguien, sobre hechos, situaciones, sentimientos. etc. Eres un genio, otra vez metiéndome en tu historia (en la carta) y de paso al morbo por saber más y más. Pobre Nelia la verdad. Me han conmovido varios extractos de la carta. Y me haces acordar cuando no existía el Internet y enviaba este tipo de cartas al otro extremo del mundo, claro con menos confidencias que contar, pero con la estructura similar (hola como estas, te cuento, te dejo un rato, te quiero) etc. Ahora es distinto...Todo tan rápido que parece que no te separaras emocionalmente de una persona.

Realmente te aplaudo por escribir tan bonito y por invitarme a leerlas, es un honor. Abrazos y un beso de amiga. Estrellas, el sistema no me permite darte reputación. Me encanta como escribes.
 
Última edición:
Realmente ¡MAESTRO! eres genial amigo mio
me quedo con unas ganas de mas que ni te lo
imaginas, ¡Que buenisima carta! te dejaré por
supuesto (Si me lo permite el sistema este) la
reputación ¡Mas que merecida! todas las estrellas
y ¡Muchisimas gracias por regalarnos esta maravilla!
nunca dejes de escribir Eladio eres genial amigo mio
un abrazo desde Toledo y feliz fin de semana ¡MAESTRO!
 
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Mamá, la semana pasada estuvo ahí Nelia, y seguro ya te habrá ido con el cuento de mi infidelidad, y yo me pregunto qué le importa a nadie mis cosas, si duermo o salgo con alguien por las noches, pero, claro, Nelia deseando contar cosas
, aunque ésta vez las reconozco como ciertas, no como cuando te contó que andaba liada con un ingeniero, mentira, pero ahora sí, ésta vez tiene razón Nelia. Gerardo es tan hombre, alguien diametralmente opuesto a Jorge siempre tan serio, tan puntual, tan educado. Tú no lo conoces; ya iremos a veros probablemente este verano. Jorge aún no sabe nada, siempre en las nubes, como un perro seguro de no dejar escapar su presa. No pongas esa cara, mamá, el mundo no se acaba ahí, la vida no es tan solo un hombre, una debe buscar la felicidad cueste lo que cueste. Desde esta ciudad maloliente y ruidosa oigo tus reproches, y seguro ya me habrás repudiado como me has amenazado tantas veces con hacer; pero ya lo sabes, no me importa, ya no soy aquella niña llorando nada más oír tus primeras palabras regañándome por hacer alguna travesura. No mamá, no me importa que digas con fingidas lágrimas en los ojos eres una mala hija egoísta matándome a disgustos, y no sé a quién has salido, y en mi familia todos han sido siempre muy decentes; te veo también poniendo a papá en contra mía, convenciéndolo y llevándolo al terreno más apropiado para tus intereses.
Por otra parte sabrás Nelia ha tenido una niña gorda y horonda como ella; mamá, si la vieras, es preciosa, tan gordita, y unos ojos azules y tristes mirando en su carita colorada; se parece tanto a su madre, es su vivo retrato, tan solo se diferencia de ella en una cosa: siempre permanece callada, bueno, dice Nelia que a la hora de comer berrea como una condenada. Los niños son una bendición del cielo, aunque ya lo sabes de sobra, no los soporto, queriendo coger todo; en la casa no hay nada a salvo con un niño de por medio. Y luego está el tiempo libre, adiós a la lectura y al cine y a los fines de semanas y a las copas con los amigos. Antes de olvidarme, llevamos varios días sin ver a Nelia, le han salido en la cara unos granos que la afean mucho, y claro, no se atreve a dejarse ver en público con esa cara, según ella monstruosa; aunque no es para tanto, pero ya sabes cómo es, todo lo agiganta, esa manía suya de agrandar todo lo negativo es algo enfermizo. Mamá, recuerdo ahora la vez que Nelia te dijo su marido se acuesta