Dialmar
Poeta asiduo al portal
Distante de mí,
percibo con horror
la ausencia de mi voz carente.
Observo atento el camino
que sin paso he recorrido.
Un gemido lánguido despierta
En alerta inminente,
allá las veo, ¡mis pobres alas rotas!
desgarrando el alma para soltarse
de su dolorosa en injusta incrusta.
Ay! Mis pobres palabras engarzadas
en esta infinita cerca de púas,
enrredadas y cansadas no se pueden soltar,
entre más salida buscan
de sus ropas esas púas se prenden más.
Me culpo por dejarlas
por avanzar pensando que volarían a mi velocidad
Y ahora verlas rasguñadas y tristes
de ausente mirar,
Agónicas sin ver un final,
Su renuncia es a su voluntad
ni fuerzas tienen para luchar.
Ay! mis pobres quebrados luceros
¡ya no vuelan más!.
Las beso, las toco, lamo las heridas
con cuidado dulce y desesperado
de acuciante agilidad.
Desgarro su prenda, lo que queda
y las libero ansiosamente
de sus espinas de frío metal.
Las abrazo y recojo algunas letras
que podrían sobrevivir
Al terrible accidente que cometí,
mi pena abraza su rescate.
En tormentosa urgencia
las arrullo en lucha de pesadumbre
y ellas lloran su abandono
e infinita desilusión.
En fragmentos sus miembros quedan.
Mis pobres palabras de letras rotas
Ni un verso queda en ellas.
Acaso mi tristeza podrá
Rescatar en vuelo su poema?.
percibo con horror
la ausencia de mi voz carente.
Observo atento el camino
que sin paso he recorrido.
Un gemido lánguido despierta
En alerta inminente,
allá las veo, ¡mis pobres alas rotas!
desgarrando el alma para soltarse
de su dolorosa en injusta incrusta.
Ay! Mis pobres palabras engarzadas
en esta infinita cerca de púas,
enrredadas y cansadas no se pueden soltar,
entre más salida buscan
de sus ropas esas púas se prenden más.
Me culpo por dejarlas
por avanzar pensando que volarían a mi velocidad
Y ahora verlas rasguñadas y tristes
de ausente mirar,
Agónicas sin ver un final,
Su renuncia es a su voluntad
ni fuerzas tienen para luchar.
Ay! mis pobres quebrados luceros
¡ya no vuelan más!.
Las beso, las toco, lamo las heridas
con cuidado dulce y desesperado
de acuciante agilidad.
Desgarro su prenda, lo que queda
y las libero ansiosamente
de sus espinas de frío metal.
Las abrazo y recojo algunas letras
que podrían sobrevivir
Al terrible accidente que cometí,
mi pena abraza su rescate.
En tormentosa urgencia
las arrullo en lucha de pesadumbre
y ellas lloran su abandono
e infinita desilusión.
En fragmentos sus miembros quedan.
Mis pobres palabras de letras rotas
Ni un verso queda en ellas.
Acaso mi tristeza podrá
Rescatar en vuelo su poema?.