De la poesía y otras carnes del sueño

prisionero inocente

Poeta que considera el portal su segunda casa
Hablo como si tuviera un cráneo en la boca
prestado por el duende de las jeringas.
Sufro del virus que macera el hueso de la palabra.
Hablo y digo que la elegancia es un grillo sin cabeza
que fosforece en una cabellera de paroxismos.
Cuando salen lombrices del párpado
hacia la venganza de la noche.
Cuando el arrepentimiento se delata
como balones de jabón.
Hablo, sólo hablo.
Digo pez para combatir el ahogo de la cordura
que empieza a definir mi eclipse.
Yo, como todos los hombres, quise ver el cóndor
y saber si mi alma de escoba podía barrer los rombos
caídos de un ojo de mercenario.
Quise apuñalar el reflejo de la maldad, los niños de la cicatriz.
Someter todo lo perdido a una instantánea cloración.
Si alguien puede quitarnos el derecho de ser ausentes.
Quise tocar la mano negra
de un ejército de nazis
y masturbarme sobre su ídolo.
Posarme, feliz, en la víscera del caos
y ser un embrión alado del fracaso que zumbe religiosamente.
Quise ser miel de ira y cráter de liebre.

Hablo como si tuviera un cráneo de cíclope en la boca.
Una cuenca enorme que persigue a las palabras
adelgazadas como lenguas de cierva.
 
Última edición:
Un verdadero ciclón de imágenes y metáforas, que arrastran la realidad y los conceptos hacia un escenario casi onírico donde el único telón son los horizontes sensibles del lector. Siempre genial Marius. Un abrazo querido amigo.
 
Hablo como si tuviera un cráneo en la boca
prestado por el duende de las jeringas.
Sufro del virus que macera el hueso de la palabra.
Hablo y digo que la elegancia es un grillo sin cabeza
que fosforece en una cabellera de paroxismos.
Cuando salen lombrices del párpado
hacia la venganza de la noche.
Cuando el arrepentimiento se delata
como balones de jabón.
Hablo, sólo hablo.
Digo pez para combatir el ahogo de la cordura
que empieza a definir mi eclipse.
Yo, como todos los hombres, quise ver el cóndor
y saber si mi alma de escoba podía barrer los rombos
caídos de un ojo de mercenario.
Quise apuñalar el reflejo de la maldad, los niños de la cicatriz.
Someter todo lo perdido a una instantánea cloración.
Si alguien puede quitarnos el derecho de ser ausentes.
Quise tocar la mano negra
de un ejército de nazis
y masturbarme sobre su ídolo.
Posarme, feliz, en la víscera del caos
y ser un embrión alado del fracaso que zumbe religiosamente.
Quise ser miel de ira y cráter de liebre.

Hablo como si tuviera un cráneo de cíclope en la boca.
Una cuenca enorme que persigue a las palabras
adelgazadas como lenguas de cierva.

Sueño sublime para esos espacios mucho mas
alla de lo convencional. una proyeccion de poema
que se disuelve en la memoria. felicidades.
excelente. luzyabsenta
 
Estimado poeta te saludo. Auscultas siempre la imagen, animal como nosotros pero llena de esencias que nos sueñan otra cosa; tal vez ángeles caídos o simplemente estertores de un dios que se transforma. Un abrazo.
 
Hola amigo, siempre es un gusto saludarte y leerte, tienes una exquisita imaginación y un alma buena.Con el cariño inalterable de siempre, te dejo un abrazo enorme.
 
Marius, tu palabra arrasa, demuele los cimientos de lo común y genera de sus restos un universo mágico de emociones y sensaciones intensas e irrepetibles. Mis reverencias y admiración, querido amigo. Abrazos.
 

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