Conversemos
Hoy le propongo un trato,
un trato bajo el cielo, camarada..
Salgamos a la calle, vestidos de sonrisa
llevemos nada más, una bandera blanca.
Dejemos los horarios, esas aburridas caras de oficina
y avancemos la siesta, como quien se viste de torcaza.
¿Sabe?, hace mucho que no miramos hacia arriba,
o que no nos sentamos en la plaza.
¡Siempre apurados!, como si el mundo fuera a terminarse,
¡qué cosa, con nosotros, camarada!.
Nos encontramos nada más que en los entierros,
solo para decir…no somos nada.
Y si por ahí nos cruzamos por la calle,
es siempre tan urgente la palabra.
Como si la vida, pasara en otra parte,
y no donde nos pide hablar el alma.
Allá vamos detrás de nuestra urgencia,
con el peso de trepar, en las espaldas.
Sin vivir, sin ver, aun mirando.
Perdiendo el hoy, pensando en el mañana.
Hoy le propongo un trato,
un trato bajo el cielo, camarada.
Disfrutemos la calle, lentamente
en un ceremonial de siesta mansa.
¿Por qué tiene que ser todo de repente,
en una vorágine de timbres y llamadas?
Si antes el día era tan largo…
Tan largo, como la vieja calle larga.
Todo hemos acortado, hasta el tiempo,
¡como si la muerte, no nos esperara!.
Disimulamos el tiempo ya perdido
tapando las arrugas y las canas
Y solo nos damos cuenta que crecimos
con la ausencia de los hijos, en la casa.
Recordamos los amigos que se han ido,
los viejos compañeros de la infancia.
Los parientes lejanos que adornaron,
las viejas navidades de la cuadra.
Y nos forzamos a creer que hemos vivido
tan solo con pensar, que todo pasa.
Por eso…hoy le propongo un trato,
un trato bajo el cielo, camarada.
Vamos a reclutar otros que sueñen,
que remonten barriletes de esperanza.
Que crean que no es tiempo perdido,
sentarse a conversar en una plaza.
Vamos a andar la vida, caminemos
es hora que entre los dos, digamos basta.
Yo llevaré un poquito de poesía,
Usted, nada más traiga…una guitarra.
un trato bajo el cielo, camarada..
Salgamos a la calle, vestidos de sonrisa
llevemos nada más, una bandera blanca.
Dejemos los horarios, esas aburridas caras de oficina
y avancemos la siesta, como quien se viste de torcaza.
¿Sabe?, hace mucho que no miramos hacia arriba,
o que no nos sentamos en la plaza.
¡Siempre apurados!, como si el mundo fuera a terminarse,
¡qué cosa, con nosotros, camarada!.
Nos encontramos nada más que en los entierros,
solo para decir…no somos nada.
Y si por ahí nos cruzamos por la calle,
es siempre tan urgente la palabra.
Como si la vida, pasara en otra parte,
y no donde nos pide hablar el alma.
Allá vamos detrás de nuestra urgencia,
con el peso de trepar, en las espaldas.
Sin vivir, sin ver, aun mirando.
Perdiendo el hoy, pensando en el mañana.
Hoy le propongo un trato,
un trato bajo el cielo, camarada.
Disfrutemos la calle, lentamente
en un ceremonial de siesta mansa.
¿Por qué tiene que ser todo de repente,
en una vorágine de timbres y llamadas?
Si antes el día era tan largo…
Tan largo, como la vieja calle larga.
Todo hemos acortado, hasta el tiempo,
¡como si la muerte, no nos esperara!.
Disimulamos el tiempo ya perdido
tapando las arrugas y las canas
Y solo nos damos cuenta que crecimos
con la ausencia de los hijos, en la casa.
Recordamos los amigos que se han ido,
los viejos compañeros de la infancia.
Los parientes lejanos que adornaron,
las viejas navidades de la cuadra.
Y nos forzamos a creer que hemos vivido
tan solo con pensar, que todo pasa.
Por eso…hoy le propongo un trato,
un trato bajo el cielo, camarada.
Vamos a reclutar otros que sueñen,
que remonten barriletes de esperanza.
Que crean que no es tiempo perdido,
sentarse a conversar en una plaza.
Vamos a andar la vida, caminemos
es hora que entre los dos, digamos basta.
Yo llevaré un poquito de poesía,
Usted, nada más traiga…una guitarra.
Marino Fabianesi
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