Poema de LIBRA8, publicado por su autor en el enlace: http://www.mundopoesia.com/foros/showthread.php?t=520806&highlight
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DOSCIENTOS ASIENTOS VACÍOS
Doscientos asientos vacíos.
Y no caben en ellos cuatro cuerpos
aún vivos.
Cuatro corazones como cuatro aviones.
Cuatro corazones que aún dicen
que aún brillan,
que se desangran...
Ocho manos,
Ocho pulmones,
que regalaron hasta la última gota
de su llama,
de su aire,
a los herederos vitalicios de la miseria
que devora
sin dejar lágrima ni rastro,
(...pues la otra, la de verdad,
reside en destino).
Turbulencias en lo nombrado humano.
¡Overbooking de sinsentido!.
Son de tierra equivocada.
De una extraña tierra donde se regala
sin pedir papeles,
donde todos son nada,
donde la burocracia ya es
demasiado tarde.
Escupidos y abandonados
a la suerte
de los miserables.
Habló...
¡Imploró!,
a los miserables que reparten
la suerte.
Ella pidió solo cuatro asientos,
solo cuatro asientos más,
¡cuatro asientos vacíos!:
Su inviable derecho de compasión.
Solicitud denegada
desde la miseria de los ministerios,
donde las cruces de los despachos
son de mármol,
y no manchan,
y no salpican de sangre
las paredes de los barracones,
que aún en su fiebre y condena
sudan esperanza.
Ella derramó su penúltima plegaria
sobre los dioses de la tierra:
su legítima y desesperada
demanda de auxilio.
Pero no sirven suero en tercera clase.
No quedan billetes para la vida
para los últimos de la tierra.
Otras latitudes les acogerán
en su reino sin bandera.
En éste no hay sitio,
cielo,
ni piedad para ellos.
Doscientos asientos vacíos,
doscientos aviones vacíos
callan la vergüenza,
porque cuatro moribundos
extranjeros,
que dieron hasta su último aliento
por el prójimo,
(y porque otros cientos
sin voz),
no pudieron acreditar
un puto pasaporte
hacia la vida.
********
(Hace pocos días el gobierno español repatrió
a un misionero enfermo de ébola desde África
junto a otra compañera suya que afortunadamente
aún no se encontraba contagiada.
Junto a ellos había cuatro misioneros más.
Una monja rogó a las autoridades españolas
que también les llevaran a ellos a España
para intentar salvarles, que allí estaban
en muy malas condiciones y sin medios
para ser tratados. Al no tener nacionalidad
española les negaron cualquier ayuda.
Los médicos recogieron a los dos españoles
y abandonaron al resto a su suerte.
Catherine, que así se llamaba la monja,
murió unos días después).