tyngui
Poeta que considera el portal su segunda casa
Los espacios se contraen en mi insulsa subjetividad, causan estados fallidos de comprensión y veracidad.
La confusión se vuelve obsoleta y se va transformando en una monstruosidad, depravando la visión inconsciente, tornándola inconvertible, indilucidable e irreal.
El vacío llega a la hora de elegir.
La angustia tortuosa y sistematizada, disfrazando al tiempo, intimida la escena, turba la opción.
Donde la deseabilidad primaria se convierte en perversión.
El juego de la supremacía de la nada.
La sospecha capciosa y los miedos que interpreta la duda. Ayudan a darle entidad a la invasión del silencio.
Tal vez el vacío de la libertad que interpretó Kierkegaard, a la hora de tomar una elección. Ese peso moral, preciso y acotado que delego a la razón, no sea suficiente.
La confusión se vuelve obsoleta y se va transformando en una monstruosidad, depravando la visión inconsciente, tornándola inconvertible, indilucidable e irreal.
El vacío llega a la hora de elegir.
La angustia tortuosa y sistematizada, disfrazando al tiempo, intimida la escena, turba la opción.
Donde la deseabilidad primaria se convierte en perversión.
El juego de la supremacía de la nada.
La sospecha capciosa y los miedos que interpreta la duda. Ayudan a darle entidad a la invasión del silencio.
Tal vez el vacío de la libertad que interpretó Kierkegaard, a la hora de tomar una elección. Ese peso moral, preciso y acotado que delego a la razón, no sea suficiente.