con una bailarina húngara; los había perseguido durante varios meses con una constancia de detective o espía, y te dijo que todos los viernes por la noche entraba primero él y luego ella en la pensión La española de la calle Miguel Servét y salían de madrugada; y te acordarás, luego resultó ser imaginaciones suyas. Pobre Nelia, se aburría e inventaba historias. Tu dijistes la perdonaremos, la pérdida del bebé la ha trastornado, ya se le pasará, vuestro padre es un marido ejemplar. Recordarás, mamá, cómo todos te ayudamos a disipar la escasa desconfianza que tú podías albergar. Pobre papá, dije yo, él siempre tan trabajador, siempre tan pendiente de su familia, hasta ver la sonrisa nuevamente en tu cara. A papá nunca le dijimos nada, no es necesario, dijistes tú, pero yo veía el miedo reflejado en tu rostro, el miedo a perder ese orden familiar que te hace fuerte, casi indestructible. Yo sé, necesitas de ese orden establecido para ser feliz, para no derrumbarte. Quisiera que esta carta sirviera para unirnos más. Mamá, si conocieras a Gerardo, si fueses capaz de entrar en sus cosas como yo he entrado en ellas, sus silencios, su voz arrulladora y cálida, sus caricias, sus besos; porque mamá, ahora sé que el amor no era eso que tú decías, ese soportarse diariamente esperando algún detalle o gesto ambiguo para creer que eso es el amor. En cuanto a Jorge, lo soportará con entereza, al principio cuando me oiga decirlo pondrá esa cara de asombro como cuando prueba la sopa sin nada de sal; luego subirá a su cuarto a leer como todas las tardes, y al bajar para la cena, después de haber reflexionado largamente, dirá yo no soy tu dueño puedes irte si lo deseas.
Mamá, acaban de llamar por teléfono, ha venido la sirvienta a decirme que alguien, una voz de hombre, un familiar de Nelia, probablemente su marido Andrés, le ha dicho que han llevado a Nelia al hospital, parece ser el corazón. Voy a cambiarme de ropa, mamá, debo ir al hospital, es mi deber estar en estos momentos de dolor al lado de Nelia y de Andrés, la pobre Nelia se lo merece. Suena nuevamente el teléfono, mamá, seguramente buenas noticias, no era tan grave como en un principio parecía; aquí está nuevamente la sirvienta, Marta me comunica que Nelia acaba de morir exactamente a las siete menos tres minutos de esta tarde domingo diez de mayo. Miro por la ventana y veo la gigantesca sombra que proyecta la vieja higuera. Cómo vamos a hacer ahora sin Nelia, mamá, precisamente ahora que está la niña y la primavera parece rodear todas las cosas como de un halo de felicidad. Mamá, aquí hace un calor de verano. No sabes la suerte que tienes de vivir ahí en el norte, puedes salir a la calle a la hora que quieras y pasear. Debes venir al entierro, y aprovecha para enterrar también tu matrimonio, porque ese orden familiar tuyo que tanto necesitas se derrumba. Mamá, si vas a la calle Miguel Servét, aún encontrarás, al final, la pensión La Española, y si entras en ella, verás al dueño calvo y altísimo, y si miras el registro de entrada del año ochenta y seis, comprobarás que el nombre de Jacinto Macías aparece muchas veces; si miras el calendario, comprobarás que las fechas apuntadas al lado del nombre coinciden siempre con un viernes, y fíjate bien en la jota de jacinto, es exactamente igual a la que hace papá. Ah, otra cosa, Jacinto Macías es el nombre de un compañero de trabajo; ya sabes, tu marido nunca ha tenido demasiada imaginación.Todos, Nino, Pep y yo dudábamos si decirte la verdad o callarnos; te mentimos por piedad, o quizás también por seguir con ese orden establecido, ese orden de tú y papá y nosotros tres. Te quiero, mamá, hasta la vista.

