César Guevar
Poeta que considera el portal su segunda casa
Estaba estacionado otra vez entre pelícanos
verdes
azules en los ojos dolidos
manchas de sal y arroz los párpados
y el reclamo agrio de un puente hecho para volar cuesta abajo.
Estaba desnudo de la piel hacia adentro.
Tenía el desgraciado frío del metal encajado en no sé dónde;
un lugar entre el esternón y el alma
que duele.
Duele el muy maldito
da rabia...
Era tarde y domingo, una cerveza
caliente
con agua de mar
abajo pululaban los cangrejos.
Y yo me sentía cercano a emular a la Storni,
mas no en un mar gris
sino en el rabioso mar azul y traicionero
cerca de los uveros de la playa
con las 82549 medusas copulando indiferentes
para perpetuar la vida.
Yo quería ser Vallejo
...
pero hay que ser demasiado poeta
para morirse de tristeza.
César el loco. 2018, julio y maldita sea que ni siquiera haya luna, carajo!