dragon_ecu
Esporádico permanente
La hora del apareamiento, suele incidir en el instante del alumbramiento.
Tal vez por esto no se me hizo raro, nacer un domingo primero de mayo, a la hora del descanso luego del almuerzo.
En lugar de dejar que la gravedad me lleve al mundo externo, fueron mis pies halados desde arriba fracturando mis hombros.
Llegué en silencio, dormido, sin sentir dolor alguno, prácticamente sin respirar.
Sobre una bandeja fría mi cuerpo encogido como si estuviera en un capullo, apenas tiritaba.
Una voz advirtió que mis pulmones parecían funcionar, por lo que la urgencia no era tanto mi estado, sino conseguir un medicamento entre un centenar de farmacias cerradas por el horario.
Mi cuerpo fue envuelto por una cobija sucia y algunos trapos sanguinolentos que algo de calor retenían.
Una aguja inyectó intenciones de vida y reaccioné llorando, reclamando por verme arrancado de un refugio cálido, aunque cada vez más acartonado y estrecho.
El tiempo fue transcurriendo mientras las luces iban siendo absorbidas por el paso de las horas.
el sol se oculta...
tras las sombras oscuras
la vida sigue...
Los segundos fueron devorados por las horas y estos por los días, hasta que los meses cayeron engullidos por los años.
Quien alguna vez ofreciera su vida por una ampolla para otra vida, recibió la factura con aviso previo.
El calendario llegó a tener una especie de amuleto de suerte y pesadumbre. Era cuestión de ver cuántos días más se podía engañar al último grano de arena, para que este no caiga... y aún así notar que las demás clepsamias no se detenían.
las manos pesan
repletas de vacío
llenas de ausencias
Una fuente de luz se desvanecía, hasta que la sombra se perdió confundida con las penumbras del luto.
Escondido tras una máscara estoica, las lágrimas se vertían por dentro, sin llegar a sentir la brisa sobre las mejillas.
La lluvia disimulaba la melancolía, así que caminar bajo esta sin paraguas era un escape afortunado.
Una tarde una figura húmeda posó sus ojos sobre los míos. Una vieja sombrilla resultó el pretexto para compartir dos soledades.
El tiempo no cejó su avance y las distancias se abrieron entre dos idiomas y ciudades diferentes.
el pecho duele...
si late todavía
es necedad
Un destino se mantuvo en tierra, mientras otro se convertía en cenizas.
La soledad ahora estuvo acompañada de remembranzas, de risas amargas por aquello que se sabe ajeno y sin embargo se siente tan propio y cercano.
Un destino escrito en granito.
Otro destino todavía líquido de alcohol y tinta, espera a ser visible en caracteres sobre el papel.
La vida sigue, por lo que debemos mantener el paso en el camino...
tibia sonrisa
enmarcada por lágrimas
brinda su luz
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Kikôbun 紀行文 (prosa y poema)
Diario de viaje que recoge las experiencias acompañadas de poema(s).
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