Eladio Parreño Elías

2-Agosto-1994

Eladio eres genial!!!! Mira que despabilar todo el chisme en una conferecia
y sacar los trapitos al sol de Nelia y de papa,
que cosas todo sale a relicir cuando no sabemos callar nada
muy bien contada, que atare el interes de principio a fin
saludos y saludos con todos mis carinos
 
Están fascinantes tus prosas amigo, cuando se empieza la lectura te cautiva, felicitaciones¡¡¡¡¡..te dejo un abrazo desde este otro lado del mundo y miles de estrellas de mi cielo infinito.
 
... la familia... el orden que no se respira... Excelente Dulcinista, te felicito, como siempre tus relatos me fascinan, muchas gracias

Un fuerte abrazo
 
definitivamente tu escrito tiene vidas y generaciones retratadas en el, la paz de un hogar a veces solo se cimienta en silencios de cosas que quebrantan voluntades pero siempre es mas comodo guardar silencio y seguir adelante, señor mio le dejo todas las estrellas de mi escasa capacidad usted realmente se gano el cielo besos
 
Querido dulci: empezaré diciendo que la pintura que has puesto para adornar tu prosa es una belleza. Pero que no hacía falta ningún adorno, tu relato habla por sí mismo de lo buena que es. Para seguir, no recuerdo ninguna pensión en la calle Miguel Servet, supongo que será una licencia literaria. En caso de no ser así, me hubiera encantado conocerla. Con ese nombre tan auténtico, y en ese barrio, seguro que hubiera sido un lugar perfecto para cualquier escapadita. Otra cosa... me ha encantado esa pequeña venganza de la hija de esa señora tan (presuntamente) adusta.
Dulcinista, eres un estupendo escritor. Sin más que decirte, se despide tu amiga Susi.
 
