prisionero inocente
Poeta que considera el portal su segunda casa
Hablo como si tuviera un cráneo en la boca
prestado por el duende de las jeringas.
Sufro del virus que macera el hueso de la palabra.
Hablo y digo que la elegancia es un grillo sin cabeza
que fosforece en una cabellera de paroxismos.
Cuando salen lombrices del párpado
hacia la venganza de la noche.
Cuando el arrepentimiento se delata
como balones de jabón.
Hablo, sólo hablo.
Digo pez para combatir el ahogo de la cordura
que empieza a definir mi eclipse.
Yo, como todos los hombres, quise ver el cóndor
y saber si mi alma de escoba podía barrer los rombos
caídos de un ojo de mercenario.
Quise apuñalar el reflejo de la maldad, los niños de la cicatriz.
Someter todo lo perdido a una instantánea cloración.
Si alguien puede quitarnos el derecho de ser ausentes.
Quise tocar la mano negra
de un ejército de nazis
y masturbarme sobre su ídolo.
Posarme, feliz, en la víscera del caos
y ser un embrión alado del fracaso que zumbe religiosamente.
Quise ser miel de ira y cráter de liebre.
Hablo como si tuviera un cráneo de cíclope en la boca.
Una cuenca enorme que persigue a las palabras
adelgazadas como lenguas de cierva.
prestado por el duende de las jeringas.
Sufro del virus que macera el hueso de la palabra.
Hablo y digo que la elegancia es un grillo sin cabeza
que fosforece en una cabellera de paroxismos.
Cuando salen lombrices del párpado
hacia la venganza de la noche.
Cuando el arrepentimiento se delata
como balones de jabón.
Hablo, sólo hablo.
Digo pez para combatir el ahogo de la cordura
que empieza a definir mi eclipse.
Yo, como todos los hombres, quise ver el cóndor
y saber si mi alma de escoba podía barrer los rombos
caídos de un ojo de mercenario.
Quise apuñalar el reflejo de la maldad, los niños de la cicatriz.
Someter todo lo perdido a una instantánea cloración.
Si alguien puede quitarnos el derecho de ser ausentes.
Quise tocar la mano negra
de un ejército de nazis
y masturbarme sobre su ídolo.
Posarme, feliz, en la víscera del caos
y ser un embrión alado del fracaso que zumbe religiosamente.
Quise ser miel de ira y cráter de liebre.
Hablo como si tuviera un cráneo de cíclope en la boca.
Una cuenca enorme que persigue a las palabras
adelgazadas como lenguas de cierva.
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