El lobo
Poeta recién llegado
Alguna vez tuviste una disputa entre tu mente y tu corazón al grado de no encontrar una solución para sentirte mejor, en un momento irónicamente le pregunté a mi mente que era correcto o que decisión podría tomar.
Mi mente no respondió… Por un rato seguí esperando respuesta y mi corazón se atrevió a contestarme: ¿Por qué esperas la respuesta en tu mente si yo ya te la he dicho tiempo atrás?
En mi atrevimiento le dije: porque tu respuesta no es correcta, no debo seguir lo que no es racional.
A diferencia de mi mente, mi corazón no tardó en responder mi negativa y repuso: los sentimientos pueden ser lo no apropiado pero jamás lo incorrecto, así que porque no me dejas seguir ayudándote con tus indecisiones.
Agotado y confundido respondí: ya haz ayudado demasiado y he terminado como estoy ahora.
Esperé impaciente una respuesta donde mi corazón desistiera, pero no fue así, era necio, inocente y no quería entender ni por las buenas ni por las malas, solo decía: adelante, yo seguiré latiendo aún y cuando tu mente crea que no puedes más.
Volví a preguntar algo derrotado: ¿Qué tal si sigo lastimándome por un deseo de algo inalcanzable, por algo que quizás ni siquiera sea apropiado?
El respondió: yo soy parte de ti y jamás cuestionaría ni juzgaría las decisiones que tomes guiadas por sentimientos y emociones, aún y cuando estas no vayan de la mano con la razón.
De la Rosa©
Mi mente no respondió… Por un rato seguí esperando respuesta y mi corazón se atrevió a contestarme: ¿Por qué esperas la respuesta en tu mente si yo ya te la he dicho tiempo atrás?
En mi atrevimiento le dije: porque tu respuesta no es correcta, no debo seguir lo que no es racional.
A diferencia de mi mente, mi corazón no tardó en responder mi negativa y repuso: los sentimientos pueden ser lo no apropiado pero jamás lo incorrecto, así que porque no me dejas seguir ayudándote con tus indecisiones.
Agotado y confundido respondí: ya haz ayudado demasiado y he terminado como estoy ahora.
Esperé impaciente una respuesta donde mi corazón desistiera, pero no fue así, era necio, inocente y no quería entender ni por las buenas ni por las malas, solo decía: adelante, yo seguiré latiendo aún y cuando tu mente crea que no puedes más.
Volví a preguntar algo derrotado: ¿Qué tal si sigo lastimándome por un deseo de algo inalcanzable, por algo que quizás ni siquiera sea apropiado?
El respondió: yo soy parte de ti y jamás cuestionaría ni juzgaría las decisiones que tomes guiadas por sentimientos y emociones, aún y cuando estas no vayan de la mano con la razón.
De la Rosa©