Una carta- estocada para una madre nada perfecta, pero que se cree serlo.
Es dura la prosa, es bellísima por lo visceral. Te felicito, escritor Dulcinista. No dejas escapar ningún matiz en tus cuentos y el final sorpresivo es de lujo.
Aplausos y reputación por tan bello trabajo!
 
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Mamá, la semana pasada estuvo ahí Nelia, y seguro ya te habrá ido con el cuento de mi infidelidad, y yo me pregunto qué le importa a nadie mis cosas, si duermo o salgo con alguien por las noches, pero, claro, Nelia deseando contar cosas
, aunque ésta vez las reconozco como ciertas, no como cuando te contó que andaba liada con un ingeniero, mentira, pero ahora sí, ésta vez tiene razón Nelia. Gerardo es tan hombre, alguien diametralmente opuesto a Jorge siempre tan serio, tan puntual, tan educado. Tú no lo conoces; ya iremos a veros probablemente este verano. Jorge aún no sabe nada, siempre en las nubes, como un perro seguro de no dejar escapar su presa. No pongas esa cara, mamá, el mundo no se acaba ahí, la vida no es tan solo un hombre, una debe buscar la felicidad cueste lo que cueste. Desde esta ciudad maloliente y ruidosa oigo tus reproches, y seguro ya me habrás repudiado como me has amenazado tantas veces con hacer; pero ya lo sabes, no me importa, ya no soy aquella niña llorando nada más oír tus primeras palabras regañándome por hacer alguna travesura. No mamá, no me importa que digas con fingidas lágrimas en los ojos eres una mala hija egoísta matándome a disgustos, y no sé a quién has salido, y en mi familia todos han sido siempre muy decentes; te veo también poniendo a papá en contra mía, convenciéndolo y llevándolo al terreno más apropiado para tus intereses.
Por otra parte sabrás Nelia ha tenido una niña gorda y horonda como ella; mamá, si la vieras, es preciosa, tan gordita, y unos ojos azules y tristes mirando en su carita colorada; se parece tanto a su madre, es su vivo retrato, tan solo se diferencia de ella en una cosa: siempre permanece callada, bueno, dice Nelia que a la hora de comer berrea como una condenada. Los niños son una bendición del cielo, aunque ya lo sabes de sobra, no los soporto, queriendo coger todo; en la casa no hay nada a salvo con un niño de por medio. Y luego está el tiempo libre, adiós a la lectura y al cine y a los fines de semanas y a las copas con los amigos. Antes de olvidarme, llevamos varios días sin ver a Nelia, le han salido en la cara unos granos que la afean mucho, y claro, no se atreve a dejarse ver en público con esa cara, según ella monstruosa; aunque no es para tanto, pero ya sabes cómo es, todo lo agiganta, esa manía suya de agrandar todo lo negativo es algo enfermizo. Mamá, recuerdo ahora la vez que Nelia te dijo su marido se acuesta con una bailarina húngara; los había perseguido durante varios meses con una constancia de detective o espía, y te dijo que todos los viernes por la noche entraba primero él y luego ella en la pensión La española de la calle Miguel Servét y salían de madrugada; y te acordarás, luego resultó ser imaginaciones suyas. Pobre Nelia, se aburría e inventaba historias. Tu dijistes la perdonaremos, la pérdida del bebé la ha trastornado, ya se le pasará, vuestro padre es un marido ejemplar. Recordarás, mamá, cómo todos te ayudamos a disipar la escasa desconfianza que tú podías albergar. Pobre papá, dije yo, él siempre tan trabajador, siempre tan pendiente de su familia, hasta ver la sonrisa nuevamente en tu cara. A papá nunca le dijimos nada, no es necesario, dijistes tú, pero yo veía el miedo reflejado en tu rostro, el miedo a perder ese orden familiar que te hace fuerte, casi indestructible. Yo sé, necesitas de ese orden establecido para ser feliz, para no derrumbarte. Quisiera que esta carta sirviera para unirnos más. Mamá, si conocieras a Gerardo, si fueses capaz de entrar en sus cosas como yo he entrado en ellas, sus silencios, su voz arrulladora y cálida, sus caricias, sus besos; porque mamá, ahora sé que el amor no era eso que tú decías, ese soportarse diariamente esperando algún detalle o gesto ambiguo para creer que eso es el amor. En cuanto a Jorge, lo soportará con entereza, al principio cuando me oiga decirlo pondrá esa cara de asombro como cuando prueba la sopa sin nada de sal; luego subirá a su cuarto a leer como todas las tardes, y al bajar para la cena, después de haber reflexionado largamente, dirá yo no soy tu dueño puedes irte si lo deseas.
Mamá, acaban de llamar por teléfono, ha venido la sirvienta a decirme que alguien, una voz de hombre, un familiar de Nelia, probablemente su marido Andrés, le ha dicho que han llevado a Nelia al hospital, parece ser el corazón. Voy a cambiarme de ropa, mamá, debo ir al hospital, es mi deber estar en estos momentos de dolor al lado de Nelia y de Andrés, la pobre Nelia se lo merece. Suena nuevamente el teléfono, mamá, seguramente buenas noticias, no era tan grave como en un principio parecía; aquí está nuevamente la sirvienta, Marta me comunica que Nelia acaba de morir exactamente a las siete menos tres minutos de esta tarde domingo diez de mayo. Miro por la ventana y veo la gigantesca sombra que proyecta la vieja higuera. Cómo vamos a hacer ahora sin Nelia, mamá, precisamente ahora que está la niña y la primavera parece rodear todas las cosas como de un halo de felicidad. Mamá, aquí hace un calor de verano. No sabes la suerte que tienes de vivir ahí en el norte, puedes salir a la calle a la hora que quieras y pasear. Debes venir al entierro, y aprovecha para enterrar también tu matrimonio, porque ese orden familiar tuyo que tanto necesitas se derrumba. Mamá, si vas a la calle Miguel Servét, aún encontrarás, al final, la pensión La Española, y si entras en ella, verás al dueño calvo y altísimo, y si miras el registro de entrada del año ochenta y seis, comprobarás que el nombre de Jacinto Macías aparece muchas veces; si miras el calendario, comprobarás que las fechas apuntadas al lado del nombre coinciden siempre con un viernes, y fíjate bien en la jota de jacinto, es exactamente igual a la que hace papá. Ah, otra cosa, Jacinto Macías es el nombre de un compañero de trabajo; ya sabes, tu marido nunca ha tenido demasiada imaginación.Todos, Nino, Pep y yo dudábamos si decirte la verdad o callarnos; te mentimos por piedad, o quizás también por seguir con ese orden establecido, ese orden de tú y papá y nosotros tres. Te quiero, mamá, hasta la vista.

