Delirium

Jose Anibal Ortiz Lozada

Poeta adicto al portal
En el ocaso de la vida, la mente febril del moribundo danza entre sombras y recuerdos, un torbellino de imágenes que se funden y disuelven en un delirio sin fin. Las visiones se desvanecen y resurgen, como fantasmas errantes que se niegan a desaparecer.

Los rostros conocidos se mezclan con figuras fantásticas, y las voces se tornan ecos lejanos que susurran secretos olvidados. Los colores, antaño vibrantes, se difuminan en un caleidoscopio de luces y sombras, reflejando los sueños rotos y las esperanzas difusas.

La fiebre, con su ardor abrasador, envuelve al moribundo en un abrazo implacable, mientras los recuerdos de una vida entera se agolpan, luchando por no ser olvidados. El pasado y el presente se confunden en un tapiz de momentos entrelazados, donde la realidad se disuelve en la fantasía, y la razón cede ante la locura.

Visiones en el Umbral

Los días de juventud, con sus risas y lágrimas, desfilan ante los ojos cansados. El amor, la pérdida, la alegría y el dolor, todos se amalgaman en un torrente de emociones que escapan al control. En medio de este caos, surge la figura de un ser amado, un faro de esperanza en la neblina de la inconsciencia.

El Último Aliento

En el último aliento, cuando la frontera entre la vida y la muerte se difumina, el moribundo encuentra una paz efímera. Las voces se apagan, las visiones se desvanecen, y un silencio sereno se apodera del alma. Es en ese instante, en el delicado equilibrio entre el ser y el no ser, donde la mente febril se entrega a la eternidad, dejando atrás el delirium de una existencia efímera.

Epílogo

Así, en el delirio final, la mente febril del moribundo nos recuerda la fragilidad de la vida, la impermanencia de nuestros sueños y la inevitable llegada de la oscuridad. En este estado febril, cada pensamiento, cada visión, es una pieza de un rompecabezas eterno, donde el fin y el principio se entrelazan en un ciclo sin fin.
 
Hola José,
decirte que me ha gustado mucho la reflexión que compartes. Sin haberla vivido (y no creo que quien lo haya hecho este aquí para contarlo... O si... ¿Quién sabe?) me ha parecido muy fiel a la realidad.
Escribí acerca de este tema de una manera quizás más sutil decorándolo con una historia a modo de relato dado el interés que me suscita está cuestión que pude experimentar, sin estar en su cabeza, durante la agonía de la muerte de mi padre.

http://www.mundopoesia.com/foros/temas/el-paseo.777811/

Un saludo.
 

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