Qué dulce está la alborada
brillando nuestras verdades,
promesas de eternidades
de aquella tarde dorada
en la desierta ensenada
de dos locos juveniles
que al paso de los abriles,
(proceso de largo plazo),
unidos al mismo brazo
somos amantes seniles.
Siente tu mano en la mía
y recuerda que te quiero,
siempre fuiste lo primero
de mi oración cada día
pues sin ti, no hay melodía
que renueve lo empezado
de lo que diste y te he dado
cada olor de luna llena
que con su brisa, serena
los retoños del pasado.