Desde que ella no llama a la puerta

Pasajero de barro

Poeta recién llegado
Desde que ella no llama a la puerta
las palomas grises han detenido su vuelo al borde de mi ventana
y miran hacia dentro, como queriendo pasar,
pero allí se quedan,
ululando.

Jean Pierre ejecuta un plan maestro en alta definición,
pero no lo veo,
porque ya he visto esa película otras veces
y solo quiero un poco de ruido que me acompañe en mi silencio.

Mandinga ha despertado.
Pongo la pava en el fuego,
apuro un poco las tostadas.
Sobre la mesa manteca y mermelada de frutilla y de durazno.
Mandinga se sienta a la mesa.

“Desde que ella no llama a la puerta” comienzo.
“Tampoco llama al teléfono” me interrumpe.
“¿Cómo puede ser tan cruel el ser humano?” le pregunto.
“No me mires a mí que no es mi culpa” me responde.

Observo al hombre
rojo pálido, triste, cabizbajo,
aunque quizás de los dos,
soy yo quien más la extraño.
Desayunamos en silencio,
las palomas ahora se aparean,
hacen un ruido insoportable.

Mandinga vuelve a la cama
al agobiante resplandor del televisor pequeño.
Yo observo a las palomas
que ahora vuelven a mirar hacia dentro
me siento desnudo
comprendo que tengo miedo.
 
Última edición:
Pasajero tu poema se destaca. Me gusto muchisimo tu decir claro y sencillo y esa profundidad que te eriza la piel. Te felicito.

Un abrazo, Christian.
 
Estimado Pasajero de barro.

Excelente poema de lo inmediato, de la intimidad y la cotidianidad, nostalgia,desamor y ternura se conjugan en sus versos.
Me recuerda a Boukowsky y Sabines, se agradece lo hayas compartido.
Recibe un fuerte abrazo.
 
Señor, que poema tan exquisito, lleno de atmósferas, un microrelato abierto a la imaginación y pleno de nostalgia y , por supuesto, poesía.
un placer leerte.

Saludos
 
Muchas gracias a quienes se tomaron la molestia de dejarme una firma en mi poema. La verdad es que siento un gran cariño por obras como estas que implican la llegada de lo fantástico al plano de lo cotidiano. Allí están esas palomas, que son símbolo de la paz, que miran desde afuera pero no entran, expresándole al personaje principal que la vida está afuera, que la paz está en salir de su encierro (que es en realidad un encierro sentimental, el no querer olvidar, el no querer dejar ir finalmente a esa mujer que ya se ha ido). Y esa mujer que se ha ido es mala, porque ha dejado sufriendo también a Mandinga, nada menos que al mismo diablo.

Este tipo de historias donde lo que es fácilmente reconocible es habitado por seres imaginarios o personificados me fascinan. Me alegra saber que es un gusto que comparto con otras tantas personas.

Un abrazo muy grande a todos, me comprometo a pasarme también por sus poesías.
 
Última edición:
Me gustan las imágenes que vienen a mi mente al leerte, las palomas, la habitación sepia, "mandinga" triste y cabizbajo (¿Quién lo hubiera imaginado así?), la pava rompiendo el silencio, las voces hablando a la nada...se siente tan triste el momento y...me hizo sonreir pensar en lo mágico...creo que todos tendemos a charlar con Dios en los momentos dificiles y tu lo cambias todo...

"me siento desnudo, comprendo que tengo miedo"...no hubiera imaginado un final tan intenso para este poema, ese decir mucho con pocas palabras.

me ha gustado mucho, ¡qué placer leerte!. Besos.
 
Desde que ella no llama a la puerta
las palomas grises han detenido su vuelo al borde de mi ventana
y miran hacia dentro, como queriendo pasar,
pero allí se quedan,
ululando.

Jean Pierre ejecuta un plan maestro en alta definición,
pero no lo veo,
porque ya he visto esa película otras veces
y solo quiero un poco de ruido que me acompañe en mi silencio.

Mandinga ha despertado.
Pongo la pava en el fuego,
apuro un poco las tostadas.
Sobre la mesa manteca y mermelada de frutilla y de durazno.
Mandinga se sienta a la mesa.

“Desde que ella no llama a la puerta” comienzo.
“Tampoco llama al teléfono” me interrumpe.
“¿Cómo puede ser tan cruel el ser humano?” le pregunto.
“No me mires a mí que no es mi culpa” me responde.

Observo al hombre
rojo pálido, triste, cabizbajo,
aunque quizás de los dos,
soy yo quien más la extraño.
Desayunamos en silencio,
las palomas ahora se aparean,
hacen un ruido insoportable.

Mandinga vuelve a la cama
al agobiante resplandor del televisor pequeño.
Yo observo a las palomas
que ahora vuelven a mirar hacia dentro
me siento desnudo
comprendo que tengo miedo.
 

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