Eladio Parreño Elías

2-Agosto-1994



Estimado amigo tus relatos son magnificos y alucinantes
te enganchan de principio al fin reputacion y estrellas
 
Como siempre amigo me has dejado pegada estoy ansiosa de tener tu libro y poder leer mas,eres excelente escritor,abrazos
 
Fenomenal e interesantísima prosa,
perfectamente lograda y digna de engalanar el contenído de un probable libro de su autoría.
Felicidades y un feliz y provechoso fin de semana.
 
Dulcinista amigo, esto que me has dejado es algo terrorifio, detallado, fantastico, me alegra conocer ahora aca gente como vosotros todos, los que estan aca y un orgullo siento cuando ustedes se dignan entrar a dar un vistaso a mis rasgos de versos, mal escritos y con problemas de escritura, por tildes y nnesss, pero gracias otra vez por esto, un abrazo amigo y por favor dame tiempo y te aseguro leere todos tus escritos, chau.
 
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Mamá, la semana pasada estuvo ahí Nelia, y seguro ya te habrá ido con el cuento de mi infidelidad, y yo me pregunto qué le importa a nadie mis cosas, si duermo o salgo con alguien por las noches, pero, claro, Nelia deseando contar cosas
, aunque ésta vez las reconozco como ciertas, no como cuando te contó que andaba liada con un ingeniero, mentira, pero ahora sí, ésta vez tiene razón Nelia. Gerardo es tan hombre, alguien diametralmente opuesto a Jorge siempre tan serio, tan puntual, tan educado. Tú no lo conoces; ya iremos a veros probablemente este verano. Jorge aún no sabe nada, siempre en las nubes, como un perro seguro de no dejar escapar su presa. No pongas esa cara, mamá, el mundo no se acaba ahí, la vida no es tan solo un hombre, una debe buscar la felicidad cueste lo que cueste. Desde esta ciudad maloliente y ruidosa oigo tus reproches, y seguro ya me habrás repudiado como me has amenazado tantas veces con hacer; pero ya lo sabes, no me importa, ya no soy aquella niña llorando nada más oír tus primeras palabras regañándome por hacer alguna travesura. No mamá, no me importa que digas con fingidas lágrimas en los ojos eres una mala hija egoísta matándome a disgustos, y no sé a quién has salido, y en mi familia todos han sido siempre muy decentes; te veo también poniendo a papá en contra mía, convenciéndolo y llevándolo al terreno más apropiado para tus intereses.
Por otra parte sabrás Nelia ha tenido una niña gorda y horonda como ella; mamá, si la vieras, es preciosa, tan gordita, y unos ojos azules y tristes mirando en su carita colorada; se parece tanto a su madre, es su vivo retrato, tan solo se diferencia de ella en una cosa: siempre permanece callada, bueno, dice Nelia que a la hora de comer berrea como una condenada. Los niños son una bendición del cielo, aunque ya lo sabes de sobra, no los soporto, queriendo coger todo; en la casa no hay nada a salvo con un niño de por medio. Y luego está el tiempo libre, adiós a la lectura y al cine y a los fines de semanas y a las copas con los amigos. Antes de olvidarme, llevamos varios días sin ver a Nelia, le han salido en la cara unos granos que la afean mucho, y claro, no se atreve a dejarse ver en público con esa cara, según ella monstruosa; aunque no es para tanto, pero ya sabes cómo es, todo lo agiganta, esa manía suya de agrandar todo lo negativo es algo enfermizo. Mamá, recuerdo ahora la vez que Nelia te dijo su marido se acuesta con una bailarina húngara; los había perseguido durante varios meses con una constancia de detective o espía, y te dijo que todos los viernes por la noche entraba primero él y luego ella en la pensión La española de la calle Miguel Servét y salían de madrugada; y te acordarás, luego resultó ser imaginaciones suyas. Pobre Nelia, se aburría e inventaba historias. Tu dijistes la