Mira que te lo tengo dicho: que no corras con el coche, que hay radares...
Bueno, bromas aparte, te digo que me ha costado seguir el discurso de este poema por el primer cuarteto: dices que no puedes culpar a los hados de tus males, y a continuación que te fue dado tal camino; hombre, si tienes un camino prefijado, ¿cómo no vas a responsabilizar a quien te lo trazó de los baches que tenga? No acabo de ver la coherencia ahí.
Salvo eso, la idea general me queda clara. Llamo también la atención sobre la referencia trasatlántica del segundo cuarteto. Un elemento muy exótico. Es fácil importar en nuestro mundo globalizado.
Saludos.
No veo la falta de coherencia, Pablo. Este es un soneto fatalista como tantos de los que hago. Yo creo que no es contradictorio decir que no culpo a los
hados (hados que hay que interpretar como metáfora del azar inevitable) pues según el DRAE:
Hado:
1. m. En la tradición clásica, fuerza desconocida que obra irresistiblementesobre los dioses, los hombres y los sucesos.
2. m. Encadenamiento fatal de los sucesos.
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y esas acepciones expresarían exactamente la idea central de los cuartetos, porque ese "camino dado" a los humanos creo yo que debe ser una de las funciones de esos
hados inexorables que nos manejan y, como se suele decir por acá en el lenguaje popular: "contra eso,
m´ijo, no se puede ir"; lo azaroso es eso inevitable que da sentido al mensaje de los cuartetos, y el soneto es más bien conformista a ese respecto: contra lo inevitable no cabe echar culpas a nadie, es inevitable y ya está. Hay que asumir que la vida es así.
Si a nivel individual nuestra vida está llena de eventos azarosos imprevisibles que pueden dar un giro total (o parcial) a nuestra existencia, de igual modo la humanidad en general está expuesta también a eventos que pueden cambiar por completo la vida o destino de muchos miles, (en ocasiones de millones) de personas. Imagínate un terremoto de enormes proporciones (Haití) o un maremoto que produzca una ola gigantesca o un meteorito destructor ¿a quién vamos a culpar de eso? Con toda esta explicación yo no le veo contradicción a lo que digo.
Y luego está el asunto
del otro lado del atlántico con los naguales de los aztecas; aquí sí que hay un componente autobiográfico que me gustaría aclarar; aunque no soy muy partidario de meter autobiografía en mis trabajos, quieras que no siempre se cuela algo; lo del nagual de los aztecas viene de que en un tiempo ya algo lejano estuve muy influido por los libros de Carlos Castaneda, especialmente por los tres primeros de la saga que comenzó con el titulado "Las enseñanzas de Don Juan", y que me descubrieron las sabios conocimientos con los que el brujo Yaqui intentó convertir a Carlitos en su aprendiz y heredero cuando él dejara este mundo.
Esos libros fueron en su día la luz que entro a raudales por la ventana y que aliviaba mi desatino, aunque tales enseñanzas resultaron finalmente ser como ruedas de molino con las que no podía comulgar (por fortuna, mi sentido crítico y racionalista siempre presente), e igual que dejé otras creencias religiosas dejé esas enseñanzas también, aunque donde hubo siempre queda...; esa es la explicación de la referencia trasatlántica, Pablo; ya ves que no era gratuita.
Por lo que se refiere al último verso creo que no hace falta que diga que es una referencia al Alzheimer, enfermedad que cada vez ataca a más persona y a edad más temprana. Me horroriza solo pensar en ella. Bueno, está eso y el tener cada vez menos puntos de referencia ideológicos en tantos aspectos que antes consideraba inexpugnables y eso viene a ser también una especie de Alzheimer ¿no?
Saludos y gracias por tu comentario que me ha permitido explicar mejor el contenido del soneto.