Arturo Riquelme
Poeta adicto al portal
Detalles
La taza de café sigue tibia…
Al fondo la pantalla del televisor
sigue inmune,
por esta mañana está desconectada.
En el piso de abajo
mi vecina conversa con sus pájaros,
¡como si de sus hijos se tratara!
es lo que tiene en su soledad
acristalado en el alma.
La calle está convulsionada
de abejas peatonales,
el trafico inmenso destrozando
el oído y
los nervios,
miles de transeúntes y
parásitos terrestres.
En mi calma de los jueves,
cocino;
sazono una carne, se va al sartén,
contemplo el techo:
necesita pintura,
el piso está bien,
aguanta otro invierno.
Mis pasos hacen eco,
el sonido es perfecto,
la música de la soledad,
el vacío es tan evidente,
hacen falta más muebles.
Un par de fotografías
en blanco y negro:
serian perfectas en aquella esquina,
el sonido del aspa del ventilador,
rompe el silencio, en mi mente
los recuerdos se hacen presente,
el café ahora está frío,
enciendo el televisor...
(Hoy tengo un tiempo extra,
tengo la cartilla del mundial;
Brasil es mi Campeón)
La taza de café sigue tibia…
Al fondo la pantalla del televisor
sigue inmune,
por esta mañana está desconectada.
En el piso de abajo
mi vecina conversa con sus pájaros,
¡como si de sus hijos se tratara!
es lo que tiene en su soledad
acristalado en el alma.
La calle está convulsionada
de abejas peatonales,
el trafico inmenso destrozando
el oído y
los nervios,
miles de transeúntes y
parásitos terrestres.
En mi calma de los jueves,
cocino;
sazono una carne, se va al sartén,
contemplo el techo:
necesita pintura,
el piso está bien,
aguanta otro invierno.
Mis pasos hacen eco,
el sonido es perfecto,
la música de la soledad,
el vacío es tan evidente,
hacen falta más muebles.
Un par de fotografías
en blanco y negro:
serian perfectas en aquella esquina,
el sonido del aspa del ventilador,
rompe el silencio, en mi mente
los recuerdos se hacen presente,
el café ahora está frío,
enciendo el televisor...
(Hoy tengo un tiempo extra,
tengo la cartilla del mundial;
Brasil es mi Campeón)
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