Marinero de aguas infinitas,
he de virar mi rumbo.
Con recia singladura que protege tu sombra
corregiré las fases de tu luna
para alargar su estela por mis mares.
Un coro de alcatraces me mecerá en su manto
¡cabalgata de crestas y de espumas!
hasta encontrarte plena al filo de tus valles
como una diosa celta que adriza mi derrota.
Y atracaré en ti misma como un céfiro calmo
que alcanzara tus cumbres.
Un golpe de mar denso me empuja ya a tu cenit
¡asombroso prodigio de cotas que se anhelan!
Dos almas que se encumbran
hasta el vértice mismo de tu otero.
(Derrota: en este caso, rumbo de una embarcación al navegar)