perdonaremos, la pérdida del bebé la ha trastornado, ya se le pasará, vuestro padre es un marido ejemplar. Recordarás, mamá, cómo todos te ayudamos a disipar la escasa desconfianza que tú podías albergar. Pobre papá, dije yo, él siempre tan trabajador, siempre tan pendiente de su familia, hasta ver la sonrisa nuevamente en tu cara. A papá nunca le dijimos nada, no es necesario, dijistes tú, pero yo veía el miedo reflejado en tu rostro, el miedo a perder ese orden familiar que te hace fuerte, casi indestructible. Yo sé, necesitas de ese orden establecido para ser feliz, para no derrumbarte. Quisiera que esta carta sirviera para unirnos más. Mamá, si conocieras a Gerardo, si fueses capaz de entrar en sus cosas como yo he entrado en ellas, sus silencios, su voz arrulladora y cálida, sus caricias, sus besos; porque mamá, ahora sé que el amor no era eso que tú decías, ese soportarse diariamente esperando algún detalle o gesto ambiguo para creer que eso es el amor. En cuanto a Jorge, lo soportará con entereza, al principio cuando me oiga decirlo pondrá esa cara de asombro como cuando prueba la sopa sin nada de sal; luego subirá a su cuarto a leer como todas las tardes, y al bajar para la cena, después de haber reflexionado largamente, dirá yo no soy tu dueño puedes irte si lo deseas.
Mamá, acaban de llamar por teléfono, ha venido la sirvienta a decirme que alguien, una voz de hombre, un familiar de Nelia, probablemente su marido Andrés, le ha dicho que han llevado a Nelia al hospital, parece ser el corazón. Voy a cambiarme de ropa, mamá, debo ir al hospital, es mi deber estar en estos momentos de dolor al lado de Nelia y de Andrés, la pobre Nelia se lo merece. Suena nuevamente el teléfono, mamá, seguramente buenas noticias, no era tan grave como en un principio parecía; aquí está nuevamente la sirvienta, Marta me comunica que Nelia acaba de morir exactamente a las siete menos tres minutos de esta tarde domingo diez de mayo. Miro por la ventana y veo la gigantesca sombra que proyecta la vieja higuera. Cómo vamos a hacer ahora sin Nelia, mamá, precisamente ahora que está la niña y la primavera parece rodear todas las cosas como de un halo de felicidad. Mamá, aquí hace un calor de verano. No sabes la suerte que tienes de vivir ahí en el norte, puedes salir a la calle a la hora que quieras y pasear. Debes venir al entierro, y aprovecha para enterrar también tu matrimonio, porque ese orden familiar tuyo que tanto necesitas se derrumba. Mamá, si vas a la calle Miguel Servét, aún encontrarás, al final, la pensión La Española, y si entras en ella, verás al dueño calvo y altísimo, y si miras el registro de entrada del año ochenta y seis, comprobarás que el nombre de Jacinto Macías aparece muchas veces; si miras el calendario, comprobarás que las fechas apuntadas al lado del nombre coinciden siempre con un viernes, y fíjate bien en la jota de jacinto, es exactamente igual a la que hace papá. Ah, otra cosa, Jacinto Macías es el nombre de un compañero de trabajo; ya sabes, tu marido nunca ha tenido demasiada imaginación.Todos, Nino, Pep y yo dudábamos si decirte la verdad o callarnos; te mentimos por piedad, o quizás también por seguir con ese orden establecido, ese orden de tú y papá y nosotros tres. Te quiero, mamá, hasta la vista.

Eladio Parreño Elías

2-Agosto-1994

Fabuloso relato, amigo Dulcinista. Te atrapa la lectura de principio a final. Pobre madre y pobre hija. La madre por tener como prioridad la cohesión familiar basada en engaño y apariencia. La hija por no rebelarse a tiempo y no imponer su lógica reafirmándose y mostrando la verdad. Pero nunca es tarde si la dicha es buena. Aquí la dicha no encontró su momento.
He disfrutado leyéndote. Gracias por invitarme. Besazos, estrellas y repu si me dejan.
 
