Contradicción

Derghos

A la nada regresa la realidad de las palabras
Quisiera embriagado arrojar mi coraza

Con violencia al candor de Mayo,

Dejar en sus oxidadas grietas florecer vida nueva.

Quisiera hacer poemas honrando la belleza,

Y del alma, dejar salir antiguas e inocentes palabrejas.

Pero conozco el temblor del mundo marchito,

Su incoherencia, su horno altivo y oscuro.

Llámenme loco por mi desfachatada apariencia

Y dejen, en fósil, la vida caótica y loca.

Es un germen, un frenesí desatado la niñez.

¡Deja marchar lo pasajero! -me repito-.

Pero pasajero se queda cuanto digo.

¡Deja marchar lo ya olvidado! -quiero decirme-

Pero en recuerdo se torna lo perdido.

Ah! El candor…. Más frio eras en tu abrazo…

Más cálido... En tu azulado cielo brillabas…

¡Es ella! -me digo-

Ella, ¡la belleza!

No la soñada, ¡la encontrada!

Pero la perdida...

Esa...

Jamás habrá llegado a la existencia.




Ya Hamlet lo decía;

<<ser o no ser>>

y es esa siempre la cuestión.
 
La belleza es propia del Momento.
El Momento es muy extenso.
Y así, se esparce por todo el cuerpo humano.
Llegando a engatusar, o evocar la euforia. Los nervios a flor de piel...
El Derecho a la Intimidad... El estreno de un cortometraje...
Un concierto de piano...
Todo ello redunda en el apogeo del individuo.


Apogeo que será eclipsado, tal vez, por otras estrellas aún más brillantes.


No en vano, estamos colaborando, entre todos.
Somos raza. Estirpe, tribu, pueblo, ganado, rebaño, masa...
Por consiguiente, el Momento honra a todos los seres vivos.


Cada organismo puede llegar a su apogeo.
 
Quisiera embriagado arrojar mi coraza

Con violencia al candor de Mayo,

Dejar en sus oxidadas grietas florecer vida nueva.

Quisiera hacer poemas honrando la belleza,

Y del alma, dejar salir antiguas e inocentes palabrejas.

Pero conozco el temblor del mundo marchito,

Su incoherencia, su horno altivo y oscuro.

Llámenme loco por mi desfachatada apariencia

Y dejen, en fósil, la vida caótica y loca.

Es un germen, un frenesí desatado la niñez.

¡Deja marchar lo pasajero! -me repito-.

Pero pasajero se queda cuanto digo.

¡Deja marchar lo ya olvidado! -quiero decirme-

Pero en recuerdo se torna lo perdido.

Ah! El candor…. Más frio eras en tu abrazo…

Más cálido... En tu azulado cielo brillabas…

¡Es ella! -me digo-

Ella, ¡la belleza!

No la soñada, ¡la encontrada!

Pero la perdida...

Esa...

Jamás habrá llegado a la existencia.




Ya Hamlet lo decía;

<<ser o no ser>>

y es esa siempre la cuestión.
Me ha gustado, bello y profundo tu poema, escritura que brota de sentimientos que me son familiares amigo Derghos. Un abrazo. Paco.
 
La belleza es propia del Momento.
El Momento es muy extenso.
Y así, se esparce por todo el cuerpo humano.
Llegando a engatusar, o evocar la euforia. Los nervios a flor de piel...
El Derecho a la Intimidad... El estreno de un cortometraje...
Un concierto de piano...
Todo ello redunda en el apogeo del individuo.


Apogeo que será eclipsado, tal vez, por otras estrellas aún más brillantes.


No en vano, estamos colaborando, entre todos.
Somos raza. Estirpe, tribu, pueblo, ganado, rebaño, masa...
Por consiguiente, el Momento honra a todos los seres vivos.


Cada organismo puede llegar a su apogeo.

No sé si cada organismo, pero si cada ser humano. Me alegra ver que mi banal poema puede suscitar tal altivas reflexiones. Un saludo Nommo.
 
Me ha gustado, bello y profundo tu poema, escritura que brota de sentimientos que me son familiares amigo Derghos. Un abrazo. Paco.
Muchas gracias estimado Paco. Siempre es un enorme placer recibir tu amigable visita. Te envio un afectuoso saludo.
 

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