Raúl Carreras
Poeta recién llegado
Despierta Castilla
con la piel helada,
cegando su vista
por la niebla opaca.
En la noche fría
durmió acurrucada
por nueve provincias
en medio de España.
Se llena la pila
que lava su cara,
del agua bendita
que baja montañas.
Se viste sencilla,
de tierra, la falda,
de hojas amarillas
la blusa estampada.
Con mil margaritas
hilvana una tiara,
teje una toquilla,
de amapolas granas.
Al cuello una pizca
de aroma a lavanda,
en su tez cetrina
por toda fragancia.
Sonrisa escondida
en boca escarchada,
y con las retinas
a punto de lágrimas.
Y son sus mejillas
campos de cebada,
y el pelo se riza
de arbustos y matas.
No lleva sortijas
ni joyas más caras,
y solo le brillan
sudor y la azada.
Sobre la cocina,
mondas de patatas,
chorizo, morcilla,
y un poco de caza.
Ya tocan a misa
las tristes campanas,
va siempre afligida
al salir de casa.
Con velo y mantilla,
la mujer callada,
si va a la cantina,
son hombres con capa.
Doliente, sombría,
la Vieja y cansada,
mi tierra baldía,
la eterna olvidada.
con la piel helada,
cegando su vista
por la niebla opaca.
En la noche fría
durmió acurrucada
por nueve provincias
en medio de España.
Se llena la pila
que lava su cara,
del agua bendita
que baja montañas.
Se viste sencilla,
de tierra, la falda,
de hojas amarillas
la blusa estampada.
Con mil margaritas
hilvana una tiara,
teje una toquilla,
de amapolas granas.
Al cuello una pizca
de aroma a lavanda,
en su tez cetrina
por toda fragancia.
Sonrisa escondida
en boca escarchada,
y con las retinas
a punto de lágrimas.
Y son sus mejillas
campos de cebada,
y el pelo se riza
de arbustos y matas.
No lleva sortijas
ni joyas más caras,
y solo le brillan
sudor y la azada.
Sobre la cocina,
mondas de patatas,
chorizo, morcilla,
y un poco de caza.
Ya tocan a misa
las tristes campanas,
va siempre afligida
al salir de casa.
Con velo y mantilla,
la mujer callada,
si va a la cantina,
son hombres con capa.
Doliente, sombría,
la Vieja y cansada,
mi tierra baldía,
la eterna olvidada.