Pedro Olvera
#ElPincheLirismo
Para residir un vacío con otro vacío
el corazón escribe solo con sus agujeros,
los naturales o los adquiridos,
en el aire u otras cortezas menos fluidas.
En los paredones de una bodega en San Pedro
pude leer los corazones de doce sicarios,
una docena de hoyos interrumpidos
a mitad de un tabique de pómez y cemento
con margen nimbado en grana desvaída:
del otro lado estaba la claridad del domingo
ardiendo de entre las milpas,
pero atrapados en una horizontalidad sin fondo
los corazones parpadeaban la dureza ciega
de su más profundo e inexorable latido.
Nada en esos ojos huecos se traducía como alma,
nada ahí significaba vida; si acaso, destino.
La bala que acribilló al asesino de veinte años
atravesó el mismo corazón que tenía a los cinco.
el corazón escribe solo con sus agujeros,
los naturales o los adquiridos,
en el aire u otras cortezas menos fluidas.
En los paredones de una bodega en San Pedro
pude leer los corazones de doce sicarios,
una docena de hoyos interrumpidos
a mitad de un tabique de pómez y cemento
con margen nimbado en grana desvaída:
del otro lado estaba la claridad del domingo
ardiendo de entre las milpas,
pero atrapados en una horizontalidad sin fondo
los corazones parpadeaban la dureza ciega
de su más profundo e inexorable latido.
Nada en esos ojos huecos se traducía como alma,
nada ahí significaba vida; si acaso, destino.
La bala que acribilló al asesino de veinte años
atravesó el mismo corazón que tenía a los cinco.
31 de agosto de 2021
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