Menos mal que solo le escribe un carta , si le llega a poner dos .....no se que le habria contado , la niña se despacho a gusto , todo un dechado de delicadeza y saber hacer .
Mi pregunta es ........De quien lo sacaria de la madre o del padre ¿¿¿¿

Historia muy bien hilvanada y trabajada , como normalmente es su costumbre . Gracias y saludos
 
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Mamá, la semana pasada estuvo ahí Nelia, y seguro ya te habrá ido con el cuento de mi infidelidad, y yo me pregunto qué le importa a nadie mis cosas, si duermo o salgo con alguien por las noches, pero, claro, Nelia deseando contar cosas
, aunque ésta vez las reconozco como ciertas, no como cuando te contó que andaba liada con un ingeniero, mentira, pero ahora sí, ésta vez tiene razón Nelia. Gerardo es tan hombre, alguien diametralmente opuesto a Jorge siempre tan serio, tan puntual, tan educado. Tú no lo conoces; ya iremos a veros probablemente este verano. Jorge aún no sabe nada, siempre en las nubes, como un perro seguro de no dejar escapar su presa. No pongas esa cara, mamá, el mundo no se acaba ahí, la vida no es tan solo un hombre, una debe buscar la felicidad cueste lo que cueste. Desde esta ciudad maloliente y ruidosa oigo tus reproches, y seguro ya me habrás repudiado como me has amenazado tantas veces con hacer; pero ya lo sabes, no me importa, ya no soy aquella niña llorando nada más oír tus primeras palabras regañándome por hacer alguna travesura. No mamá, no me importa que digas con fingidas lágrimas en los ojos eres una mala hija egoísta matándome a disgustos, y no sé a quién has salido, y en mi familia todos han sido siempre muy decentes; te veo también poniendo a papá en contra mía, convenciéndolo y llevándolo al terreno más apropiado para tus intereses.
Por otra parte sabrás Nelia ha tenido una niña gorda y horonda como ella; mamá, si la vieras, es preciosa, tan gordita, y unos ojos azules y tristes mirando en su carita colorada; se parece tanto a su madre, es su vivo retrato, tan solo se diferencia de ella en una cosa: siempre permanece callada, bueno, dice Nelia que a la hora de comer berrea como una condenada. Los niños son una bendición del cielo, aunque ya lo sabes de sobra, no los soporto, queriendo coger todo; en la casa no hay nada a salvo con un niño de por medio. Y luego está el tiempo libre, adiós a la lectura y al cine y a los fines de semanas y a las copas con los amigos. Antes de olvidarme, llevamos varios días sin ver a Nelia, le han salido en la cara unos granos que la afean mucho, y claro, no se atreve a dejarse ver en público con esa cara, según ella monstruosa; aunque no es para tanto, pero ya sabes cómo es, todo lo agiganta, esa manía suya de agrandar todo lo negativo es algo enfermizo. Mamá, recuerdo ahora la vez que Nelia te dijo su marido se acuesta con una bailarina húngara; los había perseguido durante varios meses con una constancia de detective o espía, y te dijo que todos los viernes por la noche entraba primero él y luego ella en la pensión La española de la calle Miguel Servét y salían de madrugada; y te acordarás, luego resultó ser imaginaciones suyas. Pobre Nelia, se aburría e inventaba historias. Tu dijistes la perdonaremos, la pérdida del bebé la ha trastornado, ya se le pasará, vuestro padre es un marido ejemplar. Recordarás, mamá, cómo todos te ayudamos a disipar la escasa desconfianza que tú podías albergar. Pobre papá, dije yo, él siempre tan trabajador, siempre tan pendiente de su familia, hasta ver la sonrisa nuevamente en tu cara. A papá nunca le dijimos nada, no es necesario, dijistes tú, pero yo veía el miedo reflejado en tu rostro, el miedo a perder ese orden familiar que te hace fuerte, casi indestructible. Yo sé, necesitas de ese orden establecido para ser feliz, para no derrumbarte. Quisiera que esta carta sirviera para unirnos más. Mamá, si conocieras a Gerardo, si fueses capaz de entrar en sus cosas como yo he entrado en ellas, sus silencios, su voz arrulladora y cálida, sus caricias, sus besos; porque mamá, ahora sé que el amor no era eso que tú decías, ese soportarse diariamente esperando algún detalle o gesto ambiguo para creer que eso es el amor. En cuanto a Jorge, lo soportará con entereza, al principio cuando me oiga decirlo pondrá esa cara de asombro como cuando prueba la sopa sin nada de sal; luego subirá a su cuarto a leer como todas las tardes, y al bajar para la cena, después de haber reflexionado largamente, dirá yo no soy tu dueño puedes irte si lo deseas.
Mamá, acaban de llamar por teléfono, ha venido la sirvienta a decirme que alguien, una voz de hombre, un familiar de Nelia, probablemente su marido Andrés, le ha dicho que han llevado a Nelia al hospital, parece ser el corazón. Voy a cambiarme de ropa, mamá, debo ir al hospital, es mi deber estar en estos momentos de dolor al lado de Nelia y de Andrés, la pobre Nelia se lo merece. Suena nuevamente el teléfono, mamá, seguramente buenas noticias, no era tan grave como en un principio parecía; aquí está nuevamente la sirvienta, Marta me comunica que Nelia acaba de morir exactamente a las siete menos tres minutos de esta tarde domingo diez de mayo. Miro por la ventana y veo la gigantesca sombra que proyecta la vieja higuera. Cómo vamos a hacer ahora sin Nelia, mamá, precisamente ahora que está la niña y la primavera parece rodear todas las cosas como de un halo de felicidad. Mamá, aquí hace un calor de verano. No sabes la suerte que tienes de vivir ahí en el norte, puedes salir a la calle a la hora que quieras y pasear. Debes venir al entierro, y aprovecha para enterrar también tu matrimonio, porque ese orden familiar tuyo que tanto necesitas se derrumba. Mamá, si vas a la calle Miguel Servét, aún encontrarás, al final, la pensión La Española, y si entras en ella, verás al dueño calvo y altísimo, y si miras el registro de entrada del año ochenta y seis, comprobarás que el nombre de Jacinto Macías aparece muchas veces; si miras el calendario, comprobarás que las fechas apuntadas al lado del nombre coinciden siempre con un viernes, y fíjate bien en la jota de jacinto, es exactamente igual a la que hace papá. Ah, otra cosa, Jacinto Macías es el nombre de un compañero de trabajo; ya sabes, tu marido nunca ha tenido demasiada imaginación.Todos, Nino, Pep y yo dudábamos si decirte la verdad o callarnos; te mentimos por piedad, o quizás también por seguir con ese orden establecido, ese orden de tú y papá y nosotros tres. Te quiero, mamá, hasta la vista.

