DAMAMISTERIOSA
Borracha Reconocida
La azotea llueve de gatos,
palomas carroñeras y zapatos.
Qué preciosa la aurora púrpura,
ofreciéndose como cinturón
sujetado al marco de mi esquizofrenia,
abrazándome hasta mutar en añil
de voces y murmullos.
Juego ping pong con las bolas
de los ojos,
rojos como mercurio,
inflamados de dolor carmín.
Hoy pasé caminando frente a Cristo,
me dijo “ háblame”,
y le dije que yo no hablo con él.
No hablo con nadie.
Por eso no hay quien responda.
Existen esos días de dunas y arcabuces,
el solsticio de invierno interminable,
la angustia de acordeón y violín.
El celular está muerto,
las llaves cuelgan de azul polar,
los libros enmudecen de mortaja,
los parques secos de caminatas,
las botellas temblando de evaporación.
Este poema está herido,
por eso el verbo irregular,
por eso su deforme hoja,
por eso su seca tinta.
El cansancio de remar hacia arriba,
mientras todos reman hacia el frente.
Hemmingway quiso tanto al mar,
para no ser el viejo.
Se volvió viejo
y se hundió en el mar.
El Comfortably Numb de un Pink sin Floyd.
Mi garganta con una
minúscula tormenta de arena
en el centro,
mi pesado respirar.
Esta lucha de bolsillos volteados,
agujereados, sin monedas,
y un puñado de estrellas en las manos,
soñando con niños
brincando en un pie,
comiendo gelatina de colores,
diciéndole a la vida:
¡Te gané, te gané!
Esta noche-madrugada de mierda.
palomas carroñeras y zapatos.
Qué preciosa la aurora púrpura,
ofreciéndose como cinturón
sujetado al marco de mi esquizofrenia,
abrazándome hasta mutar en añil
de voces y murmullos.
Juego ping pong con las bolas
de los ojos,
rojos como mercurio,
inflamados de dolor carmín.
Hoy pasé caminando frente a Cristo,
me dijo “ háblame”,
y le dije que yo no hablo con él.
No hablo con nadie.
Por eso no hay quien responda.
Existen esos días de dunas y arcabuces,
el solsticio de invierno interminable,
la angustia de acordeón y violín.
El celular está muerto,
las llaves cuelgan de azul polar,
los libros enmudecen de mortaja,
los parques secos de caminatas,
las botellas temblando de evaporación.
Este poema está herido,
por eso el verbo irregular,
por eso su deforme hoja,
por eso su seca tinta.
El cansancio de remar hacia arriba,
mientras todos reman hacia el frente.
Hemmingway quiso tanto al mar,
para no ser el viejo.
Se volvió viejo
y se hundió en el mar.
El Comfortably Numb de un Pink sin Floyd.
Mi garganta con una
minúscula tormenta de arena
en el centro,
mi pesado respirar.
Esta lucha de bolsillos volteados,
agujereados, sin monedas,
y un puñado de estrellas en las manos,
soñando con niños
brincando en un pie,
comiendo gelatina de colores,
diciéndole a la vida:
¡Te gané, te gané!
Esta noche-madrugada de mierda.
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