El modelo liberal está en crisis. Hace algunos años hubo una ola de robos con fuerza en las casas de mi comarca, La Marina Baixa. Entraban en las casas, con los propietarios o los inquilinos dentro, y robaban a su antojo, a menudo lesionando violentamente a los ocupantes de las viviendas. En aquel momento, el flamante director de un parque temático local escribió un artículo en la prensa provincial en el que decía que el estado debía garantizar la seguridad de los ciudadanos y que no existían libertades democráticas si el estado no podía garantizar el patrimonio de los ciudadanos. Es imposible no estar de acuerdo. Es decir, que el estado, por medio de sus servicios policiales, el ejército y la justicia, deben ser los garantes de la libertad, que normalmente significa la libertad de las prácticas lucrativas de carácter legal. En ese momento se aprovechó, de paso, para implementar leyes que limitaran la libertad de expresión, el derecho de huelga y la libertad de información, no fuera caso que la gente se rebelara. La sanidad y la investigación no se consideraron garantes del libre ejercicio de actividades lucrativas legales y por lo tanto se pasó la tijera, la podadora y el cortacésped por encima de sus presupuestos, al tiempo que se daba carta blanca al ejercicio privado de la sanidad, facilitando el trasvase, via aseguradoras, de usuarios de la sanidad pública a clientes de la sanidad privada. Pero en eso llegó el coronavirus, con el resultado de que el ejercicio de las actividades lucrativas legales depende de la salud de todos. Vaya, vaya. Poner a la altura del ejército, la polícia y la judicatura los servicios de salud y la investigación es la nueva premisa para que se garanticen las libertades formales. No seremos libres, es decir, libres para tener negocios o trabajar, hasta que la investigación pública multiplique sus fondos por 100 y la servicios sanitarios públicos sean capaces de tratar una pandemia sin dejar a nadie atrás. Un saludo. Gigio