Dvaldés
Poeta que considera el portal su segunda casa
CORCEL de ACERO
Paseando el equino con el hombre
alimenta a la tierra campesina,
por sendero oxidado se ilumina
y a los surcos tejidos en su nombre.
No hay pedrusco, ni tronco que le asombre,
ni los fríos de brisa matutina.
Al sonar de metales se encamina
cosechando en trigales su renombre.
Es corcel enclaustrado por acero,
de los cielos soñada maquinaria,
viejo amigo de suelos no labrados.
Por la tierra real o imaginaria,
galopando estridente su potrero
va el caballo de fierros encantados.
Dvaldés
Paseando el equino con el hombre
alimenta a la tierra campesina,
por sendero oxidado se ilumina
y a los surcos tejidos en su nombre.
No hay pedrusco, ni tronco que le asombre,
ni los fríos de brisa matutina.
Al sonar de metales se encamina
cosechando en trigales su renombre.
Es corcel enclaustrado por acero,
de los cielos soñada maquinaria,
viejo amigo de suelos no labrados.
Por la tierra real o imaginaria,
galopando estridente su potrero
va el caballo de fierros encantados.
Dvaldés