El Hijo de la Luz
Poeta recién llegado
A cuatro mil kilómetros, entre bosques y desiertos, se encuentra el eco de un amor que fue nuestro.
La distancia se alarga, cual sombra en la noche, y el olvido se posa, sin pedirnos reproches.
Cada kilómetro pesa, como un suspiro perdido, entre recuerdos lejanos y un amor que se ha ido.
La indiferencia se cierne, como niebla en el viento, y el corazón se enfría, en este triste lamento.
El silencio se adueña de lo que un día fue, pero la memoria se borra, sin dejar más que una sed de tí.
A cuatro mil kilómetros, entre fronteras y montañas, se diluye el amor, en suspiros y pesares.
La distancia nos marca, con su fría presencia, mas el olvido se mezcla con la indiferencia.
El tiempo nos arrastra, sin tregua ni piedad, y en la soledad del alma, se pierde la esperanza.
La distancia se alarga, cual sombra en la noche, y el olvido se posa, sin pedirnos reproches.
Cada kilómetro pesa, como un suspiro perdido, entre recuerdos lejanos y un amor que se ha ido.
La indiferencia se cierne, como niebla en el viento, y el corazón se enfría, en este triste lamento.
El silencio se adueña de lo que un día fue, pero la memoria se borra, sin dejar más que una sed de tí.
A cuatro mil kilómetros, entre fronteras y montañas, se diluye el amor, en suspiros y pesares.
La distancia nos marca, con su fría presencia, mas el olvido se mezcla con la indiferencia.
El tiempo nos arrastra, sin tregua ni piedad, y en la soledad del alma, se pierde la esperanza.