Chema Ysmer
Poeta que considera el portal su segunda casa
Abandono en las paredes más lujosas
del palacio de Versalles y aledaños,
del diamante y su pasado lujurioso
que obligó a cerrar los ojos al amante
que recibe, su dura poesía.
Abandono de la rosa en el jarrón del centro
perdida del rosal, que fue su madre,
vínculo con la tierra y el estiércol
realidades maltrechas de piedras y pezuñas
lluvia consumida a dardos,
grandes sorbos a destiempo.
Abandono del cordero de Dios
que bebió del mundo su pecado inmaculado,
de la única lágrima que sabe vivir del negro,
en soledad, sin ruido de tambores,
sin vientre que acaricie azules o reflejos.
Abandono en la caída,
en el salto, en la sorpresa,
en el nudo que se abre y deja partir al barco;
abandono del puerto,
del calor reconcentrado de aguas estancadas
cobijo de labios sin merecer dientes,
que no dejan heridas cuando muerden.
Abandono de la espina del rosal que no llora
pero no así a la inversa;
abandono en la belleza,
dolor pasado que abre en el hoy
la agonía a la luz,
viento que sopla y del revés la mano
golpe y caricia de cualquier momento
de las horas muertas,
pero siempre vivas.