Eremita
Poeta recién llegado
Desesperanza
Nunca había estado aquí,
en esta esquina de la vida,
una mujer enamorada llora
y un hombre borracho se suicida.
Más allá las sombras, los susurros,
un pájaro muerto en la calzada
y una rata gris por el tejado
huyendo de la noche o en pos de ella.
Mientras yo me hundo en la penumbra
a contracalle un auto avanza,
dentro, gritos y destellos,
a mis pies se rompe una botella
que impregna la niebla de amargura.
Como un ciego avanzo a trompicones,
faltan solo diez metros de miseria
para girar el pomo de mi puerta
y vomitar mi pena sin testigos.
Régulo Briceño
Nunca había estado aquí,
en esta esquina de la vida,
una mujer enamorada llora
y un hombre borracho se suicida.
Más allá las sombras, los susurros,
un pájaro muerto en la calzada
y una rata gris por el tejado
huyendo de la noche o en pos de ella.
Mientras yo me hundo en la penumbra
a contracalle un auto avanza,
dentro, gritos y destellos,
a mis pies se rompe una botella
que impregna la niebla de amargura.
Como un ciego avanzo a trompicones,
faltan solo diez metros de miseria
para girar el pomo de mi puerta
y vomitar mi pena sin testigos.
Régulo Briceño