Halach
Poeta fiel al portal
Ella se acercó a la mesa, caminaba lentamente, su cuerpo se sentía cansado, no tanto como su alma, pero cansado. Se sentó sin saber que deseaba realmente, miraba fijamente el cristal roto pensando si esa tarde, se había hecho pedazos algo más que aquel vidrio, protector de la mesa durante tantos años. ¿Cuántas veces quitó las cosas pesadas que ponían sobre él?, ¿cuántas ocasiones había repetido por favor, ten cuidado, no lo vayas a romper!...?
No sabía cuánto tiempo había transcurrido ahí sentada, mientras se preguntaba si hacía lo correcto: ¿una hora? ¿Cinco? ¿Un día? ¿O la vida había pasado frente ella en tan solo unos segundos del infinito?
Los perros ladraban sin parar, quizás a la nada, posiblemente a la luna, tal vez a las almas perdidas en busca de respuestas.
La noche estrellada no la acompañaba más, por la ventana del fondo se filtraban los primeros rayos de luz entonces se preguntó si era el cristal o su alma la que veía entre recuerdos y penumbras, hecha pedazos
Quería llorar y no podía, quería sentir en un cuerpo cansado y no podía.
Hoy...sólo necesitaba pensar
No sabía cuánto tiempo había transcurrido ahí sentada, mientras se preguntaba si hacía lo correcto: ¿una hora? ¿Cinco? ¿Un día? ¿O la vida había pasado frente ella en tan solo unos segundos del infinito?
Los perros ladraban sin parar, quizás a la nada, posiblemente a la luna, tal vez a las almas perdidas en busca de respuestas.
La noche estrellada no la acompañaba más, por la ventana del fondo se filtraban los primeros rayos de luz entonces se preguntó si era el cristal o su alma la que veía entre recuerdos y penumbras, hecha pedazos
Quería llorar y no podía, quería sentir en un cuerpo cansado y no podía.
Hoy...sólo necesitaba pensar
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