Eladio Parreño Elías

2-Agosto-1994


Hola, Un relato muy familiar, el teje y maneje
de los integrantes es algo cotidiano,
aunque encuentro por ahí muchas pistas
que me son de gran utilidad para aplicarlas
en mi persona, ya que también son mamá.
Interesante la forma en que acomodas los personajes,
lugares y situaciones en las que participan.
Grato leerte
Saludos y estrellas
¡SONRIE
 
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Mamá, la semana pasada estuvo ahí Nelia, y seguro ya te habrá ido con el cuento de mi infidelidad, y yo me pregunto qué le importa a nadie mis cosas, si duermo o salgo con alguien por las noches, pero, claro, Nelia deseando contar cosas
, aunque ésta vez las reconozco como ciertas, no como cuando te contó que andaba liada con un ingeniero, mentira, pero ahora sí, ésta vez tiene razón Nelia. Gerardo es tan hombre, alguien diametralmente opuesto a Jorge siempre tan serio, tan puntual, tan educado. Tú no lo conoces; ya iremos a veros probablemente este verano. Jorge aún no sabe nada, siempre en las nubes, como un perro seguro de no dejar escapar su presa. No pongas esa cara, mamá, el mundo no se acaba ahí, la vida no es tan solo un hombre, una debe buscar la felicidad cueste lo que cueste. Desde esta ciudad maloliente y ruidosa oigo tus reproches, y seguro ya me habrás repudiado como me has amenazado tantas veces con hacer; pero ya lo sabes, no me importa, ya no soy aquella niña llorando nada más oír tus primeras palabras regañándome por hacer alguna travesura. No mamá, no me importa que digas con fingidas lágrimas en los ojos eres una mala hija egoísta matándome a disgustos, y no sé a quién has salido, y en mi familia todos han sido siempre muy decentes; te veo también poniendo a papá en contra mía, convenciéndolo y llevándolo al terreno más apropiado para tus intereses.
Por otra parte sabrás Nelia ha tenido una niña gorda y horonda como ella; mamá, si la vieras, es preciosa, tan gordita, y unos ojos azules y tristes mirando en su carita colorada; se parece tanto a su madre, es su vivo retrato, tan solo se diferencia de ella en una cosa: siempre permanece callada, bueno, dice Nelia que a la hora de comer berrea como una condenada. Los niños son una bendición del cielo, aunque ya lo sabes de sobra, no los soporto, queriendo coger todo; en la casa no hay nada a salvo con un niño de por medio. Y luego está el tiempo libre, adiós a la lectura y al cine y a los fines de semanas y a las copas con los amigos. Antes de olvidarme, llevamos varios días sin ver a Nelia, le han salido en la cara unos granos que la afean mucho, y claro, no se atreve a dejarse ver en público con esa cara, según ella monstruosa; aunque no es para tanto, pero ya sabes cómo es, todo lo agiganta, esa manía suya de agrandar todo lo negativo es algo enfermizo. Mamá, recuerdo ahora la vez que Nelia te dijo su marido se acuesta con una bailarina húngara; los había perseguido durante varios meses con una constancia de detective o espía, y te dijo que todos los viernes por la noche entraba primero él y luego ella en la pensión La española de la calle Miguel Servét y salían de madrugada; y te acordarás, luego resultó ser imaginaciones suyas. Pobre Nelia, se aburría e inventaba historias. Tu dijistes la perdonaremos, la pérdida del bebé la ha trastornado, ya se le pasará, vuestro padre es un marido ejemplar. Recordarás, mamá, cómo todos te ayudamos a disipar la escasa desconfianza que tú podías albergar. Pobre papá, dije yo, él siempre tan trabajador, siempre tan pendiente de su familia, hasta ver la sonrisa nuevamente en tu cara. A papá nunca le dijimos nada, no es necesario, dijistes tú, pero yo veía el miedo reflejado en tu rostro, el miedo a perder ese orden familiar que te hace fuerte, casi indestructible. Yo sé, necesitas de ese orden establecido para ser feliz, para no derrumbarte. Quisiera que esta carta sirviera para unirnos más. Mamá, si conocieras a Gerardo, si fueses capaz de entrar en sus cosas como yo he entrado en ellas, sus silencios, su voz arrulladora y cálida, sus caricias, sus besos; porque mamá, ahora sé que el amor no era eso que tú decías, ese soportarse diariamente esperando algún detalle o gesto ambiguo para creer que eso es el amor. En cuanto a Jorge, lo soportará con entereza, al principio cuando me oiga decirlo pondrá esa cara de asombro como cuando prueba la sopa sin nada de sal; luego subirá a su cuarto a leer como todas las tardes, y al bajar para la cena, después de haber reflexionado largamente, dirá yo no soy tu dueño puedes irte si lo deseas.
Mamá, acaban de llamar por teléfono, ha venido la sirvienta a decirme que alguien, una voz de hombre, un familiar de Nelia, probablemente su marido Andrés, le ha dicho que han llevado a Nelia al hospital, parece ser el corazón. Voy a cambiarme de ropa, mamá, debo ir al hospital, es mi deber estar en estos momentos de dolor al lado de Nelia y de Andrés, la pobre Nelia se lo merece. Suena nuevamente el teléfono, mamá, seguramente buenas noticias, no era tan grave como en un principio parecía; aquí está nuevamente la sirvienta, Marta me comunica que Nelia acaba de morir exactamente a las siete menos tres minutos de esta tarde domingo diez de mayo. Miro por la ventana y veo la gigantesca sombra que proyecta la vieja higuera. Cómo vamos a hacer ahora sin Nelia, mamá, precisamente ahora que está la niña y la primavera parece rodear todas las cosas como de un halo de felicidad. Mamá, aquí hace un calor de verano. No sabes la suerte que tienes de vivir ahí en el norte, puedes salir a la calle a la hora que quieras y pasear. Debes venir al entierro, y aprovecha para enterrar también tu matrimonio, porque ese orden familiar tuyo que tanto necesitas se derrumba. Mamá, si vas a la calle Miguel Servét, aún encontrarás, al final, la pensión La Española, y si entras en ella, verás al dueño calvo y altísimo, y si miras el registro de entrada del año ochenta y seis, comprobarás que el nombre de Jacinto Macías aparece muchas veces; si miras el calendario, comprobarás que las fechas apuntadas al lado del nombre coinciden siempre con un viernes, y fíjate bien en la jota de jacinto, es exactamente igual a la que hace papá. Ah, otra cosa, Jacinto Macías es el nombre de un compañero de trabajo; ya sabes, tu marido nunca ha tenido demasiada imaginación.Todos, Nino, Pep y yo dudábamos si decirte la verdad o callarnos; te mentimos por piedad, o quizás también por seguir con ese orden establecido, ese orden de tú y papá y nosotros tres. Te quiero, mamá, hasta la vista.

Eladio Parreño Elías

2-Agosto-1994

Lectura que me ha cautivado plenamente porque, no es de mi interés las estructuras drásticas en la vida de nadie.
Mis cariños y como siempre GENIALES TUS PROSAS!!!!!!!!!!!!!!:::sonreir1:::
Mis reconocimientos a tu ingeniosa pluma amigo.
 
Querido Amigo Eladio. Eres un genio, para crear situaciones y personajes. Tu carta
bién podría ser de estos días, porque aún hoy, hay familias que viven, en esta especie,
de mentiras, para tapar la apariencias. Gratísimo leerte, Estrellas reputaciones.
Mi amistad siempre. Besos y Abrazos Uruguayos
 

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